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Las revoluciones en Rusia, 1917-1918

La familia Romanov, barrida trágicamente por la Revolución
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La familia Romanov, barrida trágicamente por la Revolución

24 ABRIL 2018

Por Manuel Pastor Martínez
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En 2018 seguimos conmemorando el centenario de las Revoluciones (en plural) que se sucedieron en Rusia entre 1917 y 1918. La Revolución Rusa, por antonomasia, como movilización popular masiva, plural y democrática contra la Autocracia zarista tuvo lugar en Febrero/Marzo de 1917. En su estudio comparado de las revoluciones europeas Charles Tilly decía que “Es tentador tratar la Revolución Rusa de 1905 como mero preludio a 1917. Si las Revoluciones de 1917 (subrayo el plural que emplea el autor) no hubieran ocurrido la historiografía hoy de Rusia seguramente trataría a 1905 como un gran momento de decisión.” (European Revolutions, 1492-1992, Blackwell, Oxford, UK, 1993, p. 216).

Hace varias décadas Leonard Schapiro ya tituló también en plural su magnífico libro, The Russian Revolutions of 1917 (Basic Books, New York, 1984), y por su parte Richard Pipes en la hoy considerada obra estándar –y hasta la fecha no superada- de casi mil páginas sobre el tema, The Russian Revolution (A. A. Knopf, New York, 1990), antes de abordar 1917 dedica asimismo el primer capítulo a la Revolución de 1905.

El cambio de régimen, de Imperio a República a principios de 1917, fue un proceso revolucionario que evolucionó en dos fases de distinta naturaleza: la liberal, más plural, liderada por el aristócrata Demócrata-Constitucional Georgi Lvov con sus aliados burgueses; y la socialista, más restrictiva, liderada por el demagogo Trudovique Alexander Kerensky con sus aliados Eseristas (Populistas o Social-Revolucionarios) y Mencheviques.

La impropiamente llamada Revolución de Octubre/Noviembre ese mismo año, comunista-soviética, en realidad fue un golpe de Estado liderado por los Bolcheviques Lenin y Trotsky, absolutamente antidemocrático, ejecutado por una minoría, élite o vanguardia, que Lenin definía como de “revolucionarios profesionales”, apoyados por los Soviets de San Petersburgo y Moscú.

Pero la auténtica Revolución Totalitaria “comunista”, se desarrolló en 1918 en sucesivas fases, desde la disolución de la Asamblea Constituyente en Enero, y el Tratado de Brest-Litovsk con Alemania en Marzo, hasta la masacre de la familia imperial en Julio, culminando en el Terror. Es la revolución de lo que vengo llamando –admito que con intención muy poco correcta políticamente- un “Dirty Little Secret”, en que el ideal comunista fue desplazado por una especie totalitaria de fascismo-leninismo, cuya denominación “soviética” fue una simple hoja de parra para disimular de hecho la dictadura del partido Comunista.

Por tanto, sumariamente, podemos distinguir para el periodo 1917-1918 cuatro distintas y sucesivas Revoluciones:

  1. La democrática-liberal, republicana y plural.
  2. La democrática-socialista, republicana e izquierdista.
  3. La comunista-soviética, antidemocrática e izquierdista.
  4. La comunista leninista totalitaria.

La primera se desarrolló entre Febrero y Julio de 1917. La segunda entre Julio y Octubre de 1917. La tercera entre Octubre de 1917 y Enero de 1918. La cuarta a partir de Enero de 1918.

La bibliografía sobre las Revoluciones en Rusia, como el lector se puede imaginar, es inmensa. Desde los primeros testimonios de algunos protagonistas (Trotsky, Kerensky, Sukhanov, Milyukov, Chernov, incluso el famoso relato del norteamericano John Reed, Ten Days that Shook the World, etc.) hasta la historiografía más académica (Bernard Pares, William H. Chamberlin, John W. Wheeler-Bennett, George Kennan, Edward H. Carr, Richard Pipes, etc.), y las recopilaciones documentales principalmente de Frank A. Golder (Documents on Russian History, 1914-1917, New York, 1927) y de James Bunyan & H.H. Fisher (The Bolshevik Revolution, 1917-1918, Stanford, 1934), con intentos de síntesis interpretativa como el de Arthur E. Adams, Ed., The Russian Revolution and Bolshevik Victory (D. C. Heath and Company, Boston, 1960).

