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Pedro y Pablo: dos pilares

Lienzo de San Pedro y San Pablo (Anónimo reproducido por El Greco), Museo del Prado, Madrid
Lienzo de San Pedro y San Pablo (Anónimo reproducido por El Greco), Museo del Prado, Madrid
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Pedro fue el primero en confesar la fe; Pablo, el maestro insigne que la interpretó; aquel fundó la primitiva Iglesia con el resto de Israel; éste la extendió a todas las gentes”. Así lo establece el prefacio de la Misa de su festividad, el 29 de junio y san Agustín considera su martirio como el signo de unidad de la Iglesia...

... En efecto, esta festividad se celebra en la Iglesia, desde el siglo lV, precisamente, el día 29 del mes de Junio. “En los Hechos apócrifos de Pedro y Pablo (siglo V, escritos bajo el influjo de León Magno), formados por la refundición revisada de los Hechos de Pedro (siglo ll) y de los Hechos de Pablo (siglo ll), se demuestra la perfecta armonía de los dos apóstoles martirizados juntamente en Roma. Según el testimonio más antiguo de Tertuliano (siglo ll), Pedro de Betsaida, murió crucificado el año 67; y, según Orígenes, con la cabeza hacia abajo (como solían crucificar los romanos a los esclavos). Pablo de Tarso, fariseo de fe convertido luego (se duda si el año 31 o 32), después del segundo encarcelamiento de Roma fue decapitado el año 67 (como atestigua asimismo Tertuliano según una tradición constante). (Enzo Lodi, LOS SANTOS DEL CALENDARIO ROMANO, Ed. San Pablo, 1993, p. 216). Dado que Pedro no era un esclavo, parece más cierta la tradición de que fue el mismo Pedro el que pidió que se le crucificara con la cabeza hacia abajo, por pensar que era indigno de ser crucificado igual que su Maestro, Jesucristo, con la cabeza en alto.

Como se dice, el recuerdo del dies natalis de Pedro y Pablo se considera signo de la unidad de la Iglesia, que implica, en primer lugar, la unidad con el Papa, puesto que, incluso en los casos en los que muchos de los hechos y acciones de varios de los papas que sucedieron a Pedro fueron reprobables, como ocurrió en el Siglo de Hierro, dichos papas no modificaron un ápice el contenido de la Fe.

Resulta difícil negar que Pedro fue el primer Papa de la Iglesia católica. Sobre esta discusión de San Pedro en la actuación primacial en la Iglesia, el mismo Nuevo Testamento lo demuestra, cuando un día, en Cesarea de Filipo, mientras caminaban, Jesús preguntó a los suyos: ´Vosotros, ¿quién decís que soy Yo? Respondió Simón Pedro y dijo: Tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo´. A continuación, Cristo le promete solemnemente el primado sobre toda la Iglesia (Mateo 16,18-19).

Posteriormente, su biógrafo Pedro Cantero Cuadrado, reproduce una serie de hechos, también del Nuevo Testamento, que confirman esta primacía: “Efectivamente, fue San Pedro quien anatematiza al primer heresiarca Simón el Mago; quien recibe la ilustración de Cristo en orden a la universalidad de la joven Iglesia y marcha a Cesarea a convertir al centurión romano Cornelio; quien preside y define la actitud dogmática de la Iglesia en el Concilio de Jerusalén; quien propone a los fieles la elección del sustituto del traidor Judas en el Colegio Apostólico; quien inaugura el día de Pentecostés y quien se levanta, en nombre de todos, para arengar a la multitud y exponer la doctrina y el mensaje divino de Jesús; quien es consultado y obedecido por San Pablo; quien anuncia el castigo a Ananias y a Tacita, y es citado y ocupa siempre el primer lugar. Todos acuden a Pedro, y Pedro acude a todas partes, dejando con sólo la sombra de su cuerpo una estela de milagros, y abriendo con su palabra horizontes de unidad, de universalidad y de paz.”

