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EN RELACIÓN CON GIBRALTAR

Gibraltar, un preacuerdo muy difícil de aceptar

Fabián Picardo advierte a España que no habrá controles españoles a pesar de los acuerdos alcanzados. (Foto RTVE / EFE).
Fabián Picardo advierte a España que no habrá controles españoles a pesar de los acuerdos alcanzados. (Foto RTVE / EFE).

LA CRÍTICA, 17 FEBRERO 2021

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(...) Si los fundamentos en los que se apoya la seguridad y la defensa son compatibles con la permanente presencia inglesa en Gibraltar mediante fórmulas que solo benefician los intereses de la potencia colonizadora se puede afirmar, con fundamento, que no vamos por buen camino. (...)

En respuesta a tus últimas cartas sobre Gibraltar (XI y XII), querido Enrique, solo puedo manifestar públicamente mi absoluta conformidad con todo lo que en ellas escribes porque, a la vista de la abundante información de la que ambos disponemos, nuestra indignación y nuestra sorpresa por todo lo que el preacuerdo alcanzado con los gibraltareños significa, no puede ser más que idéntica. Indignación que procede principalmente de las carencias que el gobierno demuestra tener al ignorar las gravísimas consecuencias que para los intereses nacionales tendrá no defender como debiera nuestra soberanía y nuestra integridad territorial, ante una oportunidad histórica única e irrepetible que permitiría hacer frente a la contumaz y depravada conducta de la potencia colonizadora.

Lo más difícil de aceptar del preacuerdo al que se ha llegado es que se confunde el todo con la parte, lo esencial con lo accesorio. El todo sería lograr la devolución de la colonia en la defensa de los inalienables intereses de España y la parte serán, como único retorno a nuestra claudicación, que los platos de lentejas no falten en las mesas de los habitantes de una ciudad, La Línea, a punto de ser fagocitada por la colonia vecina.

Con el preacuerdo alcanzado con los gibraltareños, qué horror, el gobierno se ha auto noqueado al primer asalto y permanecerá tendido en la lona sin capacidad alguna de recuperación. Sin resiliencia[1], dirían nuestros analistas y estrategas en temas de seguridad y defensa cuando abusan de un concepto, venido del mundo de la psiquiatría, tan pomposo como innecesario en el lenguaje militar y de la defensa. Y se ha auto noqueado porque los ingleses podrán disfrutar en lo sucesivo de su base militar en la colonia mientras nuestro gobierno renuncia para siempre a reclamar su devolución o a impedir que la entera ciudad de la Línea llegue a integrarse, de facto, en el territorio gibraltareño. Todo ello ante nuestros propios ojos y sin inmutarnos. ¡Hay, si hubiese un referéndum en la zona, un referéndum que muchos pueden tener in mente! Cuando solo el dinero es el valor supremo que mueve todas las voluntades en un mundo intoxicado por el hedonismo y la política bastarda, los resultados de ese hipotético referéndum serían muy fáciles de adivinar. Para nuestra desgracia.

Una de las causas de lo que nos está pasando es, a mi entender, la falta de consideración y tratamiento adecuado en toda la documentación, generada desde hace años, en relación con Gibraltar y su imprescindible defensa, ya sea desde la Presidencia del Gobierno o desde la política del ministerio de Defensa, según sus correspondientes directivas. En esos documentos se pasa de puntillas, o ni se menciona, el problema de Gibraltar, al que se dedican solo dos o tres líneas, considerándolo como una simple anomalía histórica que poco menos que hay que aceptar por ser eso, solo una anomalía heredada de la historia. A mí particularmente me resulta absolutamente inaceptable que el fundamento documental en el que se apoya la seguridad y la defensa de España sea compatible con la permanencia de la colonia inglesa en nuestro territorio por la exclusiva y desacertada decisión de los últimos gobiernos que hemos tenido, y de un modo especial, del actual, debido al preacuerdo alcanzado. Si esto es así, como todo parece indicar que es, algo se está haciendo mal en el campo del planeamiento estratégico y militar. El problema de Gibraltar es un problema grave que no puede ser transparente, como si no existiera, a los ojos de cualquier analista que pueda considerarse experto en cuestiones de defensa.

No puede haber seguridad y defensa válidas si no se estudia y no se trata como corresponde algo tan grave como es la presencia de una colonia militar extranjera en nuestro territorio, no deseada, ni de ningún modo aceptada, por el conjunto de los españoles. Y el problema es grave porque la colonia, de un modo o de otro, está aumentando su extensión y su jurisdicción (soberanía usurpada), algo absolutamente prohibido por el Tratado de Utrecht y por las Naciones Unidas. Es muy llamativo que al mismo tiempo que nos apresuramos a cumplir las resoluciones de NNUU para desplegarnos por el mundo entero para defender los intereses de otros parece que no atinamos a defender nuestros propios intereses de acuerdo con el mandato y resoluciones de la mencionada organización internacional referidas a Gibraltar.

