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Operaciones militares en Afganistán

Operaciones militares en Afganistán

14 OCTUBRE 2017

Por Javier Cabeza Taverné
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OPERACIONES MILITARES EN AFGANISTÁN[1]

Que nadie espere encontrar en estas líneas referencia alguna a la teatralidad; nada más alejado de algo tan serio como lo que el compromiso militar nos impone: el cumplimiento del deber. Tan serio es que, en los años que llevamos desplegados, por desgracia hemos perdido más de 100 compañeros de armas españoles.

No obstante, si tomamos los elementos de un drama para dar forma a este artículo y definir el marco espacio-tiempo en el que desarrollamos la acción, podríamos hablar del escenario, los actores, el público y, cómo no, la trama. Finalizaremos con el papel jugado por España, algunas enseñanzas obtenidas y algunas conclusiones.

El escenario

Cada misión tiene su propia personalidad que la hace diferente del resto, por los desencadenantes de inestabilidad, cultura, dinámica social, injerencias externas, intereses de la comunidad internacional, estrategia de la organización que la manda y un largo etcétera. ISAF ha sido una misión difícil y peligrosa, la mayor y más compleja a la que la OTAN, bajo los auspicios de la ONU, se haya enfrentado nunca.

El escenario es Afganistán, en el corazón de Asia; un país árido devastado por una guerra de más de tres décadas; una estructura social fragmentada y con fuertes tendencias centrífugas; una agricultura y ganadería de subsistencia; una industria incipiente, por no decir inexistente; importantes recursos minerales, hidráulicos y comerciales; 80 km de ferrocarril, una escasa red de carreteras, caminos y vuelos nacionales e internacionales; 15 canales locales de televisión y 60 emisoras de radio; 17 millones de usuarios de teléfonos móviles de cinco operadores; un anillo de fibra óptica en construcción. E infinidad de proyectos.

La Comunidad Internacional ha emprendido algunas iniciativas para mejorar este escenario. En la Conferencia de Bonn (DIC 11), los países participantes acordaron mantener una asociación duradera en apoyo de Afganistán en lo que se denominó la Década de Transformación (2015-2024). Tres conferencias internacionales posteriores se celebraron para acordar compromisos concretos que materializan el acuerdo de Bonn: la Cumbre OTAN de Chicago (MAY 12) en la que varios países y la propia OTAN firmaron Acuerdos de Asociación Estratégica con Afganistán; la reunión Ministerial del Proceso de Estambul (JUL 12); y la Conferencia de Tokio (JUL 12), donde las naciones acordaron un plan de desarrollo decenal, con revisiones bienales.

Por último, la conferencia de Londres (DIC 14) revisó los compromisos de las conferencias anteriores e impulsó los acuerdos alcanzados para la Década de transformación (2015 – 2024) y renovó los compromisos de ayuda de la Comunidad internacional en las áreas de gobierno, seguridad, paz, desarrollo económico y social, derechos humanos (en particular para mujeres y niños) y cooperación regional.

Se constituyó una Asociación para la Autosuficiencia de Afganistán, de la Transición a la Transformación, con acuerdos en las tres áreas clave: seguridad, desarrollo económico y gobernanza; y el compromiso de invertir 16 M$[2] en cuatro años (2012-15) para cubrir el déficit anual afgano, estimado por el Banco Mundial en 4 M$. Este acuerdo fue renovado en la Conferencia de Londres con aportaciones similares hasta fin de 2017. Eso sí, los firmantes impusieron condiciones y controles al Gobierno de la República Islámica de Afganistán (GIRoA)[3] en las áreas de democracia, elecciones libres, buen gobierno, derechos humanos, integridad, estado de derecho, presupuestos y control estricto del gasto y del destino de las inversiones.

Los actores

Bajo la batuta del director, UNAMA, los actores visibles son el GIRoA, incluidas sus Fuerzas de Seguridad (ANSF), la OTAN y los insurgentes en sus múltiples facciones (Talibán, Red Haqqani, DAESH, …); otros actúan entre bastidores y también hay una miríada de actores secundarios cuyo papel varía en importancia.