En los años inmediatamente anteriores a la obra antes citada de Richard Pipes, se publicaron algunas monografías/síntesis académicas que merecen también una mención: Sheila Fitzpatrick, The Russian Revolution (Oxford University Press, Oxford-New York, 1982); Leonard Schapiro, The Russian Revolutions of 1917 (Basic Books, New York, 1984); Robert Service, The Russian Revolution 1900-1927 (Macmillan, London, 1986).

Con motivo del centenario en 2017, entre otras publicaciones, destacaría las obras de Arthur Herman, 1917: Lenin, Wilson, and the New World Disorder (Harper, New York, 2017), que analiza el trasfondo histórico internacional, y de Victor Sebestyen, Lenin: the Man, the Dictator, and the Master of Terror (Pantheon, New York, 2017), la primera biografía crítica del fundador de la Unión Soviética desde la desaparición de la misma.

Desde 1918, como describe Victor Sebestyen en su biografía del líder bolchevique, quedaría fijado lo esencial del sistema político totalitario leninista que hemos conocido hasta su colapso y desintegración en la última década del siglo XX.

Richard Pipes subraya que solo con la primera Revolución, de Febrero/Marzo, “Rusia experimentó una revolución genuina en la que los desórdenes que derribaron el régimen zarista, aunque no inesperados, irrumpieron espontáneamente y el Gobierno Provisional ganó inmediatamente aprobación nacional.” (The Russian Revolution, ant. cit., p. 385). En realidad los tres experimentos revolucionarios de 1917, hasta las elecciones definitivas en Diciembre de la Asamblea Constituyente, fueron un simple prólogo, ensayos tentativos para un cambio mayor, un experimento revolucionario totalitario que se iniciará en 1918.

La obra “olvidada” sobre “la Paz olvidada”, y sin embargo no superada en muchos aspectos, de John W. Wheeler-Bennett, Brest-Litovsk. The Forgotten Peace, March 1918 (Macmillan, London 1938), analiza magistralmente la secuencia de acontecimientos que van desde la referida disolución de la democráticamente elegida Asamblea Constituyente y la firma del Tratado de Brest-Litovsk, con la marginación progresiva de los ideales comunistas y soviéticos de una “revolución continua” o “permanente”, sentando las bases de la “revolución traicionada”, del Totalitarismo y Terror, y en consecuencia lo que Trotsky ya en el exilio describirá amargamente pero sin autocrítica como un “fascismo simétrico” al italo-alemán.

La denominación de “totalitarismo”, neologismo referido a Lenin (“totalitarismo revolucionario de Lenin”) precisamente aparece por vez primera en las crónicas de 1918 del periodista alemán Alfons Paquet para el periódico Frankfurter Zeitung, que un año más tarde reunirá en un libro (In Kommunistischen Russland, Jena, 1919), y que pronto traducirá al español el periodista del PSOE Lorenzo Luzuriaga (1889-1959): En la Rusia comunista. Cartas desde Moscú (Editorial Calpe, Madrid-Barcelona, 1921).

Posdata

El Fascismo de Mussolini no recibirá el calificativo de “totalitario” hasta 1923, en la crítica del opositor liberal Giovanni Amendola. Por tanto sospecho que el término traducido del alemán aparece antes en España que en Italia.

Véanse mis ensayos “El Siglo del Totalitarismo” (La Crítica, Enero 2016) y “Totalitarismo en el lenguaje político español” (La Crítica, Julio 2017), éste último sobre el temprano uso del término en España –tras la traducción de Luzuriaga- a principios de los años 1930s, antes de la Guerra Civil. Sobre el polémico y provocador concepto “fascismo-leninismo” véanse también mis ensayos “Dirty Little Secret: ¿fascismo-leninismo?” (Kosmos-Polis, Mayo 2015) y “Dirty Little Secret: Ahora todos somos (algo) fascistas” (La Crítica, Junio 2016).

La editorial astorgana Akrón ha tenido el acierto de publicar dos volúmenes de las interesantísimas memorias de Sofía Casanova, corresponsal de ABC y testigo in situ de las Revoluciones en Rusia: En la Corte de los Zares (Akrón, Astorga, 2007) y La Revolución Bolchevista (Akrón, Astorga, 2008).

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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