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CARTAS A LOS ESPAÑOLES (XVIII)

Resumen de la primera fase de la Transición (1976 - 1979)

Torcuato Fernández Miranda entre el Presidente Adolfo Suárez y el General Gutiérrez Mellado
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Torcuato Fernández Miranda entre el Presidente Adolfo Suárez y el General Gutiérrez Mellado

LA CRÍTICA, 28 OCTUBRE 2019

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Queridos amigos: A través de las diecisiete Cartas anteriores he intentado hacer memoria de lo que fue aquella famosísima Transición española basándome, por supuesto, en hechos históricos reales y demostrables. ...

... Aquella Transición la iniciaron las personas que habían servido con lealtad al franquismo y consideraron que era llegada la hora del cambio de un régimen autoritario a otro democrático. El mayor y más claro ejemplo del interés de todos para lograr el cambio fue la actitud coherente y generosa de aquellas Cortes de procuradores nombrados en el franquismo, que se disolvieron para que fuera aprobada aquella Ley para la Reforma Política.

Sin embargo, aquella primera parte de la Transición adoleció de tres errores gravísimos que influirían muy negativamente en el desarrollo de la misma:

–Creer los políticos que el mayor obstáculo para llevarla a cabo residía en la oposición del más potente poder fáctico de la época –según ellos– que eran las Fuerzas Armadas españolas.

–Que aquellos políticos se vieron muy influenciados por los que habían sido los opositores al franquismo quienes, después de su peregrinación a Munich en 1962, habían acordado aliviar y restituir el poder de los nacionalseparatistas vascos y catalanes –con el apoyo de la masonería– para que estos pobrecitos se rehicieran de la supuesta represión franquista contra ellos.

–Que, quien en realidad era el “cerebro” de la Transición, Torcuato Fernández Miranda, para ir “de la Ley a la Ley”, fuese apartado de la dirección técnica por Suárez cuando éste, sin saber bien lo que había que hacer, creyó en su personalidad y carisma para enfrentarse a una gigantesca empresa que lo terminó destruyendo.

Además de estos tres errores colosales, creo que la Transición se puede considerar dividida en dos fases: de 1976 a 1979 y desde esta fecha a 1982.

En aquellos tres primeros años y en una primera parte en la que la batuta de la dirección del proceso la mantenía Torcuato, las cosas se desarrollaron con una cierta prudencia y con el innegable apoyo del pueblo español, salvo cuando el señor Suárez mintió descaradamente a los más altos mandos militares para legalizar pocos meses después al PCE. A partir de aquí las FFAA, no sólo no creerían más en Suárez sino que, en su inmensa mayoría, no quisieron saber nada más sobre la famosa Transición. En el plano político, a pesar de la oposición de las izquierdas –en especial del PSOE- se alcanzó el famoso “consenso”, suficiente para celebrar las primeras elecciones generales en junio del 77 e iniciar la elaboración de la Constitución.

Hemos visto en las Cartas anteriores que aquélla se elaboró deprisa y corriendo mientras se iban desmantelando todas las grandes instituciones creadas durante el franquismo. El Rey y Suárez tenían prisa. Y estas prisas fueron la causa de que Torcuato Fernández Miranda se enfrentara con Suárez y, al final, fuera totalmente marginado por éste.

Por supuesto, en aquella elaboración de la Constitución no estuvieron presentes representantes del nacionalseparatista PNV. Pero sí del nacionalseparatismo catalán, que fue quien logró introducir en la Constitución la discriminación entre regiones y “nacionalidades”. Este último término ha sido causa de innumerables problemas para los españoles.

Ya vimos también que en aquella elaboración fue determinante el papel jugado por UCD y PSOE (Abril Martorell y Alfonso Guerra), que fueron quienes, a través de aquel famosísimo “consenso” determinaron el contenido de numerosos artículos de la Constitución. Por eso el texto de la misma quedó expuesto a poder ser interpretado a gusto de quien pudiera tener la oportunidad de poder hacerlo, en especial a través de Leyes Orgánicas.

Aprobada la Constitución por el pueblo español en diciembre del 78 –me pregunto siempre cuántos españoles se leyeron el texto de la misma-, siendo Cataluña la región que la apoyó con más entusiasmo, en marzo del 79 se celebraron las segundas elecciones generales. A través del famoso discurso de Suárez en TVE –llamado el discurso del miedo- las ganó de nuevo UCD. Este hecho provocó en el PSOE la ruptura del famoso “consenso” y los socialistas se juramentaron para acabar con Suárez y UCD para alcanzar el poder. La AP de Fraga se hundió cuando obtuvo sólo 9 escaños.

Un mes después, en abril del 79, se celebraron las primeras elecciones municipales. En las grandes ciudades, a pesar de ganarlas los representantes de UCD o de AP, en virtud de la conjunción socialcomunista se hicieron cargo de los Ayuntamientos socialistas y comunistas. Ocurrió en Madrid, por ejemplo, cuando el anarcomarxista Tierno Galván se hizo cargo del Consistorio con el apoyo de comunistas.