La Misión de Naciones Unidas para Afganistán, bajo cuya dirección actúan todos los actores visibles cuyo papel figura más abajo, es compleja por el propio escenario que implica la reconstrucción total de un país. En constante riesgo de su gente, trata de mantener la línea acordada por el Consejo de Seguridad y ratificada en sucesivas Resoluciones, coordinando todos los recursos y medios para aliviar el sufrimiento de la castigada población de Afganistán.

Las contestadas elecciones de 2014 arrojaron como vencedor al que hoy es el Presidente de la República Islámica de Afganistán, Ashraf Ghani, que resultó elegido con más del 56% de los votos. La formación del nuevo gobierno de coalición[4] (incluye miembros del partido de su principal rival Abdullah Abdullah) supuso un paso más en la consolidación de la frágil democracia que, con sus peculiaridades, existe en este país.

La Carta Magna afgana establece como principios la democracia, la separación de poderes y las elecciones libres. La Constitución no establece, pero forman parte del día a día, las rencillas de poder, las tendencias centrífugas, la estructura nacionalista, étnica y tribal, los líderes locales (señores de la guerra) y los enfrentamientos que generan, el tráfico de estupefacientes; pero cualquier país democrático sufre esta dinámica en mayor o menor medida.

El GIRoA tiene que hacer frente a una ingente labor, como es la de adiestrar, con el apoyo de la Comunidad Internacional, un adecuado cuerpo de funcionarios que sean capaces de gestionar adecuadamente el país, porque donde hay buen gobierno, la seguridad es mayor. Las áreas prioritarias deberían ser Educación, Justicia, Hacienda y Desarrollo.

El segundo actor importante, enmarcado en el anterior, son las Fuerzas Nacionales de Seguridad Afganas (ANSF), que en seis años (2006 - 2012), pasaron de una función auxiliar a estar visible y progresivamente al frente de las operaciones, incluyendo una fase intermedia de luchar contra la insurgencia codo a codo con las fuerzas de ISAF. A finales de 2014 finalizó el proceso de transición de responsabilidad y asumieron definitivamente la seguridad de su país, quedando la OTAN en una misión de asesoramiento, apoyo y adiestramiento, no de combate, con la transformación de ISAF en Resolute Support.

Las ANSF han demostrado que son capaces de hacer frente a los ataques de la insurgencia y resistir su presión, si bien adolecen de falta de liderazgo, consecuencia de los equilibrios políticos forzados, corrupción endémica, sostenimiento logístico, evacuación médica y, en especial, de una Fuerza Aérea capaz de garantizar el apoyo aéreo de fuego y transporte.

Los principales grupos insurgentes son: los Talibán (TB), centrados en las provincias de Kandahar y Helmand en el sur del país y con una influencia creciente en Kunduz; la Red Haqqani (HN), basada en el Waziristán paquistaní y orientada hacia las provincias de Khost, Logar y Ghazni; y el DAESH[5], presente en 25 de las 34 provincias del país. Reciben apoyo de las agencias de inteligencia de algunos países interesados en mantener la inestabilidad y no tienen problemas de reclutamiento entre la población establecida a caballo de la frontera Afganistán – Pakistán, con una juventud ideológicamente adoctrinada en las escuelas coránicas.

Las tácticas que utilizan son la intimidación y extorsión de la población afgana y la infiltración, las emboscadas, los ataques de fuego indirecto y el empleo de bombas improvisadas (IED) en todas sus variantes. En los últimos años han pasado a una nueva fase con la ejecución de algunos ataques en fuerza y la toma de objetivos por tiempo limitado, como ocurrió con la conquista de Kunduz[6] en septiembre de 2014 o la batalla por el control del distrito de Sanguin (Helmand) en el sur del país.

