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Gibraltar, una historia interminable

Arancha González Laya, ministra de Asuntos Exteriores de España. (Foto: RTVE).
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Arancha González Laya, ministra de Asuntos Exteriores de España. (Foto: RTVE).

LA CRÍTICA, 4 ENERO 2021

Por Luis Feliú Bernárdez
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(...) Cuando las colonias han desaparecido en cuatro continentes, sorprendentemente aún queda una en Europa como un anacronismo histórico incomprensible: la colonia inglesa de Gibraltar, tal y como la reconoce la ONU, que ordenó su descolonización hace casi 57 años sin haber realizado el Reino Unido ninguna acción en ese sentido. El nulo nivel de cumplimiento de una Resolución de Naciones Unidas que no contó con ningún voto en contra de las 90 naciones que lo emitieron, ha sido absolutamente olvidado por la Organización ante la pasividad incomprensible de España, nación más interesada.

11 de abril de 1713, España firmaba el Tratado de Utrecht que ponía fin a la guerra de sucesión al trono español (1701-1714) entre los Habsburgo de Austria y los Borbones de Francia, por el que Felipe V de Borbón y Orleans renunciaba al trono francés y a cambio era reconocido por las potencias europeas como Rey de España y de las Indias, aunque el archiduque Carlos de Habsburgo, el otro aspirante al trono español, no lo reconoció hasta mucho después. Francia, por su parte, renuncia a los posibles derechos al trono de España y deja de apoyar al pretendiente Estuardo al trono de Inglaterra. Con eso se consigue un deseado “equilibrio en Europa” con Inglaterra y Austria como beneficiarios. Portugal se une a Inglaterra y Austria siendo Lisboa base de la escuadra anglo-holandesa durante el conflicto.

Los Habsburgo salen muy reforzados y se quedan con todas las posesiones españolas en Europa, es decir Nápoles, Milán (Lombardía) y Cerdeña en Italia y los Países Bajos españoles. Sicilia pasa a la dinastía de los Saboya y Luis XIV de Francia se queda como está en Europa, sin ganancias y cediendo a Inglaterra Terranova, la Bahía del Hudson y Acadia en Norteamérica y perdiendo poder e influencia.

Los ingleses además de retener Menorca y Gibraltar, Menorca se recuperaría en 1802, y obtener los tres territorios franceses en Norteamérica, lo que desean son ventajas comerciales. Para ello obtienen el “asiento de esclavos” que era un privilegio comercial para el tráfico de esclavos que por entonces solo tenían en exclusividad Francia y Portugal y se aseguran comerciar con las Indias españolas mediante un barco anual que después fueron realmente más.

Hasta aquí los hechos históricos, ahora vamos a ver, en extracto, lo que cede el Rey de España a la Corona de Gran Bretaña por el Tratado: “La propiedad con entero derecho y para siempre de la ciudad y del castillo, junto con su puerto, defensas y fortaleza. La citada propiedad se cede sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna por parte de tierra. El comercio con Gibraltar solamente se hará comprando al contado en tierras de España las provisiones y demás cosas necesarias. Si a Gran Bretaña le pareciese conveniente dar, vender o enajenar de cualquier modo la propiedad de la ciudad y puerto de Gibraltar, se acuerda que se dará a la Corona de España la primera opción antes que a otros para redimirla”.

En 1723 y en aras de mantener buenas relaciones bilaterales, España acepta crear una “zona neutral entre los portalones de la ciudad de Gibraltar y las posiciones militares españolas, es decir el istmo, sin que signifique, en ningún caso, que ese terreno no pertenezca a España”. Sin embargo, aprovechando períodos de debilidad española, como durante la Guerra Civil o anteriormente con ocasión de epidemias en Gibraltar por la necesidad de instalar hospitales en el istmo, la cesión de derechos en la ciudad y puerto y el acuerdo de buena vecindad se convierten en una expansión ininterrumpida por tierra, mar y aire hasta nuestros días, estableciendo el aeropuerto en territorio español, no cedido por el Tratado, y asumiendo de facto aguas territoriales que no le corresponden en absoluto, así como espacio aéreo de soberanía. Expansiones permanentes que no tuvieron reacciones en contra relevantes.

