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AUDITORAS: La zorra en el gallinero

Deloitte, una de las cuatro auditoras que controlan el mercado mundial, enredada en el caso Bankia
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Deloitte, una de las cuatro auditoras que controlan el mercado mundial, enredada en el caso Bankia

Martes, 14 Junio 2016

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Han pasado cuatro años desde el anuncio por parte del gobierno de España de realizar auditorías externas a los elementos que conforman el sistema financiero español. Difuminados sus resultados en el tiempo y absorbidos por el trajín diario sin que la opinión pública sea consciente siquiera de si tales auditorías fueron realizadas, me interesa traer aquí la reflexión sobre el asunto que entonces escribí y que fue publicada en un medio de difusión nacional. Creo que asuntos de actualidad como el de la relación Bankia-Deloitte así lo exigen,

"Parece ser que las cuentas de nuestro sistema financiero las están poniendo en claro unas cuantas compañías auditoras, contratadas para tal fin por el Gobierno español, y de ello depende que algunas entidades vayan directamente al infierno, otras al purgatorio y las más –vaya usted a saber– al cielo. Y a mí me surgen algunas preguntas.

¿Por qué se recurre en esta auditoría de auditorías a las mismas compañías que, año tras año y durante décadas, vienen certificando las cuentas de nuestro sistema financiero y que ahora se suponen erróneas y disparatadas?

¿Por qué, en lugar de esta inexplicable acción, no se exigen responsabilidades a las dichas compañías auditoras de forma ejemplar, como ocurrió en Estados Unidos con Arthur Andersen –una de las grandes– tras sus falsedades en el caso Enron y que implicó su desaparición en todo el mundo?

¿Por qué no se hace pública la relación nominal de las entidades financieras con las compañías que las han auditado en los últimos cinco años, por ejemplo?

¿Por qué en la relación anterior no se añade una columna que nos indique la facturación por otros servicios de las compañías auditoras a las entidades auditadas?

A lo largo de los últimos veinte años una serie de fusiones estratégicas han concentrado en solamente cuatro compañías el poder auditor a escala mundial. Un ejército que tiende ¡al millón! de efectivos y controlado desde cuatro despachos: PwC (PricewaterhouseCoopers), Deloitte (Deloitte Touche Tohmatsu Limited), Ernst & Young y KPMG (Klynveld Main Goerdeler y Peat Marwick International) son sus estrambóticos nombres, que arrastran consigo algunos restos de los procesos de fusión, olvidando otros como Haskins & Sells (fusionados), Artur Andersen (cobijados) y algunos más.

Este poder auditor de las cuatro grandes, que en la Unión Europea controla el 85 % del mercado, no se limita al ámbito de las entidades financieras sino que abarca todos los sectores de la Economía con mayúsculas: del aeroespacial al automovilístico, de la energía a las telecomunicaciones, de la construcción a los medios de comunicación, el turismo, la alimentación, etc… Absolutamente todos, incluido el sector público. ¡Los gobiernos! Imagínense: en un lado el dadivador y en el otro…

En su quehacer histórico-contable apareció lo que sería una sobrevenida gallina de los huevos de oro, y que tímidamente fue incrementando su volumen de negocio y sus cuentas de resultados: la consultoría u otros servicios. Pasaron del dictamen de cómo se están haciendo las cosas, a proponer a sus clientes cómo deberían hacerse y a hacerlas. Cuando la cosa creció y la independencia de criterio en los dictámenes de auditoría estaba más que en tela de juicio por estas compensaciones no abandonaron el asunto, sino que separaron las actividades formalmente, dando lugar a un gigantesco conglomerado de empresas de servicios y a pleno rendimiento.

Cuando ahora el Banco de España y la Comisión Europea reclaman la rotación forzada de las auditoras en un mismo cliente para lavar la cara y la imagen de lo que es un claro conflicto de intereses, conviene recordar que hace más de veinte años que esa cuestión está sobre la mesa sin que haya salido adelante. Ni siquiera los escándalos financieros más sonados, tras los cuales han estado siempre las auditoras, han sido capaces de desmontar este baile de salón, en el que un apunte en una u otra partida del balance de un banco o de una caja o de una constructora puede hacer de los mismos la empresa más rentable o el agujero más negro, con cárcel incluida para el gestor de turno.

Como no es momento éste ni lugar para enredar con los conceptos, les diré lo que yo pienso: nunca se sabrá la verdad –la verdad de la buena– de lo que está pasando en la mayoría de las entidades financieras. Salvo excepciones, que las habrá porque un muerto además huele, lo que veremos serán aproximaciones numéricas decididas por alguien a quien no conocemos, por indicación de otro alguien al que tampoco conocemos –o sí–, según convenga a intereses imposibles de precisar ni por usted ni por mí.

Y a esos números se llegará, como es lógico, del mismo modo que se resuelven estas cosas en el inframundo de los autónomos y pequeños empresarios –carne de gestoría, que no de auditora–: de arriba abajo y no al revés, que es como debería ser y piensan que es las tropas del poder auditor, tan preparadas y energizadas a base de coaching, pero que no se enteran.

Pero eso sí, todos tan contentos porque al fin nuestro sistema financiero será creíble y transparente y la prima de riesgo bajará sensiblemente, que es de lo que se trata. Y durante algún tiempo, los altos ejecutivos de las auditoras y de las entidades auditadas podrán volver a jugar al golf en el Club de Campo sin tanto sobresalto y fuera de las portadas de los periódicos, tan molestas ellas."
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