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Un testimonio clave sobre Unamuno

Miguel de Unamuno y Jugo​ (Bilbao, 29 de septiembre de 1864-Salamanca, 31 de diciembre de 1936)
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Miguel de Unamuno y Jugo​ (Bilbao, 29 de septiembre de 1864-Salamanca, 31 de diciembre de 1936)

LA CRÍTICA, 12 OCTUBRE 2019

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En la inacabable controversia sobre las relaciones de Unamuno con Franco es interesante –y a mi juicio clave– el testimonio de un amigo de Leopoldo Panero de toda la vida, profesor de literatura y gran crítico literario, el astorgano Ricardo Gullón, testimonio corroborado por la propia esposa del poeta, Felicidad Blanc. ...

... Ya he relatado la confidencia sobre la liberación de Leopoldo Panero -que había sido detenido por sus ideas y presuntas actividades izquierdistas al comienzo de la Guerra Civil- por decisión personal del Generalísimo Franco, que el profesor Gullón me hizo en el otoño de 1973 durante un “party” en la casa de Antonio Sánchez Barbudo en Madison, Wisconsin (M. Pastor, “Ricardo Gullón, hispanista y americanista”, Journal of Hispanic Modernism, y asimismo en theamericano.com, ambos en Diciembre 2011). Más tarde él mismo lo narró en su librito La juventud de Leopoldo Panero (DPL, León, 1985), y que previamente Felicidad Blanc también había contado en su memoria, Espejo de sombras (Argos/Vergara, Barcelona, 1977).

Lo importante y significativo del testimonio de Ricardo Gullón en este caso es tener en cuenta la cronología.

En Febrero de 1936, Unamuno viaja a Inglaterra para ser investido triple Doctor Honoris Causa por las Universidades de Oxford, Cambridge y Londres, según recordará el hispanista británico Walter Starkie en el obituario “A Modern Don Quixote: Miguel de Unamuno, 1864-1936” (Fortnightly, 141, 1937), y asimismo el profesor David Callaham de la Universidad de Aveiro, Portugal, en su artículo “The Early Reception of Miguel de Unamuno in England, 1907-1939” (Modern Language Review, 100, 2005). Panero, que había publicado un artículo en 1931 sobre el escritor vasco (“Notas de amor. Miguel de Unamuno. Poesía y vida”, Sol, 17 de Noviembre) se encontraba realizando estudios en la Universidad de Cambridge desde el otoño de 1935, y asiste a la ceremonia, oficiando incluso de traductor informal del rector salmantino. El joven astorgano regresa a España justo una semana antes del Alzamiento militar el 18 de Julio. Permanece en la casa familiar de Astorga hasta que es detenido el 19 de Octubre, es decir, una semana después del famoso incidente en el Paraninfo de Salamanca.

Junto a su amigo y novio de su hermana Asunción, también detenido, Ángel Jiménez, son llevados a León y encarcelados en el recinto de San Marcos. Allí les visitarán las hermanas de Leopoldo Panero, Asunción y María Luisa, y se encontrarán también con otro detenido, el profesor leonés Manuel Santamaría, casado con una amiga de Astorga de los Panero, Olvido Alonso García. Al parecer, el 2 de Noviembre Ángel Jiménez es “sacado” de San Marcos y ejecutado en el monte de Estébanez, y por las mismas fechas ocurre otro tanto con Manuel Santamaría. Luciano González Egido menciona en su libro el caso de éste, y la carta que su esposa envió a Unamuno desde Astorga a finales de Octubre, pidiéndole ayuda, que evidentemente no llegó a tiempo o no fue eficaz (Agonizar en Salamanca. Unamuno, Julio-Diciembre 1936, Alianza Editorial, Madrid, 1986).

Según narra Gullón, la madre de Panero se desplaza con urgencia a la ciudad del Tormes, provista de cartas y documentos, “y provista, sobre todo, de la voluntad de salvar a su hijo, marchó a Salamanca, convencida de que únicamente del centro del poder podían salir las órdenes salvadoras. Visitó a Unamuno y le pidió que interviniese a favor de Leopoldo declarando cuáles eran sus actividades en Inglaterra y quiénes sus amigos (…) Una segunda visita, ésta a doña Carmen Polo, esposa del general Franco y pariente lejana de los Torbado, trajo la solución. (…) Sin duda su intervención fue eficaz, pues no tardó en recibirse en León orden de no proceder contra Leopoldo. El 18 de Noviembre le pusieron en libertad y volvió a Astorga.” (Gullón, 1985: 89-90).