En esta línea cabe preguntarnos ¿qué hacemos exactamente en el Sahel ayudando a una Francia que explota minas de oro y uranio en la zona? ¿Nos va a vender el uranio más barato? ¿Una Francia que considera a Marruecos aliado preferente? ¿Qué hacemos con nuestros aviones en el Báltico y ahora en Rumanía? ¿Qué hacemos con nuestros carros Leopardo en Lituania o con nuestros misiles Patriot en Turquía? ¿Y qué decir de nuestros despliegues en el Líbano atendiendo muy solícitos, como siempre, a las demandas de Naciones Unidas? ¿Qué hacemos por el mundo entero intentando arreglar problemas ajenos, demostrando amores que nunca van a ser correspondidos, mientras mantenemos encapsulado, como si nada pasara, el ignominioso problema de Gibraltar?

Todo parece indicar que de las dos estrategias, de colaboración y de conservación, bien definidas ya en el año 1978 en el Plan General de la Armada (PLANGENAR) y que siempre se han recogido, de una forma o de otra, en posteriores revisiones estratégicas de la defensa, es la de colaboración la que generosamente predomina en nuestro acervo documental en detrimento de la estrategia de conservación, a todas luces hoy mucho más urgente y necesaria que aquella.

En un ambiente de restricciones presupuestarias insufribles parece que debemos replegarnos sobre nosotros mismos y dar prioridad a la estrategia de conservación en detrimento de la estrategia de colaboración que conviene dejar para más adelante, cuando todo esté mucho más claro. Y centrarnos prioritariamente en defender aquello que es genuinamente nuestro como es nuestra integridad territorial y nuestra soberanía perdida en Gibraltar por desidia y abandono. Parece urgente replegarnos sobre nosotros mismos y recuperar capacidades militares perdidas.

El pensamiento militar y el pensamiento político relacionados con la defensa son de una importancia trascendental. Son innumerables los institutos, las cátedras, las fundaciones que estudian, analizan la geopolítica y la geoestrategia del mundo entero y que se materializan en el contenido de ingentes cantidades de libros y de documentos.

Sin embargo, siendo esto así, apenas nos atrevemos a tomar en consideración nuestras verdaderas necesidades de defensa y, de un modo especial, sobre aquellas directamente relacionadas con la recuperación de nuestra integridad territorial. Las grandes potencias, algunas vecinas, abren la posibilidad de emplear su arma nuclear tan pronto el primer soldado de un ejército invasor ponga el pie en su territorio. Así de difíciles pueden llegar a ser las relaciones internacionales que nosotros no queremos tomar en consideración.

El pensamiento militar está sometido al pensamiento político, nadie lo duda. Pero en una democracia bien engrasada el pensamiento militar debe también ser tenido en cuenta en forma debida porque no hay en la administración del Estado institución que integre los conocimientos técnicos y la experiencia estratégica suficientes para mejor defender nuestros intereses y nuestra seguridad. Los EE. UU. confían ciegamente en su Pentágono. Los ingleses en su Royal Navy. Por poner solo dos ejemplos muy ilustrativos que invitan a la meditación.

Esta incongruencia interna en el pensamiento de la administración española, en su conjunto, está permitiendo a los colonizadores de Gibraltar tener la esperanza de poder darle a su colonia formato de mini estadito independiente, eso sí, parásito de la economía española, porque están comprobando que así pueden hacerlo especialmente después de habérselo puesto en bandeja con un preacuerdo claramente favorable para lograrlo.

Si los fundamentos en los que se apoya la seguridad y la defensa son compatibles con la permanente presencia inglesa en Gibraltar mediante fórmulas que solo benefician los intereses de la potencia colonizadora se puede afirmar, con fundamento, que no vamos por buen camino.

El buenismo y el pacifismo a ultranza parece dominar a la entera sociedad española. El gobierno de la nación, dentro de este talante, puede ser todo lo pacífico y bien relacionado que desee, pero no puede claudicar en la defensa de los intereses de todos los españoles, como es su primera obligación. Debemos reconocer que en un mundo progresivamente globalizado es muy difícil jugar en el tablero internacional, e influir en él, como hicimos a lo largo de nuestra magnífica historia, si nosotros mismos nos situamos en el campo de los estados insignificantes, siempre dispuestos a someterse a las leyes dictadas por otros. Eso no es lo propio de una nación como hasta ahora ha sido España.

Madrid, 16 de febrero 2021

Aurelio Fernández Diz
CN (G) ( R )

[1]DICCIONARIO DE LA RAE. Resiliencia: 1. f. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.

2. f. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.
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