Entre bastidores actúan los países con intereses en Afganistán; de la inestabilidad calculada que busca Irán a la profundidad estratégica de Pakistán; de la alianza en tenaza de India a la explotación de recursos de China; de la estabilidad que buscan los países occidentales y los vecinos del norte afgano al fracaso en la misión que ansía Rusia; por último, las inversiones culturales y económicas saudíes y de los países del Golfo. Y el dinero de Japón.

No menos importante es el papel que juegan el resto de actores (Organizaciones no Gubernamentales, Unión Europea, Organizaciones Internacionales, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Asiático de desarrollo y un largo etcétera) que en mayor o menor medida contribuyen a la reconstrucción.

El público

A caballo entre actor pasivo y público se encuentra una población hecha al sufrimiento y culturalmente islámica, donde el valor de la vida humana, y menos aún de la mujer, no es equiparable a nuestro concepto occidental; harta de privaciones, extorsiones y guerra como lo demuestran los movimientos anti-talibán que surgen espontáneamente por toda la geografía del país y que se mantiene expectante a la espera de la inclinación del fiel de la balanza, hacia las ANSF o hacia la insurgencia; pero siempre con la esperanza de que se incline definitivamente hacia las primeras.


Aunque los afganos estaban preocupados por una posible retirada del apoyo de la comunidad internacional, aspecto en el que la propaganda insurgente hace especial hincapié, los recientes acuerdos firmados en las sucesivas reuniones y en la cumbre OTAN de Gales arrojaron una cierta tranquilidad y la población afronta el futuro con cierto optimismo.

Una gran parte de este público es femenina y merece mención aparte puesto que los derechos de las mujeres en Afganistán sufrieron un gran retroceso tras la retirada de los rusos y la subsiguiente lucha fratricida y, en especial, tras el ascenso de los Talibán al poder quienes las relegaron por la fuerza a un papel muy secundario. La mujer recibe un trato diferente según las zonas, el ambiente y la etnia de que se trate, habiendo grandes diferencias entre el ambiente urbano y el rural, entre el norte y el sur.

También forman parte del público las sociedades de los países que participan en la misión, que poco a poco va perdiendo interés, y se preguntan por su necesidad. Su percepción, basada en la información que reciben a través de los medios, queda reflejada en la imagen adjunta.

En España hay un claro desinterés sobre Afganistán, en especial tras el repliegue de nuestras fuerzas en OCT 15, que sólo despierta ante ataques y atentados que llamen la atención de los medios de comunicación social. Las bajas civiles, los ataques selectivos y, en especial, la corrupción y la crisis económica llevaron a que nuestra presencia en Afganistán fuera vista con ojos críticos, amén de un gasto innecesario. Tampoco ayudó mucho el sentimiento antiamericano de algunos grupos extremistas, que acusan a la OTAN de haberse dejado arrastrar a esta guerra.

La trama

En la época reciente, los actos Primero (reinado del Rey Zahir Shah), Segundo (Invasión soviética) y Tercero (Guerra civil y Régimen Talibán), con sus correspondientes entreactos, pertenecen al pasado; nos centraremos en el acto Cuarto, OTAN, presente en el país desde 2003 según lo acordado en la Cumbre de Praga.

Efectivamente, la OTAN inició el despliegue de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad en 2003. Esta operación, inicialmente limitada al entorno de la capital Kabul, pronto se expandió al resto del país pues, en 2005, la Alianza asumió progresivamente la autoridad en las regiones norte, oeste, sur y este.

La estrategia conjunta sobre Afganistán, acordada por los países miembros de la Alianza Atlántica en la Cumbre de Lisboa (2010), marcó el objetivo de transferir la responsabilidad de la seguridad al GIRoA para finales de 2014.

La Cumbre de Chicago (mayo 2012) corroboró el acuerdo anterior y definió la continuidad del apoyo, como lo demuestra la Declaración conjunta Afganistán – OTAN y el Acuerdo de Asociación Estratégica (NSPA) firmado entre ambos. De hecho, el 10 OCT 12 los Ministros de Defensa aprobaron la Directiva Inicial del Consejo del Atlántico Norte que regulaba el formato de la misión post-ISAF, con cometidos de asistencia, asesoramiento y adiestramiento de las ANSF, no de combate, que está operativa desde enero de 2015.