A todo esto, la situación en España iba empeorando mes tras mes en cuanto a los ataques del terrorismo –este año sería el más sangriento de aquellos “años de plomo” –, en cuanto a un paro creciente, en cuanto a la cada vez mayor inseguridad ciudadana, con unas huelgas salvajes incontables promovidas por unos sindicatos de clase decimonónicos y con el imparable proceso autonómico que, en realidad, nadie sabía bien qué hacer con él. Sobre todo después de ser aprobadas las preautonomías vasca y catalana, las primeras de primera.

En mayo, en el XXVIII Congreso del PSOE, Felipe González dimitió como secretario general del Partido. Su tesis fue que al marxismo socialista había que arrinconarlo. Un partido que aspiraba el poder en España, cuando nuestra nación pertenecía al mundo occidental, no podía presentarse como un partido marxista. Y chocó con los marxistas ortodoxos del Partido.

Por otro lado y de acuerdo con el texto constitucional, comenzó el llamado asociacionismo judicial que conduciría, a la larga, a convertir esas asociaciones en apéndices de los partidos políticos en virtud del ideario de cada asociación. De alguna manera, la Justicia comenzaba a politizarse.

A partir de aquellas elecciones municipales, en los Ayuntamientos socialcomunistas comenzó el revanchismo contra todo lo que recordara al franquismo. Se quitaron nombres de calles, se derribaron estatuas y se retiraron placas con nombres que aludían a personas que se habían distinguido de algún modo a favor del bando nacional en la Guerra Civil. El socialcomunismo empezaba así a desquitarse de la derrota sufrida en aquella Guerra… muerto Franco, claro.

Descabezado el PSOE, en septiembre se celebró un Congreso extraordinario –el “XXVIII y medio”- al que F. González llegó como el gran triunfador después de la labor realizada por A. Guerra. Conclusión: “Había que ser socialista antes que marxista”. ¿El PSOE se convertía en un partido socialdemócrata pudiendo ser un poquito marxista? F. González lo dejó claro: él nunca sería socialdemócrata.

A partir del verano de este año UCD comenzaba a dar síntomas de desintegración. La situación política era desastrosa, sobre todo por el desconocido y vertiginoso proceso autonómico. Personalidades de diferente signo se reunieron en diversas ocasiones para estudiar cómo frenarlo, sobre todo para que la Corona quedara a salvo de este problema y de las consecuencias de los terrible ataques terroristas. El CESID elaboró un borrador sobre una posible “Operación De Gaulle”.

En octubre se aprobaron en referéndum los Estatutos de Autonomía vasco y catalán antes de que se constituyera el Tribunal Constitucional. Nadie sabía cómo se financiarían las Autonomías. Se ponía el carro delante de los bueyes. UCD y PSOE acordaron aprobar una ley de Financiación para ellas, la LOFCA y, naturalmente, Pujol se opuso a ella.

1979 acabó con un reguero insoportable de sangre producido por los terroristas. 160 víctimas de ETA (80 de ellas carbonizadas en el hotel “Corona de Aragón” en Zaragoza), más 21 asesinadas por el GRAPO. A razón de un asesinato cada dos días. Una horrorosa y terrible carnicería en plena Transición.

¿Y los políticos? Frente a esta barbarie solemnísimas declaraciones inútiles para enterrar a los caídos deprisa y corriendo. Pero a aquellos asesinos de ETA se les llamaba en muchos ámbitos de Vascongadas “patriotas vascos”.

En resumidas cuentas, en esta primera fase de la Transición se habían conseguido los siguientes grandes objetivos:

–Que los herederos directos del franquismo pusieran en marcha el proceso y se autodisolvieran para dar paso a la democracia.

–Que a los militares se les considerase enemigos de esa democracia, se les humillara y se les marginara.

–Que se elaborara una Constitución tan abierta que cupiera en ella cualquier ideología, por nefasta que fuera para España y tan manipulable que se pudiera modificar mediante Leyes Orgánicas.

–Que a los nacionalseparatistas de siempre –entonces llamados “nacionalistas moderados”- se les otorgara un poder enorme que, a largo plazo, aprovecharían para promover la secesión de España.

–Que, a partir de las elecciones de 1979, el consenso (la famosa reconciliación) entre los políticos terminó.

–Que el terrorismo asesino de ETA y GRAPO se hiciera insoportable y fuera en aumento. Y la situación socioeconómica no mejorara en la práctica.

–Y que la UCD de Suárez comenzara a desintegrarse en virtud del declive de su líder y la ambición de sus “barones”.

1980 se presentaba con muy malos augurios.

Un abrazo a todos.

Enrique Domínguez Martínez Campos

Coronel de Infantería DEM (R)
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