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EL TEA PARTY, FACTOR CLAVE EN LA VICTORIA DE DONALD TRUMP

Manifestación del movimiento 'Tea Party'. (Foto: http://www.quotationof.com/tea-party-movement.html)
Manifestación del movimiento "Tea Party". (Foto: http://www.quotationof.com/tea-party-movement.html)

19 Noviembre 2016

Por Manuel Pastor Martínez
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Durante los pasados dos o tres años ha sido muy habitual en las tertulias políticas españolas (especialmente en TVE, con periodistas sabiondos como Antonio Papell, Chema Crespo, Elisa González, Carmelo Encinas, Raimundo Castro, Fernando Jaúregui, y un largo etc., pero asimismo otros más “liberales” en otras cadenas privadas) certificar la defunción del Tea Party americano, fenómeno que todos los mencionados coincidían en calificar como un movimiento de extrema derecha, cuando no de “fachas”.

No solo los ignorantes analistas españoles, sino algunos intelectuales americanos, como el profesor de Literatura en Yale University, Harold Bloom, notorio idiota político, calificó tempranamente al Tea Party como “fascismo americano” (en Vanity Fair, en 2010). Por tanto no es extraño que el fenómeno Trump y el Trumpismo, más recientemente, recibieran el mismo calificativo (de profesores como Cornel West o periodistas como Carl Bernstein, por ejemplo).

No han llegado a llamar fascistas al Tea Party y a Trump los políticos socialistas, liberales y conservadores, pero han estado muy cerca en sus descalificaciones, y han preferido a la corrupta Hillary Clinton: Pedro Sánchez, Susana Díez y Antonio Miguel Carmona, por ejemplo, en el PSOE; Albert Rivera en Ciudadanos; muchos más de lo normal en el PP, incluso en el sector “liberal” (Esperanza Aguirre, Javier Fernández-Lasquetty…), incluso algún idiota político e indigente intelectual como González Terol, alcalde de Boadilla del Campo, que se ha vanagloriado en la televisión de Intereconomía de que el PP ya no tenga relaciones con el partido Republicano. A ellos se sumaron múltiples líderes de opinión del sector liberal-conservador: Federico Jiménez Losantos y otros analistas de Libertad Digital, Antonio Jiménez en la televisión de la COPE, Eduardo Inda de OKdiario, la mayoría de columnistas de ABC, El País, El Mundo, La Razón, etc.

Creo que es más fácil decir que los que hemos intentado un análisis objetivo somos cuatro gatos: un servidor, con al menos media docena de artículos sobre el Tea Party hace años, y otra media docena sobre Trump en el último (en España probablemente fui el primero en insinuar la posibilidad del triunfo de Trump en una entrevista para La Razón el 28 de Febrero de 2016); asimismo los periodistas de Intereconomía Carlos Esteban, Kiko Monasterio, y… ya no recuerdo nadie más (tres gatos, no cuatro).

Otra cosa que resulta incomprensible son los análisis en España de personas que lógicamente deberían tener una información más objetiva, como el ex ministro de Asuntos Exteriores García-Margallo, el ex embajador Javier Rupérez, o el portavoz del PP Pablo Casado, insistiendo hasta en la propia noche electoral, avanzado ya el recuento, en la victoria de Hillary Clinton y descalificando totalmente a Donald Trump, alegando además falsamente que éste había sido abandonado por el propio partido Republicano.

Resulta que quienes se opusieron al candidato republicano fueron un grupo muy limitado del Establishment GOP: la familia Bush, el clan mormón de Mitt Romney, el senador McCain, y pocos más (véase en Wikipedia la lista de los “endorsements” de Trump, con la inmensa mayoría de senadores, representantes, gobernadores y legisladores estatales republicanos).

A mi juicio, resulta que el Tea Party ha sido el precedente y el factor clave en la movilización popular que ha desembocado en la victoria de Donald Trump. Hay que estar ciego para no verlo.

Da la casualidad de que soy testigo personal y directo del momento fundacional del Tea Party en Minnesota por Michele Bachmann, congresista republicana del Distrito 6: en un picnic/mítin orillas del Lake George, en la ciudad de St. Cloud, el 9 de Septiembre de 2009. Asimismo soy testigo de cómo el fenómeno ha evolucionado hasta la campaña de Trump en 2016.

