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LA ESPAÑA INCONTESTABLE

La última reina visigoda y primera dama de Al Ándalus

Egilona, la última reina visigoda.
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Egilona, la última reina visigoda.

LA CRÍTICA, 29 MAYO 2022

Por Íñigo Castellano Barón
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En el año 417 de nuestra era cristiana, salía de España rumbo a Roma, Élia Gala Placidia, la primera reina que fuera de la Hispania visigoda y por tanto la primera reina de la región ibérica, (hija del emperador Teodosio el Grande, esposa del emperador Constancio y medio hermana del emperador Honorio), para establecerse en la ciudad imperial, casarse de nuevo y con el tiempo convertirse en regente del Imperio romano de Occidente. (ver la primera reina de España… en esta misma sección de la España Incontestable).

Poco más de trescientos años después, una reina de nombre Egilona o Égilo, (...)

... de noble linaje aunque de incierta procedencia respecto a su origen germano o vascón, reinaba en aquella Hispania visigoda. Quiso el destino que fuera a ser la última de aquel reino, y que las circunstancias que concurrieron en su vida tuvieran una fuerte similitud respecto a la primera reina Gala Placidia. Egilona, la última reina, vivió como Gala Placidia, entre dos mundos muy diferenciados, y sufrió como la última, múltiples avatares pese a la más alta posición que ocuparon. Dos mundos en los dos casos, provenientes de distintas culturas, razas, religión y costumbres que marcaron sus vidas de manera determinante y llenas de penalidades.


Era el año 711 de nuestra era cristiana cuando el moro Musa ibn Nusair más popularmente conocido como Muza, apoyado por algunos nobles visigodos como el conde don Julián y el obispo de Sevilla, Oppas, concertaron y fraguaron la invasión musulmana de la España visigoda, bajo los auspicios del califato de Damasco que lo representaba la dinastía de los Omeya. Reinaba entonces en Hispania, tras agrios y violentos enfrentamientos con el pretendiente al trono visigodo tras la muerte de Witiza, el rey don Rodrigo, antes duque de la Betica, que supo hacerse con el trono con la aprobación del Aula Regia, aunque no todos ellos estuvieran conformes con su elección debido a las dudas que pesaban sobre la muerte de Witiza, y en consecuencia, los descendientes de éste recelaron de la legitimidad del nuevo soberano. Llevaba unos pocos años casado con la noble Egilona, que según las crónicas era de pelo castaño y de hermosa figura a la que acompañaba su natural inteligencia y sagacidad y capacidad de decisión ante situaciones complejas. Egilona vivió en la corte visigoda de Toledo rodeada de sus damas y de los más aguerridos guerreros visigodos, siempre belicosos y recelosos. Su marido don Rodrigo tenía como espatario a otro joven guerrero y noble astur de nombre Pelayo. Nadie podía imaginar que el destino de Hispania cambiaría en pocos meses tras una invasión que no fue especialmente cruenta al menos en sus inicios, y que la reconquista de las tierras hispanas invadidas habría de durar setecientos largos años con la conquista de Granada por los Reyes Católicos.


La felicidad de Egilona se vio interrumpida con la entrada de los sarracenos en España. Fue depuesta de su trono y su marido muerto en la batalla de Guadalete sin haber tenido como hubiera sido su deseo un hijo de don Rodrigo. Abandonada por muchos de los nobles del reino para convertirse en tributarios y siervos de los nuevos dueños del Islam a los que llamaban mozárabes o bien, apostatando de su fe católica para convertirse al nuevo credo, y a los que denominaron muladís. Sin grandes batallas en poco más de un año los islamitas se habían hecho con casi todo el territorio peninsular. En medio del caos y huida de cuantos cristianos quisieron y pudieron refugiarse en la cornisa cántabra, la situación de Egilona quedó en medio de la nada, como en un determinado momento ocurriese a la primera reina de Hispania, Gala Placidia. Cristiana convencida, Egilona nunca quiso renunciar a sus postulados religiosos. Sin embargo la fuerza del destino o probablemente el amor, sirvió para que Abd-al-Azid el hijo de Muza quien había sido desterrado por el califa omeya, sucediéndole como gobernador general o walí en el nuevo territorio al que se llamó Al-Ándalus, se enamorase de Egilona y contrajese matrimonio coránico con la ya viuda y ex reina de los visigodos. Pudo no solo ser el amor lo que al nuevo gobernador le atrajese de la ex reina, pues el linaje al que pertenecía ésta, además de haber sido la reina del pueblo visigodo ayudaba a estrechar más los vínculos entre los vencedores y vencidos, como igualmente para el supuesto de que hubiera hijos, reforzaría la legitimación dinástica del califa omeya mediante Egilona convertida en un instrumento por su posición y linaje.


