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Muy conveniente para ser leído...

A los españoles por mar, que por tierra, ¡San Jorge nos guarde!

Bernardo de Gálvez y la toma de Pensacola. Foto: Wikimedia Commons / Augusto Ferrer-Dalmau / CC BY-SA 4.0.).
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Bernardo de Gálvez y la toma de Pensacola. Foto: Wikimedia Commons / Augusto Ferrer-Dalmau / CC BY-SA 4.0.).

LA CRÍTICA, 4 NOVIEMBRE 2020

Por Luis Feliú Bernárdez
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No eran marinos mediocres, sin duda, ni tampoco malos soldados, ni tampoco hacían malos barcos, pero nunca los hicieron tan impresionantes, ni con tan excelentes tripulaciones como España. Por otro lado, sus “casacas rojas” tan enaltecidas por Hollywood, no eran tan victoriosas como los “casacas blancas” españoles, de Bernardo de Gálvez por ejemplo, tan poco conocidos en España. (...)

... Todas las veces que tuvieron la oportunidad de enfrentarse, salieron victoriosos nuestros soldados. De ahí esa frase que solían utilizar los ingleses, al referirse a los ejércitos españoles durante finales del siglo XVI y XVII “A los españoles por mar, que por tierra San Jorge nos guarde” que da título a este ensayo.

Lo cierto y verdad es que ningún astillero inglés de la época pudo construir un navío como el “Santísima Trinidad” un autentico acorazado que disponía de cuatro cubiertas y 140 cañones, construido en los mejores astilleros de la época, Cuba, debido a sus dimensiones se le conocía como “El Escorial de los mares”. Otro navío de línea más pequeño, el “San Ignacio de Loyola”, también construido en Cuba, recibió el sobrenombre de “El Glorioso”. Montaba 70 cañones, la mitad de su hermano mayor. El apelativo no era baladí, cada vez que se enfrentó a buques ingleses salió victorioso, salvo en la última.

Navegando El Glorioso solo de regreso del Caribe, en demanda de Cádiz, salieron a su caza una flotilla compuesta por 4 navíos, 6 fragatas y 2 bergantines ingleses, que estaban esperándole, había que asegurar la victoria. El primer combate tuvo lugar a 100 millas al Norte de las Azores con victoria española. El segundo combate fue cerca de la costa gallega y el tercero, cuarto y quinto a la altura del Cabo de San Vicente, al Sur de Portugal. Todos salvo el último se saldaron con victoria de aquel “escurridizo, eficaz y aguerrido navío español”, según los ingleses, dirigido por el Capitán de Navío Don Pedro Mesía de la Cerda y manejado por una excelente tripulación que supo sortear y atacar hábilmente a las naves inglesas haciendo fuego en el oportuno momento. Mesía de la Cerda llegó a Teniente General de la Real Armada y luego Virrey de Nueva Granada.

Después de echar a pique a un navío y dañar gravemente a otros cuatro navíos y fragatas, el Glorioso rindió el pabellón en el quinto combate, cuando no había más munición para cargar los cañones, ni para los fusiles, siendo capturado habiendo sufrido 44 muertos y 133 heridos. La flotilla inglesa sufrió 433 muertos y 352 heridos. Muchas bajas, demasiadas, y gran desgaste para la Armada Inglesa que casi pierde al Russell, el buque insignia de la flota británica con tres puentes, en combate con el navío español. El Glorioso, era un barco fuerte y bien construido, según apreciaron los ingleses, a pesar de los daños mantuvo la capacidad de navegar. No siempre fuimos victoriosos, claro, pero siendo justos, en las largas décadas de combates navales contra los ingleses, podríamos decir que en la mar, el resultado, como en el ajedrez, lo dejaríamos en “tablas”.

En cuanto a las famosas exploraciones navales inglesas, llama mucho la atención que el conocido por todos navegante ingles James Cook empezara sus singladuras un par de años después de sendos ataques ingleses a Cuba y Manila cuya intención, por sus consecuencias, fue exclusivamente hacerse con las magnificas “cartotecas navales españolas” realizadas en sus amplias exploraciones navales, es decir querían los ingleses las cartas de navegación españolas a lo largo del Pacífico e Indico.