Concretamente en Minnesota, Estado tradicionalmente liberal-progresista (izquierdista), en las recientes elecciones Hillary Clinton obtuvo un 46.43 % del voto popular frente al 44.94 % de Donald Trump. Pero si un tercer candidato, el mormón conservador Evan McMullin no hubiera obtenido un 1.80 %, por primera vez en casi un siglo el republicanismo conservador liderado por Trump habría ganado con más del 46. 74 %. El Distrito 6, donde el Tea Party de Michele Bachmann fue hegemónico, esta vez ha ratificado con un voto arrollador del 65.7 % al republicano conservador, “trumpista”, Tom Emmer.

El récord del voto popular a favor de Trump lo ha tenido el Estado de Wyoming con más del 70 por ciento (y concretamente Wyoming County donde le han votado… ¡el 100 % !).

También da la casualidad de que he sido y, modestamente, sigo siendo gracias a la tutoría de mi viejo maestro Stanley G. Payne, uno de los especialistas en España en fascismo (tema de mi tesis doctoral en 1976 y de más de una veintena de ensayos publicados) y puedo certificar que el Tea Party y el Trumpismo no son fascismo, ni siquiera extrema derecha tal como la entendemos en España. Harold Bloom pudo beneficiarse en Yale University de los escritos y análisis rigurosos sobre el fascismo de su colega el profesor español (fallecido en 2013) Juan J. Linz, pero ha preferido opinar demagógicamente sobre el Tea Party y Donald Trump, insultando a los ciudadanos de la democracia americana.

Después de más de 45 años como profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid, el amable lector me disculpará -sin falsas modestias, después de ver la ignorancia generalizada en nuestros lares y penates- si certifico mi conocimiento del asunto, citando mis trabajos publicados sobre el Tea Party y la candidatura de Donald Trump, en cuyos análisis – a los que remito a los interesados- se puede comprender la relación entre un fenómeno y otro.

Sobre el Tea Party:

“Sarah Palin” (Semanario Atlántico, 2010); “La segunda mujer más odiada por la izquierda” (Semanario Atlántico, 2010); “El mítin del reverendo Glenn Beck” (Libertad Digital, 2010); “Las elecciones del 2-N” (Libertad Digital, 2010); “Michele Bachmann y el Tea Party” (Libertad Digital, 2010); “Primarias USA: democracia vs. partitocracia” (The Americano, 2012); “Newt Gingrich vs. Obama y el GOP Establishment” (The Americano, 2012); “A propósito del Tea Party” (Libertad Digital, 2012); “La dualidad americana: Las otras elecciones de 2012” (Cuadernos MGA, 2013); “Microanálisis del populismo democrático” (Kosmos-Polis, 2014).

Sobre Donald Trump:

“La fortaleza de Trump…” (entrevista en La Razón, 28 de Marzo, 2016); “Trumpismo” (La Crítica, Mayo 2016); “Trump y Trumpismo” (Kosmos-Polis, Agosto 2016); “Después de Orlando” (La Crítica, Junio 2016); “Ante el último debate: religión y política en las elecciones presidenciales USA-2016” (La Crítica, Octubre 2016); “Wyoming, corazón de América, y la victoria de Trump” (La Crítica, Noviembre 2016).

El problema que sin duda ocupará a los investigadores en los próximos años es el aparente cambio histórico de roles de los partidos americanos. El Republicano liderado por Trump, gracias al Tea Party, se ha convertido en la expresión de un populismo democrático y liberal-conservador (muy distinto de los populismos europeos), anti-Establishment y adalid de los sectores económicamente más débiles, beneficiándose del voto rural e incluso de segmentos significativos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, en una síntesis de genuino patriotismo y moderado proteccionismo. Por el contrario, el Demócrata se ha transformado en un partido del Establishment, de las élites económicas, culturales y mediáticas, en suma, de los intereses de la globalización y de “Wall Street”.

¿El partido de “Wall Street” contra el partido de “Main Street”?

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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