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¡Oh, España!

'Colón ante los Reyes Católicos'. Óleo de Antonio González Velázquez (Madrid, 1723-1794),
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"Colón ante los Reyes Católicos". Óleo de Antonio González Velázquez (Madrid, 1723-1794),

LA CRÍTICA, 15 NOVIEMBRE 2020

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¡Oh, España;
Tú eres la más bella
de todas las tierras!
San Isidoro de Sevilla
(...)

La vida de España es como un drama dividido en tres actos, como escribió José María Pemán en 1954 en su libro “La Historia de España contada con sencillez”:

En el primero, España se hace a sí misma y consigue articular la nación y formar una patria común, venciendo para ello sus divisiones internas y las invasiones externas. Este acto dura hasta los Reyes Isabel I y Fernando II. Son los siglos XIII, XIV y XV.

En el segundo, esa unidad conseguida, ya fuerte y segura de sí misma se extiende por el mundo. España descubre América, domina en gran parte de Europa y logra un gran Imperio en todos los continentes y todos los mares. Es la época del “siglo de oro”, que siendo uno realmente son dos, el siglo XVI y el XVII.

En el tercero, España tiene que defender la unidad y grandeza que ha conseguido, contra los enemigos que la atacan, muchos y poderosos de acuerdo a lo grande y poderoso que fue el Imperio. Es la época de los siglos XVIII, XIX y XX. España tiene que luchar contra la revolución religiosa, luego contra la revolución comunista y finalmente y ya en el siguiente siglo, en el actual, está como volviendo al primer acto, tratando de luchar contra las divisiones internas y contra las invasiones ideológicas, contra la democracia liberal, que vienen de fuera y de dentro.

Resumiendo, en el primer acto España logra su unidad, en el segundo afirma su grandeza y en el tercero defiende su libertad y como dicen las series… continuará.

Por eso, en fin, nuestros antepasados se admiraban de las tierras en que vivían y tenían delante de sus ojos. Eran tiempos de sentirse orgulloso de ser español, de la Hispanidad como patrimonio común, como legado, como civilización que se generó mediante la historia más interesante e impresionante de las que se conoce, según dicen algunos, pocos, historiadores de fuera.

España es ese otro yo, que decía Luis Suarez, al que todos los españoles estamos llamados a formar parte, no es de nadie, es de todos. España no es solo un espacio geográfico admirable, sino una manera de ser, una forma de vida, un conjunto de valores que se han construido a lo largo del tiempo y es un patrimonio, un legado desde el que las generaciones jóvenes están llamadas a construir el futuro. (Luis Suarez, “Una memoria histórica de España” prologo al libro citado de Pemán).

Sin embargo, de aquel orgullo y grandeza, aparecen casi por sorpresa los tiempos en que los españoles nos dejamos influir por todo lo de fuera, olvidando lo que fuimos, se puso de moda hablar mal de todo lo español, de ese legado y civilización que es la Hispanidad. Ya en tiempo de Lope de Vega empezaba este turbador vicio basado en esa característica propia del español que es la ingenuidad. Eso hacía decir al poeta Lope de Vega:

En siendo extranjero un hombre
ya se oficial excelente;
libro en lengua diferente
siempre tiene mayor nombre.

Aún seguimos en esa mala costumbre, después de cuatro siglos, que aprovechan los de fuera para mejorar, sin demasiado motivo, su reputación, a veces a costa de la nuestra. Ingenuos españoles…

Luego esa ingenuidad y enteca costumbre se acentuó, lo que dio lugar a aquel famoso y referido epigrama del poeta catalán Joaquín Bartrina en el siglo XIX:

Oyendo hablar a un hombre, fácil es
comprender donde vio la luz del Sol.
Si habla bien de Inglaterra es un inglés.
Si habla mal de Alemania es un francés
y si habla mal de España…. ¡es español!

Por eso deberíamos volver a recordar a aquel viejo romance del siglo XV, sí de hace seis siglos.

¡Ay, madre España querida
en el mundo tan nombrada,
de las tierras la mejor,
la más fuerte y más gallarda,
donde nace el oro fino,
el plomo, el hierro y la plata;
abundante de venados,
de caballos celebrada,
rica de vino y seda,
de aceite, bien alumbrada!