Sin embargo, el 18 de diciembre de 1964, España ganó la única batalla hasta la fecha para recuperar Gibraltar. La batalla diplomática en Naciones Unidas. Éxito diplomático, atribuible al Ministro de Asuntos Exteriores, José María Castiella, poco recordado y valorado, en el que la ONU acordaba a favor de las pretensiones de España la “Resolución sobre Gibraltar” con 78 votos a favor, ninguno en contra y 12 abstenciones”. Acababa así a favor de España una de las batallas diplomáticas más encarnizadas que se recordaba en la ONU desde su fundación.

La Resolución de la ONU seguía las líneas de la ya aprobada por el Comité de los 24 en las que se deploraba los obstáculos presentados por el Reino Unido, se lamentaba la demora en el proceso descolonizador de Gibraltar y se pedía al Reino Unido que presentara un “informe sobre la descolonización antes de septiembre de 1967”. Finalmente, reclamaba a Gran Bretaña que acelerase la “descolonización” en coordinación con España, teniendo en cuenta los intereses, según mi interpretación no los deseos, de la población. Esta última condición, ha resultado ser un escollo, que sin embargo podía fácilmente haberse resuelto antes, si después de ganar la batalla diplomática en la ONU, España no la hubiese perdido por los errores, cesiones sin nada a cambio, cálculos erróneos y sobre todo las rivalidades internas de la política española, en particular entre el PP y el PSOE sobre Gibraltar. Gran Bretaña ha mantenido su posición política sobre Gibraltar sin variación alguna, fuera cual fuera el Gobierno de turno. España por el contrario ha sido un cambio permanente de posición dejando en ocasiones “perpleja” a la diplomacia británica que sonreía ante tanto desatino.

Para muchos analistas, incluso británicos, Gibraltar habría sido entregado a España si no hubiese tenido otra alternativa que vivir de Gran Bretaña, resultando económicamente oneroso para la metrópoli. Pero para ello habría que haber evitado la política de hechos consumados del ilegal expansionismo terrestre de Gibraltar y que la roca siguiera viviendo de España, sin mencionar otras actividades ilícitas. Ahora ya es tarde. Después de las muchas concesiones que España ha ido haciendo, sin nada a cambio, y después de la particularmente onerosa para España última cesión del Gobierno español, las opciones de recuperación son mínimas.

En efecto, si se confirman los términos anunciados por la Ministra de Asuntos Exteriores española, desmentidos parcialmente por el Ministro Principal de Gibraltar, la Roca va a disfrutar de una situación más ventajosa ahora que no es territorio de la UE, que cuando lo era. Además concede a la frontera el estatuto del Acuerdo de Schengen, que es de la UE, a un territorio que no lo es. Y lo que es más grave, ¿va a aceptar España un régimen aduanero más ventajoso en Gibraltar, que el que tiene Ceuta, Melilla o las Islas Canarias?

En fin, veremos que dice finalmente la UE sobre el “preacuerdo” alcanzado que parece tener muchas más sombras que luces. Esperemos de la Comisión Europea una decisión razonable. En definitiva, Gibraltar no se reincorporará a España mientras no se tenga una voluntad política única de conseguirlo y se haga el esfuerzo de convertirlo en una política de Estado por encima de ideologías políticas o cálculos electorales sobre una determinada población española. Como dijera José María Carrascal en su magnífico libro “La Batalla de Gibraltar, como se ganó, como se perdió” editado por Actas de la Historia en 2012, Gibraltar es la piedra de toque de España como nación moderna y Estado democrático.

Cuando las colonias han desaparecido en cuatro continentes, sorprendentemente aún queda una en Europa como un anacronismo histórico incomprensible: la colonia inglesa de Gibraltar, tal y como la reconoce la ONU, que ordenó su descolonización hace casi 57 años sin haber realizado el Reino Unido ninguna acción en ese sentido. El nulo nivel de cumplimiento de una Resolución de Naciones Unidas que no contó con ningún voto en contra de las 90 naciones que lo emitieron, ha sido absolutamente olvidado por la Organización ante la pasividad incomprensible de España, nación más interesada.

Luis Feliu Bernárdez
General de Brigada (r)
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