Las islas Hawaii, por ejemplo, habían sido descubiertas por los españoles cien años antes y figuraban claramente con el nombre de cada isla en las cartas marinas españolas. Los ingleses comunicaron el “descubrimiento” de las Hawaii a Londres, pero ante la rápida queja diplomática española y las pruebas aportadas, esgrimieron que las islas españolas eran otras cercanas a Hawaii. Lo curioso es que a miles de millas alrededor de las Hawaii no existe archipiélago alguno, como era sabido por todo buen navegante. Sin embargo, hoy en día se reconoce en todo el mundo que Scott e Inglaterra descubrieron Hawaii. James Cook murió apuñalado a mano de los nativos en su segundo viaje. Lo cierto es que los ingleses exploraron en su gran mayoría lo ya explorado por los españoles. Incluso cuando llegaron a la isla Decepción en la Antártida comprobaron los restos de un navío español, el “San Telmo” y los restos de lo que parecía un asentamiento español. También se adjudicó Cook ese descubrimiento.

Hemos rendido homenaje al mayor navío de la historia naval, hasta el siglo XX, el “Santísima Trinidad”. Hemos recogido las cuatro victorias navales de un solo navío de línea, apodado con gran merecimiento “El Glorioso”, contra una flotilla de 12 buques ingleses, y también las exploraciones navales españolas, descritas en numerosas cartas de navegación, mucho antes que las iniciaran los ingleses a mediados del siglo XVIII. Sin embargo, los portugueses, que exploraron siempre a la vista de la costa, rodeando África, descubrieron lo que Marco Polo ya había descrito, y los ingleses que exploraron, fundamentalmente, lo ya explorado por los españoles, tienen fama de buenos navegantes, y lo fueron, pero en comparación con los nuestros que exploraron a mar abierta, hay una gran diferencia. En la actualidad, no obstante, nadie alaba a los navegantes españoles, ni los consideran buenos marinos, buenos cartógrafos, ni buenos constructores de barcos, cuando crearon escuela, a pesar de no tener un Rey llamado “El navegante”.

Más desconcertante aún, es que casi todos los españoles han oído hablar de la Armada “Invencible”, nombre que le puso la población inglesa aterrada ante la noticia de que llegaba a sus costas. Realmente su nombre fue “La Grande y Felicísima Armada”, en breve “La Gran Armada”, pero casi ningún español lo sabe. Aquella flota de 124 barcos, regresó a los puertos de Santander y Vizcaya habiendo perdido 30 barcos en la singladura, la mayoría a lo largo de las costas occidentales de Escocia e Irlanda. Unos 4 más hubo que desguazarlos en Santander pero una buena flota de 90 buques se mantenía en servicio. No fue tan grande el descalabro como lo cuentan.

Tanto es así, que al año siguiente 1589 la Reina Isabel de Inglaterra organizó la “Invencible Inglesa” llamada la “Contra Armada”, mayor que la española, con 150 barcos y tres objetivos: Primero destruir la flota española que aun se mantenía en el Cantábrico, después conquistar Lisboa para entronizar a un aliado de Inglaterra en Portugal y finalmente convertir las Azores en una base naval inglesa. La expedición, que llevaba a Drake al mando de la flota y a Norris de las fuerzas terrestres, rehuyó el combate con la flota española en el Cantábrico incumpliendo la primera de las tres misiones de la Reina. En su lugar atacó La Coruña que ciertamente era base importante de aprovisionamiento de las flotas españolas, cosechando una derrota sonora y encumbrando a María Pita como heroína. Tras ese fracaso pusieron rumbo a Lisboa, el segundo objetivo. Norris desembarcó con las fuerzas terrestres al Norte para atacar desde allí sus murallas, mientras Drake debía atacar por la desembocadura del Tajo a las defensas costeras de la ciudad. Norris que esperaba el apoyo de los portugueses en Lisboa lo intentó tres veces, y tres veces fracasó ante las defensas españolas. Drake ni se aproximó a la costa. Después de esta segunda derrota se dirigieron a las Azores, perseguidos por una flotilla de 7 naves, con las fuerzas mermadas y un número de buques indeterminado que habían desertado. Tras cosechar la tercera derrota en Azores y habiendo perdido 40 barcos, más que la Gran Armada española, de vuelta a Inglaterra, se dirigió a Vigo que saqueó destruyendo el patrimonio histórico y con tan menguada cosecha regresó la “Invencible Inglesa” a Inglaterra. Gran fracaso de la “Contra Armada Inglesa”, uno de los mayores, pero no el único.

