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Putin, la Conferencia de Munich 2007 y Trump

Vladimir Putin durante su discurso  sobre 'El papel de Rusia en la política mundial', en el marco de la 43.ª Conferencia Anual sobre Política de Seguridad, (Múnich, Alemania, 10 de febrero de 2007).
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Vladimir Putin durante su discurso sobre "El papel de Rusia en la política mundial", en el marco de la 43.ª Conferencia Anual sobre Política de Seguridad, (Múnich, Alemania, 10 de febrero de 2007).

LA CRÍTICA, 30 AGOSTO 2025

Por Ricardo Martínez Isidoro
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Es muy posible que en este enredo de conversaciones de paz, en la guerra de agresión de Rusia sobre Ucrania, estemos olvidando la deriva que el Presidente Putin instauró en la navegación de su país desde la Conferencia de Múnich del año 2007.

Muchos analistas, bastantes españoles, nos han hecho ver la singladura que estaba emprendiendo Rusia de la mano de Putin, recuperando sus esencias latentes perdidas en el demoledor periodo final de la Guerra Fría, donde Estados Unidos “presumía”, en boca de sus académicos más notables de Harvard, también, de haber salido triunfantes de aquella guerra sin batallas, donde la disuasión nuclear afortunadamente evitó las sangrientas consecuencias que ahora se perciben en Europa. (...)

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El Imperio ruso histórico, remodelado en imperio comunista, con ansias siempre de extensión en beneficio de su “complejo de seguridad”, siguió el mismo patrón, esta vez con el propósito añadido de dar a sus conquistas la necesidad obligada de admitir la ideología de sus nuevos dueños, aspecto que provocó catástrofes humanitarias tan graves como el nazismo.

Cuando hemos visto al ministro de Asuntos Exteriores Lavrov asistir a la Cumbre Trump/Putin, con su camisa evocando la ex Unión Soviética, el mensaje era meridianamente claro, y el resultado de la reunión de Alaska comprensible; los rusos no quieren acabar lo que han emprendido en febrero del 2022 con el ataque a Ucrania, no quieren la paz de todos los actores implicados, quieren su paz, la paz impuesta por la fuerza.

Putin no llevaba en Alaska ningún signo de la ex URSS, como su Ministro de Exteriores, no le hacía falta, a un KGB formado en la era más vigente y exigente del comunismo, la praxis del imperio le forma para siempre, y difícilmente le cambia, sobre todo si ha tenido compañeros de viaje, en Alemania Oriental, como la Stasi; el legendario KGB controlaba todos los servicios de inteligencia de los países ocupados, “las democracias populares”; el apego a la Iglesia ortodoxa rusa es un aditamento necesario para los nuevos tiempos, como para Napoleón la religión a fin de cohesionar a los franceses, en aquellos momentos delicados.

En Múnich, en 2007, Putin lanzó el mensaje de la nueva Rusia, de la Rusia Unida, por otra parte, su partido de apoyo, de recuperación de lo perdido. Un nuevo orden internacional que terminara con la unipolaridad que ejercía Estados Unidos en el Mundo y una vuelta a la multipolaridad con aliados poderosos, en su día como China y el Sur Global, en los BRICS y por qué no en una futura reconversión del Africa francófona y anglosajona hacia un progresivo control ruso.

En este proceso, la relación Putin-Trump parece rendirle frutos al líder centroeuropeo, dado el carácter voluble y reactivo del Presidente norteamericano, capaz de ofrecer una recepción de Jefe de Estado en Alaska a un investigado por la Corte Penal Internacional para, al poco tiempo, amenazarle con unas severísimas sanciones, o animar a Zelenski a atacar duramente a Rusia. En estas condiciones de relación, con una cierta depreciación de Europa ante el norteamericano, deteriorando el vínculo transatlántico, el Presidente de Rusia no tiene más que facilidades para sus fines.

La preferencia de Trump, en aquellas elecciones norteamericanas, a la candidata demócrata norteamericana Mrs Clinton, y la posible intromisión rusa en aquellos escrutinios, siempre investigada por el FBI, manifestaban ya un acomodo meditado del jerarca ruso al nuevo pulso mundial, y al nuevo Presidente norteamericano.

En Múnich Putin dejó también muy claro que la doctrina de la ONU, una vez ensalzada, podía fácilmente ser conculcada e interpretada a su modo, anexionándose en la guerra con Georgia Abjasia y Osetia del Sur en 2008 y más tarde Crimea en 2014, sin que la comunidad internacional, incluida España, lo considerara como un grave atentado, y concesión a Rusia por la falta de reacción, contra la Seguridad Nacional y colectiva.

Igual sucedería con el concepto de “seguridad igual” que esgrimen los rusos en lo que respecta a la proximidad de la OTAN a sus fronteras, que no temen tanto a la necesidad política de los adherentes a la Organización Atlántica como a que la infraestructuras de la Alianza se sitúen en los países vecinos; de ahí que Putin no acepte, como premisa, el ingreso de Ucrania en la OTAN, y veremos si logra aceptarlo en una Unión Europea reforzada militarmente mediante la política del rearme emprendida.

En Múnich, Putin habla también de su rechazo a los sistemas de misiles antimisiles, de alguna manera coherente con la consecuencia a evitar, la carrera de armamentos, que obviamente después de su instauración por Estados Unidos emprende decididamente, como son los nuevos misiles hipersónicos, vulnerando el olvidado Tratado de Prohibición de Misiles Intermedios INF, y fragilizando la disuasión nuclear en Europa al acortar sensiblemente los tiempos de reacción occidental ante un hipotético ataque ruso.

Tampoco parece que el mandatario ruso quiera discutir y negociar nada con los europeos, ni llevar la paz en Ucrania a la otrora preferida por Rusia Organización de Seguridad y Cooperación Europea (OSCE), arguyendo que ha cambiado y es prácticamente anti rusa.

Finalmente, las relaciones con Irán, en 2007 muy neutrales, en cuanto a la proliferación nuclear persa, y alineadas con occidente, se han convertido en un “aliado” en lo que respecta a la guerra de Ucrania, proporcionando a Rusia material de guerra, en especial drones, que emplea profusamente contra Kief.

Se puede admitir pues que Putin tiene las ideas claras sobre el fin de la guerra en Ucrania, que sus condiciones iniciales son “existenciales” y permanentes, por tanto, y probablemente inamovibles si la situación económica y social se mantiene, pues la militar, táctica y estratégica, le son lentamente favorables, y el tiempo no es un factor en contra de la Federación Rusa, sí para Ucrania y para el “candidato” al Premio Nobel de la Paz.

Ricardo Martínez Isidoro
General de División r
Agosto 2025


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