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¿Es útil el sistema del 78 para gestionar España en el siglo XXI?

Los padres de la Constitución de 1978.
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Los padres de la Constitución de 1978.

LA CRÍTICA, 5 NOVIEMBRE 2022

Por Juan Pablo Urruticoechea
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De entrada, es necesario reconocer que la Transición Española, y su culminación con la Constitución del 78 y los Pactos de la Moncloa, significó un logro fundamental para todos los españoles, y además reforzó la positiva imagen de España en el Mundo y muy especialmente en Iberoamérica. España se convirtió en el ejemplo a seguir en una transición pacífica desde regímenes autoritarios a una democracia homologada. (...)

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La calidad de nuestros líderes políticos en aquellos años, y el espíritu de concordia y generosidad compartido, permitió dar un paso de gigante en nuestra historia y, de alguna manera, enterrar e incluso olvidar gran parte de los errores y crímenes cometidos en los peores momentos del siglo XX. En toda España, incluida Cataluña, se aprobó la Constitución con fortísimas mayorías, salvo la “excepción vasca”, donde el maquiavélico PNV propugnó y consiguió la abstención.

Tras la aprobación casi unánime de la Constitución del 78, y durante los siguientes 30 años, España se convirtió una nación en alza en Europa y en el Mundo. Entramos en la OTAN, en la Unión Europea, y en el año 2007 nos situamos en el puesto 8º entre los países con mayor PIB del Planeta (datos oficiales de Naciones Unidas). ¡8ª potencia mundial! Algunos incluso soñaban con un futuro cercano donde España adelantaría a Italia y entraría G 7, el Grupo de Naciones que de alguna manera manejan el timón de la gobernanza global. Otro dato importante del año 2007: la ratio deuda pública sobre PIB era del 36 %. Sí, han leído bien, el 36 % (hoy estamos en torno al 120 %). Y esta mayor riqueza se distribuyó de una manera bastante equitativa entre toda la población: el PIB per cápita de cada ciudadano español pasó de 1.800 a 24.100 euros (datos del INE en euros nominales). Y el índice GINI que mide la igualdad o desigualdad en la distribución de la riqueza, era 34.1, similar al de Francia, Alemania o Italia.

Pero no todo en la Vida es dinero o economía, se puede aducir legítimamente. ¿Qué pasa con la calidad de vida? Veamos dos datos contundentes. Primero: la esperanza de vida entre 1978 y 2007: aumentó de 74 a 81 años. Y la población total pasó de 36,7 millones a 44,8 millones: 8 millones de vidas más (datos del INE). Sobresaliente en Calidad de Vida, también.

Con estos dos conjuntos de datos, económicos y sociodemográficos, resulta imposible para la razón negar que el sistema diseñado en la Constitución arroja un balance neto extremadamente positivo en los primeros 30 años de nuestra joven democracia. Y tendremos que reconocer también que el bipartidismo imperfecto, donde se sucedieron gobiernos del PSOE y del PP con distintas mayorías, fue un sistema político que contribuyó a este magnífico éxito de la sociedad española.

Por el contrario, en los 15 años que transcurren desde 2007 hasta el presente, los datos reflejan una realidad diferente. La esperanza de vida aún crece, de 81 a 83.1 años. La Renta per Capita, entre 2007 y 2019 aumenta sólo de 24.100 euros a 26.400, un 10 % (fuente INE. Los datos del 2020 y 2021 son negativos, pero se explican por el Covid). En el ranking global de naciones descendemos del puesto 8 al 14, siendo superados por India, Canadá, Corea del Sur, Rusia, Australia y Brasil (Fuente Naciones Unidas). Y antes de 2025 seremos los 16, detrás de México e Indonesia.

A este declive en el ranking mundial, se le suman una serie de problemas que demuestran que este llamado sistema del 78 atraviesa una crisis profunda, como piensan algunos, o incluso que está quebrado sin solución, como afirman otros, tanto a la izquierda como a la derecha del espectro político. Veamos los principales 8 problemas o crisis recientes:

  1. Forzada abdicación del Rey Juan Carlos: remediada en parte con la figura de Felipe VI.
  2. Crisis del CGPJ: mercadeo bipartidista de jueces inaceptable en Europa y socialmente.
  3. Corrupción del PP+PSOE+CiU: Gürtel, EREs, Banca Catalana, el 3 %, por citar algunas.
  4. Corrupción Judicial: jueces Garzón, Estevil, Alba, fiscal Dolores Delgado, entre otros.
  5. Crisis en Cataluña: sociedad polarizada y enfrentada, incluso con violencia física.
  6. Crisis del Bipartidismo: 15 M, desaparecen UPyD y Ciudadanos. Nacen Podemos y Vox.
  7. Crisis Financiera: rescate y desaparición de la mayor parte de las Cajas de Ahorro.
  8. Crisis Económica: cambio del artículo 135 de la Constitución por “orden” de Bruselas.

Estos 8 problemas son exclusivos de España. Adicionalmente, en los últimos 2 años nos acompañan otros problemas de carácter global: entre ellos, la guerra de Ucrania, el Brexit, la Covid-19, la substitución de Rusia por China como otra superpotencia global, el terrorismo yihadista, la creciente inmigración ilegal en Europa y en los EEUU.