Y respecto de Pablo y su relación con Pedro, escribe: “Pablo en su conversión fue a Jerusalén, en la que a la sazón se encontraba Pedro, el antiguo pescador de Galilea y Bernabé, hombre que calaba hondo en los espíritus y vio en Saúl, un alma privilegiada. Presentó el neoconverso a Pedro y le contó lo sucedido. Éste le invitó con amorosa insistencia a que se quedara con él en casa de la hospitalaria María, la madre de Marcos, el futuro evangelista, sobrino de Bernabé. Allí estuvo Pablo quince días bebiendo a boca llena la verdad en aquella nueva fuente que Dios ponía en su camino; la primitiva tradición cristiana llegaba hasta él por la boca más autorizada, la del pastor primero de la cristiandad.” (Pedro Cantero Cuadrado, AÑO CRISTIANO, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 1959, p. 764).

Es cierto que todos los papas han sido objeto de mayor o menor valoración. Pero, como es sabido, nunca se debe juzgar a la persona, porque desde el punto de vista antropológico se demuestra que es un error, aunque sí existe la obligación de juzgar sus hechos. Se señala lo anterior, porque lo que se afirma a continuación de la mano de Francisco Fernández-Carvajal, puede resultar objeto de polémica.

“Cambiar el nombre equivalía a tomar posesión de una persona, a la vez que le era señalada su misión divina en el mundo. Cefas (Roca) no era nombre propio, pero el Señor lo impone a Pedro para indicar la función de Vicario suyo, que le será revelada más adelante con plenitud (Mt 16, 16-18)… y nosotros podemos examinar cómo es nuestro amor con obras al que hace las veces de Cristo en la tierra: si pedimos cada día por él (el Papa), si difundimos sus enseñanzas, si nos hacemos eco de sus intenciones, si salimos con prontitud en su defensa cuando es atacado o menospreciado. ¡Qué alegría damos a Dios cuando nos ve que amamos, con obras, a su Vicario aquí en la tierra! Desde los comienzos, la situación de Pedro en la Iglesia es la de Roca sobre la que está construido un edificio. La Iglesia entera, y nuestra propia fidelidad a la gracia, tiene como piedra angular, como fundamento firme, el amor, la obediencia y la unión con el Romano Pontífice; ´en Pedro se robustece la fortaleza de todos´, enseña San León Magno.“ (Francisco Fernández-Carvajal, HABLAR CON DIOS, tomo Vl, Ediciones PALABRA, 1989, p. 454).

Siempre resaltando la unidad de la Iglesia que significa el martirio de estos dos apóstoles, conviene reproducir lo que escribe José-Román Flecha Andrés, sobre san Pablo: “Las discusiones sobre su religión no se limitaban al terreno ritual. Pablo sabía y predicaba que la Ley de Moisés no podía salvar al hombre y que la salvación le venía por la fe en el Mesías Jesús. De ahí, la universalidad de su mensaje. Por otra parte, la afirmación de la resurrección de aquel Jesús que predicaba era fuente de vida, de esperanza y de compromiso moral para él y para todas las comunidades que fundaba y apoyaba”. (José-Román Flecha Andrés, NUEVO AÑO CRISTIANO -director: José. Martínez Puche-, Ed. EDIBESA, 2001, p. 543).

Por su parte, el papa Pablo VI, insiste en esta misma interpretación: “Los Apóstoles Pedro y Pablo son considerados por los fieles cristianos, con todo derecho, como los primeros pilares, no sólo de la Santa Sede Romana, sino además de la universal Iglesia de Dios vivo, diseminada por el orbe de la tierra. Fundadores de la Iglesia de Roma, Madre y Maestra de las demás comunidades cristianas, fueron quienes impulsaron su crecimiento con el supremo testimonio de su martirio padecido en Roma con fortaleza: Pedro a quien nuestro señor Jesucristo eligió como fundamento de su Iglesia y Obispo de esta esclarecida ciudad, y Pablo, el Doctor de las gentes, maestro y amigo de la primera comunidad aquí fundada”.

Lo más acertado para concluir con el significado de la unidad de la Iglesia, en la vida y muerte de Pedro y Pablo, es con san Agustín y la Oración de su Misa. Así, el sermo, 295 de san Agustín: “En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. Es que ambos eran en realidad una sola cosa aunque fueran martirizados en días diversos. Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para nosotros por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, su testimonio y su doctrina.” Y en la Oración se añade: “Señor, tú que nos llenas de santa alegría en la celebración de la fiesta de san Pedro y san Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre unida y fiel a las enseñanzas de aquellos que fueron fundamento de nuestra fe cristiana.”

Pilar Riestra
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