De ahí hemos pasado a creernos el relato histórico de los de “fuera”, muchos de ellos nacidos en naciones enemigas de España por siglos, sin ningún análisis ni crítica “en siendo extranjero un hombre ya es oficial excelente”. Con esa ingenuidad incomparable dejamos que nuestra Historia la cuenten extranjeros y encima permitimos que existan unos expertos en ella que se llaman a sí mismo “hispanistas”. Esto es un caso único y sin igual en la historia de las naciones conocidas. Los bien intencionados dice que es tan grandiosa e interesante la Historia de España, entre las de las naciones, que ha tenido y tiene legión de admiradores y escritores, que sin embargo, por mala fortuna, muchas veces han contado la Historia que les convenía a sus naciones, y así seguimos aún en el siglo XXI.

Como decía un español ilustrado, hay que estar orgullosos de la grandeza de la Historia de España, pues después de tantos siglos, nuestros enemigos aun siguen odiándonos. Que te odie tu enemigo no es mala cosa, así como es buena que te aprecien los amigos.

En este punto, tenemos que dar un espacio a la reflexión sobre los orígenes de esa España que algunos quieren deconstruir y encontramos que, según relatos púnicos, nuestra tierra se llamaba por entonces “tierra de los metales” (I-span-ya) como recoge con mucha razón el viejo romancero que hemos citado. Cuando llegaron los griegos descubrieron un animal que no conocían, el conejo, por sus tierras había liebres, pero no conejos. Al no saber llamarlos de otra manera, les denominaron “span” de ahí la confusión de que España significa tierra de conejos.

Los romanos no se complicaron mucho, la llamaron Hispania (derivado del Ispanya fenicio), los godos Spania (de ahí Spain) los árabes Il Isbaniya (volviendo a la raíz púnica hermana), y de la raíz original Ispanya y de Hispania se pasó a Hespaña y de ahí a nuestra actual España. Veintitantos siglos de evolución, casi nada. Desde bien antiguo somos reconocidos con un nombre específico y único.

Pero antes de los fenicios, ¿cómo éramos conocidos por los griegos o los romanos antes de aparecer por estas tierras? Pues se nos llamaba el “extremo del mundo” o Hesperia, pues realmente lo éramos, el Finisterrae, Fisterra, Finisterre, este, Hesperia, es un nombre reconocible de España que perduró en un famoso Hotel en Madrid y mucho antes fuimos Gobelia. Este curioso nombre, no tan reconocible como Hesperia, es el antecedente de tiempos de los carpetos, oretanos, vacceos, vetones (tribu de origen celta) y antes que, seguramente andando, desde el norte de África, llegaran los Iberos, raza con tal ímpetu que le dio su nombre a la tierra donde habitaban Iberia y con ello, aún hoy en día, a la compañía aérea de bandera española, al magnífico jamón y a la península donde compartimos tres Estados: Andorra, España y Portugal, sin contar con la ignominia de Gibraltar que no deja de ser un último rescoldo de las colonias europeas. Cuando yo estudiaba primaria, recuerdo que cuando alguien era de pensamiento o actitudes muy antiguas se le llamaba “carpetovetónico” lo que da una idea de la fuerza de la unión de las dos tribus al recordarles en el lenguaje.

Como vemos, se conoce a nuestra Patria desde muy antiguo como Gobelia, Iberia, Hesperia, Ispanya, Hispania, Spania, Il Isbaniya, Hespaña, España. Desde fuera nos veían “unos”, desde dentro quizá por la configuración geográfica, nos vemos “diversos”. Esa diversidad, que no es mala, se transforma en ideología cuando no en fanatismo, dando lugar a sucesivas guerras civiles en el XIX y XX de las que somos realmente expertos.

El relato anterior espero que sirva para que nos volvamos a reconocer como lo que somos, que reconozcamos a ese “otro yo” que es de todos llamado España y que merece la pena proteger.

No sé, con certeza, cuándo llegará la reconciliación final que supere odios y divergencias en España, pensé, con esa ingenuidad que comparto con algunos de mis conciudadanos, que llegó con la transición ejemplar a la democracia en 1978. Pero al parecer ese marco de convivencia no sirve para todos y hay algunos que quieren reconstruirlo destruyendo primero a esa nación que tiene la historia más interesante y grandiosa del mundo. Pues en esas estamos. Quizá esto ayude a pocos, pero quizá suficientes a defender el legado de nuestros padres.

Luis Feliu Bernárdez
Académico de Número de la de Ciencias y Artes Militares
Noviembre de 2020
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