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LA ESPAÑA INCONTESTABLE

«El Honor es mi Divisa»

D. Manuel de Mazarredo y Mazarredo, por Federico de Madrazo. (Colección particular).
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D. Manuel de Mazarredo y Mazarredo, por Federico de Madrazo. (Colección particular).

LA CRÍTICA, 3 ABRIL 2022

Por Íñigo Castellano Barón
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El teniente general y ministro de la Guerra, Manuel de Mazarredo y Mazarredo, estableció el primer Real Decreto sobre la fundación de la Guardia Civil.

La divisa enunciada, no es una frase hecha o un lema vacuo para mayor reconocimiento, sino un objetivo que dio gloria y agradecimiento a toda una nación desde sus ciento setenta y ocho años que lleva de existencia en una España que libró entre otras, tres guerras civiles (carlistas contra isabelinos) en el antepasado siglo. Una España desangrada donde sin embargo y aunque parezca contradictorio, el honor y la caballerosidad se dieron en ambos bandos contendientes. (...)

... Las diferencias ideológicas que tanto separan a los españoles, especialmente cuando se entra en la dialéctica de los matices, provocaron las discrepancias; y el poder de las ideas dieron paso al de las espadas. En este escenario, que si no fuera por los trágicos hechos sucedidos podría entrar en el género literario de «capa y espada» que creara no muchos años antes, el escritor y cronista Alejandro Dumas, y como perentoria necesidad ante una nación asolada por las guerras; el desasimiento de las autoridades por falta de recursos sobre el orden en los campos y zonas más despobladas frente al creciente bandolerismo propio de épocas de caos, surgió la fundación del llamado Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil.

No fue casualidad que fuera un militar con una amplia y distinguida Hoja de Servicios que a lo largo de su vida rubricó con su aptitud y comportamiento militar como los protagonizados entre otros, en Aragón, Navarra y de manera especialmente destacada en Torrejón de Ardoz, y avezado en muchas contiendas contra los carlistas, llegase a teniente general y ministro de la Guerra, siendo premiado por sus actos heroicos con numerosas distinciones militares, quien concibiera la oportuna necesidad de crear un Cuerpo que pusiera orden al desvalimiento de muchos ciudadanos desprovistos de defensa de sus personas como de sus propiedades. Se explica así, no solo en el decreto que como ministro promulgó, sino en la correspondencia personal y familiar en donde mostraba su inquietud acerca de la precaria situación del orden civil, y la consecuente necesidad de establecer un Cuerpo que atendiera específicamente este problema. El 28 de marzo de 1844 se dio carta de naturaleza en La Gaceta de Madrid al Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil que desde entonces emprendería el camino de gloria para el que fue entrenado. Este Cuerpo tras dirimirse algunas diferencias de criterios se adscribió al entonces Ministerio de la Gobernación dirigido por el marqués de Peñaflorida y al Ministerio de la Guerra dirigido por Manuel de Mazarredo, por dotársele de una naturaleza y organización militar, estando la presidencia del Consejo de Ministros bajo José María Narváez, gran político moderado y militar. La reina Isabel II acababa de alcanzar su mayoría de edad con catorce años.

Dos personas de especial relevancia darían nombre y organización a la Guardia Civil. Dos personajes que se complementaron y supieron cada uno responder a las expectativas que se esperaban; sin contradicciones o diferencias entre ellos, escribieron conjuntamente la historia de nuestro insigne Cuerpo y que en este relato menciono por orden de aparición. Sería en primer lugar el mencionado militar Manuel de Mazarredo quien por su propia iniciativa creara por decreto la constitución del C.G.C. Mazarredo, Pariente Mayor de Vizcaya, provenía de una casta militar, nieto del almirante y capitán general de la Armada, José de Mazarredo y Salazar de Muñatones, uno de los más insignes marinos y científicos de la navegación del siglo XVIII; hijo del teniente general Francisco de Mazarredo, tres veces condecorado con la Gran Cruz de San Fernando, y como digno sucesor nuestro protagonista de hoy, igualmente militar, teniente general que llegó a ser Jefe del Estado Mayor de Baldomero Espartero y más tarde, del general Ramón María Narváez. Dos veces ministro de la Guerra y Capitán General de las Provincia Vascongadas. Gentilhombre de Cámara de Su Majestad, le fue concedida la Gran Cruz de Isabel La Católica. Poseyendo ya las cruces de San Hermenegildo y San Fernando de 1.ª Clase.