Felicidad Blanc ofrece una versión parecida: “En Salamanca va primero a ver a don Miguel de Unamuno; piensa que el testimonio del rector de la Universidad puede aclarar la conducta de Leopoldo en Cambridge, se le acusa de marxismo por su amistad con Ilia Ehrenburg y otros intelectuales marxistas. Mi suegra gustaba de recordar aquella conversación con don Miguel (…) De la casa de don Miguel se dirige al Cuartel General. Carmen era prima lejana de mi suegra, en su juventud se habían tratado superficialmente. La mujer de Franco la recibe y mi suegra le cuenta lo que sucede: la absurda situación de su hijo, una persona pacífica que nunca se había metido en nada. Carmen Polo le dice que su marido está en una reunión, pero le promete que, en cuanto termine, hablará con él y se dará orden de que lo suelten.” (Blanc, 1977: 122-123). En ambas narraciones se subestima la intervención de Unamuno y se supone que la de Carmen Polo es la decisiva (en la de Felicidad Blanc un poco exageradamente). Lo cierto es que Franco aceptó recibir a Unamuno en su residencia oficial, el palacio episcopal, y Panero fue puesto en libertad. Probablemente las peticiones combinadas de su esposa y del ex rector convencieron a Franco de la decisión final que tomó. La audiencia con el Caudillo fue el último acto público del avejentado profesor vasco-español: poco más de un mes después moriría en su amada Salamanca, el 31 de Diciembre de 1936.

Sobre la culpabilidad o inocencia de Panero, Gullón siempre fue un poco impreciso o elusivo, y personalmente no he podido averiguar nada en concreto. Intenté explorar esta cuestión con su hijo Michi, ya que éramos amigos desde jóvenes, sentados en un banco del paseo de la muralla, cara al monte Teleno, en Astorga (donde entonces él residía), justamente unos días antes de su muerte, pero fue difícil y no insistí por su extrema debilidad física y mental.

Esta fue la última vez que hablé con el pobre Michi. No mucho antes nos habíamos encontrado frente a la confitería Velasco, en la plaza del Palacio de Gaudí, y le había presentado a mi madre –que había sido amiga de la suya-, a mi esposa y a mis hijos. Durante la última conversación en el paseo de la muralla, a modo de despedida última, me pidió que diera recuerdos a mi hermana Aurora y a nuestro común amigo en Madrid, el profesor Carlos Moya.

Es un tema intrigante y que, sin duda, puede tener interés histórico: ¿fue realmente Leopoldo Panero militante comunista y agente de influencia o simplemente un compañero de viaje? ¿Estuvo relacionada su estancia en Cambridge con la red de inteligencia/propaganda bajo la cobertura de la organización Socorro Rojo, vinculada como hoy se sabe a la Komintern? Sus misteriosos, por improvisados, viajes a Francia y a Inglaterra, repiten una pauta conocida por otros agentes de la red internacional, como el caso de otro intelectual español de su misma generación, Gustavo Durán (M. Pastor, “Galíndez vs. Durán. Espías españoles en la Guerra Fría”, La Ilustración Liberal, Madrid, otoño-invierno 2010). Aparte de su presunta colaboración con Socorro Rojo, eran conocidas sus relaciones de amistad con intelectuales comunistas como el peruano César Vallejo (invitado a su casa familiar de Astorga), el chileno Pablo Neruda (agente colaborador de la NKVD, como hoy sabemos gracias a los documentos desclasificados del programa secreto VENONA), el francés Jean-Richard Bloch (según Ricardo Gullón) y el soviétivo Ilya Ehrenburg (según Felicidad Blanc), éste precisamente autor de un durísimo ensayo propagandístico contra Unamuno en 1935, y una “Carta a D. Miguel de Unamuno” en 1936 del mismo tono, escritos que nunca rectificó, una prueba más de que la adhesión del viejo liberal a la rebelión acaudillada por Franco era sincera y firme.

Sin embargo, de lo que no cabe duda es que la conversión religiosa de Panero, paralela a su “colaboración” con el Franquismo (probablemente con la misma actitud unamuniana de elegir el “mal menor”), fue sincera, como se desprende de su honda y humana poesía. No comparto la opinión de una mayoría de sus críticos y creo que su polémico Canto Personal (1953) es poesía pura, arraigada en la experiencia, en la fe y el patriotismo recobrados o descubiertos, además de todo un tratado de poética, como ha subrayado el mejor conocedor de su obra, el profesor Javier Huerta Calvo (De poética y política. Nueva lectura del Canto Personal de Leopoldo Panero, DPL, León, 1996).

Sobre el contexto histórico-político de este importante testimonio y la actitud de Unamuno ante Franco y el Franquismo (en los que el pensador vasco-español confió hasta su muerte, como una persona de orden y un mal menor su sistema autoritario, no totalitario) véase mi ensayo más extenso “El pensamiento liberal de Unamuno frente al autoritarismo” (Astorica, 33, Astorga, 2014; con el mismo título, aún más extenso y notas adicionales, en Kosmos-Polis.com, Enero 2014).

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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