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San Pío X: frente a “La herejía de todas las herejías”

San Pío X. (Foto: https://alfayomega.es/21-de-agosto-san-pio-x-papa/).
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San Pío X. (Foto: https://alfayomega.es/21-de-agosto-san-pio-x-papa/).

LA CRÍTICA, 17 SEPTIEMBRE 2023

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Pío X es el primer Papa proclamado santo por la Iglesia después de San Pío V, muerto en 1572. Pues bien, desde el punto de vista histórico, existe cierto paralelismo entre la situación que tuvo que vivir Pío X y la que estamos viviendo en Occidente. Quizá sea en torno a un millar de personas las que tienen casi todo el poder en Occidente, y están procurando erradicar la religión, cualquier religión, pero especialmente la cristiana y dentro de la cristiana, la católica. A lo sumo se admite la existencia de un Ser Superior terráqueo, que no trasciende la Tierra o el universo material, esto es, una forma de panteísmo en el que dios solo pertenece a este mundo. (...)

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En efecto, la encíclica Pascendi de Pío X denuncia y sintetiza los fundamentos de la herejía modernista, del modernismo, la consagración de la filosofía de la inmanencia, en la que el hombre es el principio de toda verdad: lo que el hombre no puede controlar, manipular o experimentar, no existe. Por tanto, es casi irracional creer en Dios, admitir esa existencia. La religión es un sentimiento, el que el hombre tiene de su relación con el Universo, es todo inmanente, donde el hombre habita, al que el hombre pertenece, y al que llama Dios, pero que únicamente corresponde a la evolución del espíritu colectivo de la humanidad, en el que no existe nada trascendente a él ni a ese universo. Las diferentes religiones son manifestaciones diversas de ese común sentimiento del género humano en el que no existe nada sobrenatural. En consecuencia, la creencia religiosa va modificándose, dado que es un sentimiento y este va cambiando, por lo que si la Iglesia no cambia, no modifica sus dogmas, no corresponderá al sentimiento religioso de la humanidad presente, sino al sentimiento ya inservible de una humanidad periclitada. En resumen, el modernismo suprime el carácter sobrenatural de la Iglesia «no desde fuera, sino desde dentro… en sus mismas entrañas». Un error como este no afecta a una verdad de la Fe, sino a la totalidad de la Fe que profesa la Iglesia católica. Es la herejía de todas las herejías.


En el momento presente y como ejemplo representativo, se reproduce uno de los párrafos de la entrevista que Javier Navascués realizó al P. Antonio Gómez Mir, que publicó catholic.net y que titula: “Modernismo, compendio de todas las herejías”. Y concreta: “La gravedad del error dogmático del modernismo está toda ella en su principio fundamental. Es un cambio radical de la noción misma de «verdad», de «religión» y de «revelación»: la esencia de este cambio está en la aceptación incondicionada del «principio de inmanencia» que funciona como fundamento del pensamiento moderno. Abandona la verdad cristiana a la contingencia de la cultura humana y de la experiencia subjetiva”.


Se dice que existe cierto paralelismo, porque a finales del siglo XIX y principios de XX, la concepción, vivencia y práctica de la familia era bastante distinta y tampoco existían, a los efectos de la difusión de las ideas, la casi desaparición del analfabetismo, los conocimientos del cerebro, del genoma humano, de las técnicas de persuasión, de dominio de la mente, de la publicidad, de la propaganda, ni los medios de comunicación de ahora: las nuevas tecnologías, especialmente la inteligencia artificial, ni internet, ni la televisión, ni el teléfono móvil, ni los ordenadores, ni las redes sociales, que entre otras cosas, han modificado, la comunicación humana, los sistemas políticos y varias prácticas sociales.


En aquel entonces, y con objeto de frenar la casi imparable difusión del modernismo, que ya había invadido una parte de la Iglesia, Pío X adoptó una solución por la que algunos historiadores y eclesiásticos le siguen criticando, considerándola desproporcionada. Así, Pío X, el 1 de septiembre de 1910, publicó el Motu proprio “Sacrosantum Antititum”, por el que obligaba a todos los sacerdotes y a todos los que se dedicaban a la enseñanza de la doctrina católica, al juramento antimodernista.


¿Cuál era la personalidad y la preparación de Pío X para exponer, con tanta claridad y tan acertadamente, los errores del modernismo y establecer una obligación tan polémica como el juramento antimodernista?


Giuseppe Sarto, el futuro Pío X, nació el 2 de junio de 1835, en la aldea de Riese. Fue el segundo de los diez hijos que tuvo el matrimonio de Giovanni Battista Sarto, cartero de profesión, y Margarita Sansoni, costurera, pero como el hijo mayor murió a los pocos días de nacer, a Giuseppe se le consideró, de hecho, el hijo primogénito y el mayor de sus hermanos y hermanas.


Giuseppe era un adolescente fuerte, bien parecido y sobre todo, con una inteligencia superior que propició que le ayudaran en sus estudios orientados a su vocación sacerdotal, al punto que obtuvo una dispensa especial para su ordenación como sacerdote a los 23 años. Ejerció ejemplarmente como presbítero, posteriormente fue obispo de Mantua y luego patriarca de Venecia. El año 1903 fue elegido papa. Adoptó como lema de su pontificado: «Instaurare omnia in Christo», y para restaurar todas las cosas en Cristo trabajó intensamente con sencillez, pobreza y fortaleza.


