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Ciudadanos (C's): el abrazo del oso

Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos
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Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos

17 DICIEMBRE 2017

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En la segunda oportunidad que el devenir político español le está dando a la formación naranja, hay algunos apoyos que esta debería analizar con algo más de perspectiva y rechazar de plano, so pena de convertirlos en lastres propios –en el caso de que no lo sean ya–, cuestión que ayudaría a explicar el retroceso y posterior estancamiento de Rivera y los suyos a nivel nacional.

Me refiero a la continua utilización del partido de Albert Rivera como arma arrojadiza contra todo lo que se mueve por aquellos que encontraron en él –y siguen encontrando– su vía de venganza personal y torera por ofensas recibidas –fundamentalmente económicas, pero no solo, de poderes públicos que antojaron suyos por derecho– y que son personajes amortizados por su propia trayectoria sin que se den por enterados, autodefinidos como liberales –cajón de sastre este del liberalismo en el que dicen caber todos (¡vaya!, ya tenemos osera)– tales como Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos, entre otros de menor prosapia, inteligencia, desparpajo y proyección social.

Conviene recordar que dos fueron las razones del retroceso y estancamiento de Ciudadanos después de la convocatoria electoral de 2015, en la que obtuvieron tres millones y medio de votos de los que, seis meses después, en la repetición de los comicios, perdieron cuatrocientos mil teniendo que marcharse a casa 8 de los 40 diputados electos.

La primera y más obvia fue el derrape continuo, durante los pocos meses que duró la legislatura, de la acción política de Ciudadanos, consecuencia probablemente de la inexperiencia y ansia de protagonismo de sus dirigentes. La segunda y quizá más importante, la inconsistencia de las estructuras provinciales internas del partido en manos, en su mayoría o al menos en gran medida, de personajes distantes del ideario ilusionador transmitido por el propio Albert Rivera a través de los medios de comunicación e incapaces, provincia a provincia, de atraer hacia sus cuadros y candidatos el respeto y los votos de los ciudadanos.

La cuestión catalana parece haber puesto, en la primera de las razones esbozadas, orden y concierto en el mensaje político de Ciudadanos. Ignoro, dada la lasitud de la vida interna de los partidos en los largos periodos interelectorales –sobre todo en los niveles provinciales y locales– si la segunda de las razones persiste, aunque es muy probable que sea así. Añadiré, pues, esta tercera como no menor, a tenor del descrédito y ansia de venganza de los personajes referidos –más como modelos que como personas– a la crisis de crecimiento y consolidación de Ciudadanos como auténtica alternativa de gobierno.

Y añadiré también que todavía Ciudadanos está a tiempo de dar respuesta a los millones de españoles que, dada su hartura y frustración con la política y los políticos, permitieron hace dos años su emergencia a nivel nacional. Y si lo está es porque esa hartura y frustración sigue saturando a muchos españoles, en mayor medida que entonces si cabe, y que siguen planteando las mismas demandas y reclamando las mismas soluciones.

Juan M. Martínez Valdueza

17 de diciembre de 2017
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