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LA ESPAÑA INCONTESTABLE

Una niña especial en tiempos de Blas de Lezo

La niña María Sabina en el cómic LEZO, del guionista Ángel Miranda y el dibujante Guillermo Mogorrón.
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La niña María Sabina en el cómic LEZO, del guionista Ángel Miranda y el dibujante Guillermo Mogorrón.

LA CRÍTICA, 24 OCTUBRE 2021

Por Hugo Vázquez Bravo
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En plena pandemia vio la luz Lezo, uno de los cómics más esperados por los lectores. Si por entonces las reuniones familiares estaban prohibidas, cuánto más las presentaciones de libros y, aun así, esta publicación batió el record de recaudación en España a través del llamado micromecenazgo, y hasta obtuvo el primer premio otorgado por el público en el salón del cómic de Barcelona, (...)

... constituyendo un éxito sin precedentes en este género. Parte del secreto de esta iniciativa capitaneada por el guionista Ángel Miranda, con Guillermo Mogorrón como dibujante, que ha trabajado para las factorías Disney y Marvel, y con Miguel Ángel Abad como colorista, que había participado en la película Klaus, nominada en los Óscar de Hollywood, radicó en el magnífico trabajo de documentación de Ramón Vega Piniella, quien estima que no es posible llevar la historia que sea a imágenes, sin haber estudiado cada aspecto de la vida y el contexto de los personajes que van a aparecer en ellas, incluidas fauna y flora. Como prueba, presentaré una de las investigaciones que éste ha realizado, y a la cual se hará un guiño en el que será el segundo y último tomo, que ya está en marcha y esperamos verlo pronto.

En la ciudad de Cartagena de Indias, en el año 1738, el jesuita José Gumilla, según su propio testimonio, visitó la enfermería de una plantación que se había construido aneja al colegio de la Compañía de Jesús que estaba a su cargo. En dichas estancias encontró a una mujer negra, y el motivo de su desvelo era el aspecto de la hija que ésta había tenido hacía unos meses pues, siendo de raza negra, como sus padres, había partes de su cuerpo que eran completamente blancas. Utilizando las palabras del religioso:

«Toda la niña desde la coronilla de la cabeza hasta los pies está tan jaspeada de blanco y negro, con tan arreglada proporción en la varia mixtura de entrambos colores, como si el arte hubiera gobernado el compás para la simetría, y el pincel para el dibuxo y colorido».

Tal fue su admiración por lo que él mismo definió como un “juguete de la naturaleza”, que durante unos cinco años siguió visitando a aquella cría tan especial y, pasado ese tiempo, compuso este relato, que completó con una detallada descripción.

Hay culturas en las que cualquier anomalía condena a la persona que la padece al ostracismo o a una muerte temprana, a causa de la falta de comprensión y los temores infundados que despiertan en los demás. Pero, en este caso, aquella niña de nombre María Sabina se convirtió en toda una celebridad, y era común que aquéllos que se acercaban a su casa a contemplarla, agasajasen con regalos tanto a ella como a su madre.

No obstante, lo que llevaba a las gentes a querer verla no era mera curiosidad. Por entonces, cuando se sabía tan poco sobre el milagro de la vida y ni tan siquiera habían oído hablar de la genética, había una teoría por la que se explicaban las alteraciones en los recién nacidos, conocida como de la “Imaginación”; siendo sus seguidores los “imaginacionistas”. Éstos sostenían, en esencia, que cualquier impresión lo suficientemente impactante en una madre gestante, podría trasladar al feto deformidades o irregularidades fácilmente relacionables con tal suceso. Pues bien, quiso la casualidad justamente, que los citados padres tuviesen como mascota un perro blanco y negro y, un buen día, el propio José Gumilla documentó cómo los patrones del can se correspondían punto por punto en el cuerpecillo de la cría, lo cual podía ser tomado como prueba irrefutable del enunciado de la citada ley, a falta de otra explicación. La noticia se propagó por todo occidente, se le practicaron varios retratos e, incluso, alguno de ellos fue requerido en Londres para engrosar la colección del Hunterian Museum.

Sobre este asunto pronto se desarrolló un debate que incluyó a las mentes más preclaras, logrando refutar para siempre tanto el análisis del jesuita, como la misma “Teoría de la Imaginación”. Entre éstos, el personaje más destacado fue el padre Feijoo, una de las figuras más importantes de la Ilustración española, y autor del discurso Defensa de mujeres, primera obra y referente también del feminismo español. Su análisis de esta cuestión en particular fue compuesto ya no en contra de los “imaginacionistas”, sino del doctor inglés Jacobo Blondel, quien bajo su criterio no había sido lo suficientemente rotundo frente a los anteriores.

Aun así, la disertación del benedictino posee un calado mucho más profundo, pues al citar el caso del aristócrata don Francisco de Ahumada y Fajardo, que de padres blancos había nacido negro, o del “color Ethiopico”, como se decía entonces, también eliminaba las barreras para poder considerar a ninguna raza superior a la otra. Se decía de aquél que: «la madre, al tiempo de la concepción, había fijado con vehemencia la imaginativa en una pintura de los Reyes Magos, que tenía a la vista en su dormitorio», lo cual fue causa del color de su hijo. Y el sagaz Feijoo, contra los mal pensantes, aclaraba que no podía bajo ningún concepto «atribuirse al indigno comercio de su madre con algún Ethiope», pues el niño era negro y no mulato, como sí lo fueron luego sus descendientes.

Hoy en día sabemos a la perfección cómo denominar a ese capricho de la genética que tanto condicionó la vida de María Sabina. Se conoce como piebaldismo y deriva de la ausencia de células pigmentarias de la piel, llamadas melanocitos, en algunas áreas del cuerpo, adoptando las mismas una distribución bastante simétrica. Curiosamente, el seguimiento del que fue objeto esta niña, los textos que se escribieron sobre ella, han permitido diagnosticarla, pues si bien esta deficiencia es genética y, por tanto, bastante estable, hay otra enfermedad degenerativa de nombre vitíligo, que es causada por la progresiva muerte de esas mismas células. Esta segunda variante es por desgracia la que padece la modelo Winnie Harlow quien, al igual que Sabina, también alcanzó una gran popularidad en fechas más recientes. Con todo, los tiempos han cambiado, y si la niña de Cartagena de Indias promovió un avance notorio en nuestro pensamiento, la canadiense, que aportó pingües beneficios a algunas marcas de moda, al menos nos ha mostrado la belleza de la imperfección. Y, mi estimado Ramón Vega, una vez más con su trabajo, me ha demostrado su teoría de que, mediante el proceso de documentación impecable en el desarrollo de un cómic, es posible que su lector consuma miles de páginas de estudio serio en apenas unas ochenta de imágenes.

Hugo Vázquez Bravo

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