Frente a esta dura situación, es oportuno preguntarnos si el sistema PP-PSOE es parte de la solución o, por el contrario, constituye parte del problema. Intentaré demostrar que PP y PSOE son parte e incluso causa necesaria de nuestra crisis actual. Observemos en esencia los 5 grandes vicios del “sistema del 78” en el tiempo actual.

Primero: el método de elección de líderes de los partidos conlleva necesariamente a la mediocridad. Son personas que han ido medrando en el partido desde su juventud, lisonjeando a sus jefes y vendiendo su alma al Partido. No poseen ningún mérito académico, profesional, científico o artístico. Casi siempre o siempre, ¡ay! no han trabajado ni un solo mes en la economía real, en la empresa privada., fuera de la esfera política.

Segundo: la ley electoral impide la rendición de cuentas de los cargos electos. El sistema de listas cerradas, elaboradas SIEMPRE, por la oficina central del Partido, premia la obediencia sumisa al líder, y elimina la responsabilidad individual del diputado: votan siempre lo que indica el Partido. Por tanto, no tienen que rendir cuentas por su voto. ¿Alguno de vosotros, queridos lectores, podrías mencionar con seguridad quién era el número dos de la papeleta del Partido al que votasteis? ¿Y al tercero?…

Tercero: tanto PP, como PSOE, y también CiU y PNV han participado en la corrupción sistémica del 3 %, y se han repartido de forma inconfesable el Poder Judicial, las TVs y radios públicas. Todos han utilizado los impuestos, el dinero de todos, para subvencionar y controlar directa o indirectamente el mapa de medios de comunicación en España, así como a los sindicatos y las organizaciones empresariales.

Cuarto: este sistema PPSOE+CiU+PNV se ha repartido también el control o la influencia en las grandes empresas del IBEX 35 que dependen del BOE para su facturación y beneficio: Telefónica, todas las Constructoras, todas las Cajas de Ahorro, todas las eléctricas, INDRA, y por supuesto todas las empresas públicas: RENFE, AENA, Correos, Hispasat, REE, etc., etc. La lista de líderes políticos que han pasado a formar parte de los Consejos de Administración de estas empresas sería interminable: las puertas giratorias representan una vergüenza nacional.

Quinto y último: el diseño constitucional de las autonomías y las nacionalidades, han causado dos fenómenos incontestables. Por un lado, dotan de un gran poder a los partidos para gestionar los asuntos locales de cada territorio. Hecho, sin duda, positivo: siempre es mejor que la acción esté cerca de cada provincia o región donde se precisa. Pero, por otro lado, se ha producido un constante y progresivo centrifugado del Poder central en asuntos de vital importancia para toda España, de forma que cuanto más se tiene: renta, presupuesto, poder, etc, más se quiere y más se exige. Sin límites. Se debilita fuertemente la solidaridad territorial y social, y se fomenta el separatismo bajo la bandera de “nosotros somos diferentes”, que esconde el pensamiento inconfesable e inconfesado de “nosotros somos mejores”, es decir, xenofobia cuando no racismo. En el fondo, la única diferencia entre catalanes, vascos, valencianos o madrileños es la lengua materna de unos y otros. Pero en vez de utilizar nuestra pluralidad lingüística y cultural para fortalecernos como Nación, empleamos el idioma para dividirnos, separarnos, enfrentarnos y, en definitiva, empobrecernos. Y cuanto más empobrecida esté una sociedad, más votos conseguirán las izquierdas radicales. En consecuencia, Unidas Podemos, el BNG, Bildu, IU y ERC se han sumado con entusiasmo al centrifugado de España: ellos salen ganando, y “cuanto peor para España, mejor para ellos”, y por tanto, participan activos en el sistema PP-PSOE, los gemelos, que tantos réditos les proporciona. El sistema del 78 tiene un diseño que por un lado incentiva el separatismo, y por otro, dificulta o impide el desarrollo del enorme potencial positivo de España.

Tenemos un problema de diseño, no de nombres particulares. La cuestión no es ZP, Rajoy, Sánchez, o Feijóo. La causa de este separatismo y corrupción creciente no son Otegui, Arzallus, Puigdemont, Pujol o Rufián. Ellos son la consecuencia del problema, no el origen. La clase política se comporta persiguiendo los objetivos que más interesan a sus partidos políticos y a ellos mismos. El diseño de reglas y medidas, de incentivos y castigos del sistema del 78, conduce necesariamente a estas consecuencias.

Conclusión: independientemente de los problemas globales o europeos que afectan a España, tenemos en el corazón de nuestro sistema un diseño constitucional que inevitablemente produce los resultados que estamos viendo constantemente en los últimos 15 años: más separatismo, menos solidaridad, más polaridad entre ricos y pobres, menos rendición de cuentas de los políticos, más corrupción, menos valores éticos. En definitiva, una España más agrietada, una casta política más lejana de la realidad, sin rendición de cuentas a los ciudadanos, con un aparato administrativo y político que no cesa de crecer en tamaño y coste. Estamos llegando a un punto, donde la gente no puede soportar ya más este crecimiento inexorable de la casta política extractiva. En el próximo artículo defenderé cuál debe ser el nuevo diseño constitucional que solucionará la mayor parte de nuestros problemas actuales, y conseguirá situar a España de nuevo en el grupo de las naciones más prósperas y felices del planeta.

Juan Pablo Urruticoechea

Doctor en Filosofía y Letras, MBA, empresario

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