La formación de Manuel de Mazarredo y Mazarredo, casado con María Josefa Allendesalazar, fue exquisita en muchos saberes como los cuatro idiomas que desde los diecisiete años hablaba (español, francés, italiano e inglés), lo que le permitió en algunas ocasiones realizar labores de alta diplomacia en París. Aprendió Filosofía Moral, Lógica, Ideología, Gramática General, Matemáticas, Astronomía e Historia con una media en todas las materias de sobresaliente. Sería largo detallar sus muchos merecimientos, aunque debe resaltarse su conocimiento musical que le llevó a cultivar el bel canto formando parte del Conservatorio de Música de la capital francesa, donde interpretó, acompañado al piano por Gioacchino Rossini, mereciendo el nombramiento de socio de mérito del Conservatorio de Madrid.

Compartió con el titular de Gobernación, marqués de Peñaflorida, gestiones para la instauración en marzo de la Policía Nacional Profesional, sin embargo, acabó discrepando del carácter civilista conferido y abogando por su militarización. Llegó a ser senador vitalicio y Capitán General de Castilla la Nueva en 1845, y de nuevo, ministro de la Guerra entre marzo y agosto de 1847 con González-Bravo en la Presidencia. Terminando su función en el Gabinete ministerial, le fue concedida la condecoración portuguesa de la Gran Cruz de la Orden de Nuestra Señora de la Concepción de Villaviciosa, que sumó a la ya mencionada Gran Cruz de la Orden Real y Militar de San Fernando. Y al Gran Cordón de la Legión de Honor francesa.

A sus deberes y responsabilidades militares, sumó sus tareas familiares y responsabilidades de carácter mercantil derivadas del patrimonio familiar. Manuel de Mazarredo moriría en Madrid por una lesión del corazón en el año de 1857, tras haber sido desterrado por su posición política tres años antes a Francia, de donde regresó a Madrid. Había dado merecido cumplimiento a lo largo de su vida al lema: «El Honor es mi Divisa».

El Benemérito Cuerpo de la Guardia civil, no hubiera sido posible sin la directa intervención de una segunda persona, mencionada como he dicho por orden de intervención en este relato de “La España Incontestable”. Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II duque de Ahumada y V marqués de las Amarillas (Pamplona, 11 de marzo de 1803-Madrid, 18 de diciembre de 1869), siendo Inspector General Militar fue nombrado primer Director General del Cuerpo. Para dotarle del carácter militar a este fue muy importante su intervención. Ahumada supo plantear con detalle y eficacia la organización y estructura del nuevo organismo que de alguna manera liquidaba definitivamente el viejo cuerpo de Policía Nacional Profesional que creara el rey Fernando VII, planteamientos todos ellos que obligó a firmar un nuevo decreto publicado a instancia del general Narváez, entonces ministro de la Guerra, en La Gaceta de Madrid el 13 de mayo de 1844. Los principios del mariscal de campo, duque de Ahumada, fue crear un cuerpo similar al de las gendarmerías de otros países europeos basado en la calidad de sus miembros a los que exigiría sacrificio, lealtad, austeridad, disciplina, abnegación y espíritu benemérito.

El 1 de septiembre de 1844, día de la designación del duque de Ahumada como Inspector General de la Guardia Civil, tuvo lugar la presentación oficial del Cuerpo con una parada militar ante las autoridades dónde mil ochocientos setenta guardias desfilaron organizados en sus compañías y escuadrones haciendo gala de marcialidad y mostrando una nueva uniformidad en la que era nota distintiva un original sombrero de tres picos de origen francés: el tricornio, que con el tiempo se convertiría en uno de los símbolos representativos de la Guardia Civil y de nuestro país. El 9 de octubre de 1844 se aprobaba el Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil, estableciendo las obligaciones y facultades de la Guardia Civil, su dependencia orgánica, vinculada en lo referido a su servicio peculiar al Ministerio de la Gobernación, y el objeto primordial de la Institución: «la conservación del orden público, la protección de las personas y las propiedades (…) y el auxilio que reclame la ejecución de las leyes».

Como conclusión a estas notas generales sobre el Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil tan querido por los españoles de bien, y temido tanto por los contrarios a las leyes y al orden público como por los profesionales de la subversión, la Guardia Civil se ha convertido en una marca distintiva y prestigiosa de nuestra querida España y que bien corrobora lo dicho, los aplausos y entusiasmo que despiertan a su paso firme y decidido por cuantos ciudadanos los ven desfilar. Por último, no cabe extrañeza del prestigio alcanzado pues fueron dos hombres excepcionales quienes supieron concebir y poner en marcha tan elogiado Cuerpo.

¡Gloria y Honor a la Guardia Civil!

Iñigo Castellano Barón

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