A pesar de que dedicó una actividad exhaustiva –era un trabajador infatigable–, a la catequesis y que dedicó, diariamente, muchas horas a confesar, seguía sacando tiempo, robándole horas al sueño, para seguir estudiando. De ahí su espléndida formación intelectual y doctrinal, que le permitió publicar el primer Código de Derecho Canónico de la historia de la Iglesia y así mismo, crear una comisión correctora y revisora del texto Vulgata de la Biblia.


Tras un largo estudio, recomendó la frecuencia eucarística y si era posible, la comunión diaria. Adelantó la edad de la primera comunión, que en nuestro tiempo se considera que se llega a la misma entre los seis y los ocho años. Debe manifestarse que hasta entonces los fieles católicos comulgaban en poquísimas ocasiones, puesto que hacerlo con más frecuencia, salvo excepciones, se consideraba como una rechazable falta de respeto a la Eucaristía.


Es lo cierto que nuestro santo ha podido pasar a la historia por éstos y otros hechos, pero es igualmente cierto, que la comunión frecuente se ha aceptado ya sin problemas y además se aconseja; que se ha publicado un nuevo Codex en 1983, etcétera, por lo que históricamente su presencia en la historia es, sobre todo, por su lucha frente al modernismo, que sigue tan actual.


Con relación a su muerte existe una relación respecto al comienzo de la Gran Guerra o la Primera Guerra Mundial.


El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco de Austria y su esposa fueron asesinados en Sarajevo. El 4 de agosto, Alemania, Francia, Austria, Rusia, Gran Bretaña, Serbia y Bélgica estaban en guerra. Pío X había vaticinado que esta guerra estallaría durante el verano de 1914 y para Pío X, el cumplimiento de su vaticinio fue un golpe de muerte: “Esta será la última aflicción que me mande el Señor. Con gusto daría mi vida para salvar a mis pobres hijos de esta terrible calamidad”. En efecto, a los pocos días, el 20 de agosto, murió de pena a causa de la Guerra, dejando escrito en su testamento: “Nací pobre, he vivido en la pobreza y quiero morir pobre”, y según escriben Santiago Pereiro y Ramón García de Haro, en la voz, Pío X, de la GER: “Demostró la verdad de aquellas palabras: su pobreza era tanta que hasta la prensa anticlerical quedó admirada”. Y por su parte, tras su funeral, Mons. Cascioli, escribió: “No tengo la menor duda de que este rincón de la cripta se convertirá, muy pronto, en un santuario, un centro de peregrinación. Dios glorificará ante el mundo a este Papa cuya triple corona fue la pobreza, la humildad y la bondad”. Y, de hecho, la petición de la declaración de santidad de Giuseppe Sarto, el papa Pío X, fue general. Así, Pío XII, tras el correspondiente y exigente proceso, lo beatificó el 3 de junio de 1951 y el mismo Papa lo canonizó el 30 de mayo de 1954. Su fiesta se celebra el 21 de agosto.


Termino con la reproducción de tres párrafos, de tres de sus hagiógrafos, que me parece que expresan, con acierto, la vida, la obra, la personalidad, manera de ser, espiritualidad y santidad, de San Pío X.


Carlos Pujol escribe: “Los papas del mundo moderno, sometidos a la luz y a la crítica abierta, aparecen con su inextricable amalgama de virtudes y limitaciones, les conocemos tan bien que su lado humano oscurece los aspectos espirituales de su figura. Ser Vicediós en estas condiciones es muy difícil, y sin duda Pío X tuvo errores, porque no hay hombre de gobierno intachable. Se le ha acusado de ser demasiado rígido en la doctrina, aunque según otros solo cumplió dolorosamente con su deber. Los momentos de crisis no son para blanduras, y, acertado o no en sus métodos, Pío X hizo siempre honor a su apelativo de “el Papa de lo sobrenatural” y tuvo prioridades muy claras que son de santo: ‘El mal existe, pero antes de combatirlo en los demás tenemos que destruirlo en nosotros mismos’”. (Carlos Pujol, La Casa de los Santos, Ediciones RIALP, 1989, p. 282).


Baron von Pastor, historiador del Papa Pio X, destaca otro aspecto del santo: “Era uno de esos hombres elegidos, de los que hay pocos, con una personalidad irresistible. Todos tenían que sentirse conmovidos por su absoluta sencillez y su bondad angelical. Sin embargo, era algo más lo que le hacía entrar en todos los corazones; ese “algo” se puede definir mejor al observar que todo aquél que fue admitido a su presencia salió con la profunda convicción de haber estado frente a un santo. Y, entre más se sabe sobre él, mayor fuerza adquiere esta convicción”. (“San Pío X, papa” (eltestigofiel.org).


Finalmente, José Luis Repetto, escribe: “San Pío X es una gran figura de la Iglesia del siglo XX, una figura ciertamente controvertida. Por un lado, es indudable su celo religioso, su dedicación absoluta al bien de las almas y de la humanidad, su celo por las reformas necesarias dentro de la comunidad cristiana. Y, por otro lado, algunas de las medidas que tomó como Papa han sido fuertemente consideradas excesivamente duras por la opinión de los hombres de su tiempo y de los posteriores historiadores. Pero su santidad personal está fuera de duda, ya que como persona fue de tal sencillez y bondad que no puede caber duda de que todo cuanto hizo fue desde una conciencia cierta de estar cumpliendo con su deber. A su bondad y dulzura natural se unía una indómita fortaleza de alma”. (José Luis Repetto Betes, Nuevo Año Cristiano –director: José A. Martínez Puche– EDIBESA, 2001. p. 499).

Pilar Riestra


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