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DESPUÉS DE ORLANDO: El "pato muerto" y las elecciones americanas

Obama, durante su discurso tras el atentado de Orlando
Obama, durante su discurso tras el atentado de Orlando

Lunes, 13 Junio 2016

Por Manuel Pastor Martínez
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El reciente atentado terrorista en Orlando (Florida) y la incapacidad por parte de Obama de calificarlo islamista o yijadista, simbolizan perfectamente la patética impotencia de un presidente que inició su mandato con el eslogan “Sí, Podemos”.

Obama, más que un “lame duck” se ha convertido en un “dead duck”, en un peso muerto para su partido y su candidata oficial, Hillary Clinton, quien por cierto también ha sido incapaz de librarse de la Corrección Política a la hora de calificar el suceso de Orlando.

Por supuesto, siempre hay en el mundo progresista español alguien que supera a todos en estupidez y cursilería políticamente correcta: Alberto Garzón ha culpado de la masacre al “heteropatriarcado”, y Pablo Iglesias, asesorado por sus amigos iraníes, nos ofrecerá otra delirante explicación. Tampoco me sorprendería que Podemos, rizando el rizo tras consultar a otros aliados no precisamente islamistas, se manifestara contra “la homofobia, etapa superior del imperialismo capitalista”.

Volviendo a las elecciones en Estados Unidos, ahora resulta más obvio que Obama es un “pato muerto” inservible para la campaña de su partido. Gracias al papanatismo obamita que padecemos en España, García-Margallo y el PP van a intentar sacar un dudoso beneficio de su próxima visita a nuestro país. No deja de ser lamentable que, para la Historia de esta fallida administración demócrata, los tres últimos viajes del presidente caducado sean Cuba, Vietnam y España. La desastrosa “Primavera Árabe” (con el absurdo discurso de El Cairo en el que Obama hacía exhibición de su ignorancia sobre la Historia de España con referencias surrealistas a Córdoba y a la Inquisición), con el colofón de Bengasi y el nacimiento de ISIS, es el legado de de su presidencia con la “ministra” de política exterior Hillary Clinton.

Comprendemos que para la actual candidata demócrata (siendo investigada por el FBI y la Justicia por sus mentiras y presunta responsabilidad, como secretaria de Estado, en el asunto de Bengasi, y por haber recibido donaciones ilegales de Arabia saudí y los emiratos para la Fundación Clinton) no resulta fácil denunciar al terrorismo islamista. Mención aparte del escándalo de los e-mails, donde parece que también puede ser imputada su protegida y ayudante principal Huma Abedin, vinculada familiarmente (padre, madre y hermano) a los Hermanos Musulmanes.

Ante los debates que se avecinan, conviene precisar algunos conceptos:

  1. El respeto a la religión islámica no exige reprimir la crítica al terrorismo islamista. Los musulmanes de todo el mundo y de todas las sectas –sunnitas o chiítas– deberían condenar enérgicamente el terrorismo islamista o yijadista (que ha causado ya casi 29.000 víctimas solo desde el 11 de septiembre de 2001).
  2. El terrorista de Orlando no era probablemente un “homófobo” por naturaleza, sino por inducción cultural-política del islamismo radical. El ISIS lo ha declarado “soldado del Califato”, legitimando la masacre. Evidentemente no tenía que ser religioso, sino un fanático político islamista.
  3. Las armas no son el problema, sino quien las usa criminalmente. La discoteca de Orlando es una de tantas “zonas libre de armas”. Si algunos presentes hubieran tenido legalmente armas y ejercido su derecho de autodefensa, probablemente el terrorista no habría matado a medio centenar de personas desarmadas y herido a más.
  4. Donald Trump, candidato republicano a punto de ser “nominado” en la Convención de Cleveland (Ohio) en Julio, cuyo estilo no siempre es de mi gusto y no comparto algunas cosas de su programa, tiene razón en apuntar a la INMIGRACIÓN ILEGAL y a los ISLAMISTAS RADICALES, como un problema para la seguridad nacional en los Estados Unidos. Decir lo contrario, por motivos de corrección política, es falso, hipócrita y altamente peligroso. En España, a la ignorancia habitual sobre la historia y la política de los Estados Unidos hay que añadir la deshonestidad de algunos periodistas y políticos.
  5. Como acaba de escribir Michael Brown en una columna ejemplar (Brown perdió a un familiar en las Torres Gemelas el 11-09-2001 y a otro que trabajaba en una institución caritativa de un país árabe, durante otro ataque terrorista), hay que tomarse el terrorismo islamista más seriamente, sin condenar a todos los islámicos: “This is a time for mourning and pain. May God have mercy on America. We are a broken nation in need of massive restoration and repair” (Townhall, June 13, 206).
Amén. Solo quiero añadir: Tenga Dios piedad de nuestra civilización occidental. Somos naciones rotas necesitadas de una reparación y restauración masivas.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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