Tras el monumental fracaso, solo superado por el de Vermont en Cartagena de Indias ante Blas de Lezo y Sebastián de Eslava en el XVIII, pasó Drake seis años sin navegar hasta que vio de nuevo aparecer la oportunidad de resarcirse de la amarga derrota, esta vez compartiendo el mando con Hawkins. La expedición inglesa no puedo empezar peor, en contra de la opinión de Hawkins, Drake decidió atacar la Isla de Gran Canaria, para abastecerse en el puerto de Las Palmas antes de empezar travesía por el Atlántico. El desembarco fue rechazado y Drake decidió no insistir y perder más hombres, poniendo proa a Puerto Rico. La captura de un capitán inglés puso en preaviso a esa ciudad que esperó a la flota inglesa con cinco flamantes fragatas españolas. Antes del ataque Hawkins murió de enfermedad y Drake comprobó cómo era rechazado por la línea de fragatas. Partió entonces hacia Cartagena de Indias, pero al comprobar sus defensas, desistió atacar y trasladó el objetivo a Panamá donde sufrió otra humillante derrota. Enfermo de disentería falleció. Regresaron a Inglaterra 8 de los 30 buques con los que partió y solo con un tercio de los soldados y marineros. Otro monumental fracaso inglés que acabó con la muerte en horca de algunos de los marineros que se rebelaron por no recibir la paga prometida.

Después de esas amargas derrotas, los intentos contra el Imperio español quedaron relegados por medio siglo, hasta que en 1741 llegó de nuevo el desquite con la mayor Armada jamás surcando los mares. Casi 190 buques ingleses y 12.000 infantes embarcados, (recuerden que la Gran Armada española organizó 124 barcos y la Contra Armada inglesa 150 buques), dirigidos a conquistar Cartagena de Indias. Tan seguro estaba el Almirante Vermont de su victoria que mandó acuñar monedas conmemorativas antes de zarpar con la figura de Blas de Lezo arrodillado y entregando su sable a Vermont. Se conservan unas pocas salvadas de la orden de hacerlas desaparecer que dio el Rey de Inglaterra. A pesar de la ayuda por tierra de las Milicias de las colonias inglesas en Norteamérica, Vermont sufrió una gran derrota con 37 barcos hundidos y 17 gravemente dañados, mas de 50 en total, además mandó hundir otros 5 por falta de tripulación. De los 28.000 hombres entre infantes y marineros que salieron de Inglaterra, 9.500 fueron muertos y 7.500 heridos. La mayor derrota de la historia naval inglesa, superando la de la “Contra Armada”.

30 años después, durante la guerra de independencia de las colonias inglesas, apoyadas por España y en menor medida por Francia, Bernardo de Gálvez, a la sazón Gobernador de la Luisiana, conquistó la fortaleza e importante puerto inglés de Pensacola, privándoles de este importante reducto de apoyo y abastecimiento y combatiendo a los ingleses a lo largo del Rio Mississippi, frontera del Virreinato de la Nueva España y las 13 colonias inglesas. Sin el ejército de la Luisiana española combatiendo en la retaguardia de los ingleses, sin la conquista de la importante base inglesa de Pensacola, sin el apoyo en dinero, armas, uniformes, munición a las tropas de Washington y Lafayette, Washington nunca habría vencido.

Para terminar, en 1799 el Almirante Nelson al mando de una Flotilla de 10 buques con 390 cañones y 2000 soldados atacó Tenerife con la intención de conquistar las Islas Canarias, muy seguro se sentía. La expedición resultó un fracaso en el que Nelson perdió el brazo derecho. El Capitán General Don Antonio Gutiérrez de Otero permitió la retirada y reembarque de las tropas inglesas sin atacarlas y se hizo cargo de los heridos y prisioneros tratándolos con caballerosidad y generosidad. De los 1300 ingleses que desembarcaron 700 resultaron muertos o heridos. Los ingleses nunca más volvieron a intentarlo. Los ingleses siguen sin saber dónde perdió el brazo su héroe cuando le miran en lo alto de la columnata de Trafalgar Square en Londres, saben que murió en Trafalgar en combate con navíos españoles.

“..., que por tierra San Jorge nos guarde”… y desde luego, el santo siempre estuvo muy ocupado, desde el XVI hasta el fatídico siglo XIX.

Luis Feliu Bernárdez
General de Brigada (ret)
Académico de Número
Academia de las Ciencias y las Artes Militares
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