Egilona gobernó junto a su esposo abd al-Azid con el que tuvo dos hijos que emparentarían con la poderosa dinastía que se formaría tras apostatar de su fe, el conde Cassius, de quien descendería el poderoso clan de los Banu Qasi que a su vez emparentarían con la familia Arista que dio el primer rey a Pamplona. La vida de Egilona fue confusa en cuanto que su vida en el palacio toledano vivía rodeada de sus nobles damas cristianas, mientras que cuando lo hacía en el alcázar cordobés que su marido mandó construir, vivía bajo las costumbres musulmanas, lo que despertaba recelos por la ambigüedad de sus comportamientos. Sin embrago ella fue siempre decididamente cristiana, al punto de querer convertir al credo cristiano a su propio esposo que se resistía hacerlo aunque se inició en costumbres y modos que provocó los recelos de su corte como de su harén. Llegado un momento, Abal-Azid fue degollado cuando oraba en la mezquita y Egilona confinada con gran penuria en un medio derruido cenobio de por vida de donde escaparía tras grandes vicisitudes. Fue humillada como reina de Hispania y como esposa del walí del Al-Ándalus, tanto por cristianos como por los sarracenos o bereberes, tal como le sucediera a la primera reina de Hispania, Gala Placidia que hubo de soportar crueles vejaciones por parte de los godos. Vivió como aquélla entre dos conceptos claramente diferenciados por sus religiones y comportamientos.


Ambas fueron de alguna manera seducidas y llevadas al poder por sus posiciones dinásticas. Ambas hubieron de vivir en permanente confrontación con su propia identidad. Gala Placidia cambió su vida romana del aquel decadente Imperio a la más ruda de la Hispania germano-visigoda para de nuevo retornar para vivir los últimos tiempos más amargos y finales de su decadencia. A Egilona le tocó en suerte pasar de la vida visigoda a la musulmana tan contraria en ideas y conceptos, como también asistir a la decadencia y casi total extinción del reino visigodo. Los tiempos de adaptación a ambas situaciones no estuvieron exentos de humillaciones para ninguna de ellas. Las dos quedaron por dos veces viudas tras fallecer sus esposos por asesinato o en el campo de batalla, aunque al tiempo supieron manejar los hilos de una compleja madeja de intereses y ambiciones que les reportarían tiempos de felicidad y poder.


El paralelismo entre la primera reina visigoda y la última es históricamente curioso y humanamente sorprendente, pues lo cierto es que ambas eran hispanas, pues hay que recordar que Teodosio I el Grande, padre de Gala Placidia, nació en Hispania en la localidad segoviana de Coca, aunque ella naciese en Constantinopla, y Egilona en algún lugar de la cornisa cántabra. Sobre sus vidas hay realidades y leyendas que siempre se forjan cuando los personajes alcanzan una gran relevancia al sobrepasar la normalidad de las vidas para alcanzar situaciones excepcionales. Quedémonos como incuestionable que Egilona fue la última reina de Hispania y la primera gobernadora del Al-Ándalus, como Gala Placidia fue la primera reina igualmente de Hispania y emperatriz consorte y luego regente del Imperio romano de Occidente durante la minoría de edad de su hijo el futuro emperador Valentiniano III.


Dos mujeres que han quedado en el acervo cultural del Mundo Clásico y de los llamados Tiempos Tardíos


IÑIGO CASTELLANO BARÓN


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