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SAN ISIDORO

Descubrimiento y traslado del cuerpo incorrupto de San Isidoro. (Lienzo del monasterio de San Isidoro del Campo, Santiponce, Sevilla.)
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Descubrimiento y traslado del cuerpo incorrupto de San Isidoro. (Lienzo del monasterio de San Isidoro del Campo, Santiponce, Sevilla.)
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Según una leyenda, San Isidoro (nacido hacia el 556 y muerto en 636) ayudó a Fernando l en la conquista de Baeza, por lo que éste comisionó a los obispos Alvito de León y Ordoño de Astorga para obtener los restos de San Isidoro...

A los leoneses tienen que agradecerles el resto de los españoles, así como los historiadores del arte y los miles y miles de turistas, la magnífica –por fuera y por dentro– Real Colegiata Basílica de San Isidoro de León. Según una leyenda, San Isidoro (nacido hacia el 556 y muerto en 636) ayudó a Fernando l en la conquista de Baeza, por lo que éste comisionó a los obispos Alvito de León y Ordoño de Astorga para obtener los restos de San Isidoro. Pero, al llegar a Sevilla, el rey de la taifa, Al-Mutamid, tributario del monarca leonés, les comunicó que se desconocía el paradero de las reliquias del santo. Por fortuna, aquella misma noche, mientras dormía, al obispo Alvito de León, se le reveló en el sueño donde estaban las reliquias de San Isidoro, por lo que se pudieron encontrar y llevar a León. Corría el año de 1063.

Además, se conserva en el Museo de la Real Colegiata de San Isidoro el pendón que lleva su nombre, con representaciones heráldicas de Castilla y León, considerado Reliquia Nacional y al que se ha concedido los honores de Capitán General perpetuo en la persona de Jefe del Estado Español, Juan Carlos l.

Joaquín Herrera Carranza, en EL PENSAMIENTO DE SAN ISIDORO DE SEVILLA Y SU INFLUENCIA HISTÓRICA A TRAVÉS DE AUTORES DEL SIGLO XX, escribe: “En el inicio del presente siglo, año 2002, se publicó una extensa obra, escrita por un colectivo de especialistas, San Isidoro Doctor Hispaniae (título otorgador por Alcuino de York), en la que se analiza minuciosamente el universo de San Isidoro.” En efecto, no hay que olvidar la obra de San Isidoro titulada, Laus Spaniae. Así, San Isidoro es el doctor de toda España y de toda Europa, a lo largo del siglo Vll y hasta finales del Renacimiento, dada la frecuente e ininterrumpida lectura de sus obras durante estos siglos. De hecho, Dante en su universal DIVINA COMEDIA, contempla especialmente resplandeciente a San Isidoro en el Paraíso: “Tanto relumbraban algunas leves centellas pero no más que del ardente spiro d'Isdioro.”

Menos de 20 años más tarde de su fallecimiento, en 636, el Vlll Concilio de Toledo (653) le rendía a San Isidoro este homenaje: “El doctor egregio de nuestro siglo, la gloria de la Iglesia católica, el postrero en comparación con ellos, pero no el último en sabiduría sino el más docto de los últimos siglos y que ha de ser nominado con reverencia, Isidoro…”

San Isidoro no fue original, pero sí un estudioso que abarcó todos los temas de su tiempo que compiló y recopiló. Escribió de historia, astronomía, geografía, liturgia, biografías, teología, eclesiología, exégesis del Antiguo y del Nuevo Testamento, literatura, arte, derecho, ciencias naturales y, sobre todo, su monumental ETIMOLOGÍAS, dividida en veinte libros, que se leyó durante siglos en toda Europa, a través de sus 10 ediciones. LAS ETIMOLOGÍAS recoge todo el ámbito del saber de su época y refleja la evolución del conocimiento desde la antigüedad pagana y cristiana hasta el siglo Vll. Ello ha permitido, por ejemplo, tener noticia detallada de la ingente obra enciclopédica del romano Varrón, hoy perdida, consiguiendo que se conservara la cultura clásica grecolatina y su difusión no sólo en la España visigoda sino en toda Europa hasta nuestros días.

A San Isidoro le han considerado algunos el último Padre de la Iglesia. Ser Padre de la Iglesia en la Iglesia católica no es fácil, porque a la sabiduría y ortodoxia de su doctrina debe unirse la santidad. De hecho, San Isidoro, escribió obras doctrinales y espirituales transidas de devoción y piedad, así como una regla para sus monjes que incluía el estudio intenso y el trabajo manual necesario para la supervivencia y que, además, posibilitara la limosna a los pobres.