Tras varios años de lucha, la OTAN consiguió limitar la libertad de acción de la insurgencia en 2012, que sólo podía actuar en cada vez menos distritos, de manera que el 80% de la población sufría menos del 20% de los ataques.


Conforme se incrementó la capacidad de las ANSF, ISAF fue reduciendo fuerzas, por innecesarias, y apoyando los Cuarteles Generales y unidades que lo necesitaban, centrándose en el papel preponderante de la Policía Afgana (ANP).

Subsidiariamente continuó mejorando la gobernanza y el desarrollo, clave para que el proceso dure en el tiempo. En concreto, adiestrando la administración pública y mejorando la conexión entre los niveles de gobierno nacional y periférico, imprescindible para proporcionar adecuado servicio público a la población. La tabla adjunta[7] resume la ingente labor de desarrollo que la presencia de la OTAN en el país ha posibilitado.

El 01 de enero de 2015 comenzó la Misión Resolute Support (RSM), que tiene como objetivo la asistencia, asesoramiento y adiestramiento de las instituciones de seguridad afganas. En esta misión participan unos 13.000 soldados, pertenecientes a OTAN y a otras 14 naciones contribuyentes. Inicialmente prevista hasta finales de 2016, la Alianza acordó en la Cumbre de Varsovia (08-09 JUL 16) continuar apoyando la estabilidad de Afganistán para que no vuelva a ser santuario de terroristas. Cuando finalice, la OTAN continuará financiando las ANSF y pondrá en marcha una misión en el marco del NSPA; esta Asociación podría consistir en una presencia OTAN reducida, con liderazgo civil y labores en los campos de desarrollo institucional y capacidades.

El papel de España

La misión de las tropas españolas en Afganistán, en la que ha participado personal de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil, desde su inicio (ISAF-2002) hasta el día de hoy (RSM-2017) constituyó uno de los retos más importantes asumidos por España en los tiempos recientes. El sostenimiento de un contingente que llegó a ser de 1.700 soldados a una distancia de más de 6.000 kms supuso la confirmación de las capacidades expedicionarias de las FAS y puso de manifiesto el firme compromiso de España con sus aliados de la OTAN en la contribución a la seguridad y estabilidad internacionales en un escenario tan complicado como Afganistán.

Junto al resto de los aliados y en cooperación con otros organismos del estado, como la AECID del MAEC[8], las tropas españolas contribuyeron a apoyar la acción del Gobierno de Afganistán para fomentar la seguridad, gobierno y desarrollo económico y social del país. Esta contribución sirvió para mejorar las condiciones de vida de la población, disminuir la mortalidad infantil y aumentar la escolaridad de los niños en la región.

Las operaciones en Afganistán (combate terrestre, control de zona, asistencia, adiestramiento, sostenimiento, inteligencia, protección de la fuerza, ayuda humanitaria, desarrollo, evacuación sanitaria, …), ejecutadas en condiciones meteorológicas extremas en un entorno austero contra un enemigo muy aguerrido, han enriquecido considerablemente la experiencia operativa de nuestras Fuerzas Armadas y exigido un gran esfuerzo y sacrificio de los militares españoles desplegados. Otro aspecto destacable ha sido la progresiva modernización y adecuación del material desplegado.

Durante la operación se recibieron numerosas muestras de agradecimiento de la población y autoridades afganas, a las que hay que añadir el reconocimiento internacional por la preparación y profesionalidad de nuestros soldados. Con todo, el mejor premio es que la sociedad española haya reconocido y elogiado públicamente la actuación de nuestras tropas en el exterior.

Como valoración final, nuestras FAS salen de la experiencia de Afganistán orgullosas de la tarea realizada, más robustas, mejor dotadas, con más experiencia operativa y, en definitiva, más capacitadas para afrontar despliegues en otros escenarios repartidos por todo el mundo en donde lo demanden la seguridad y los intereses nacionales.

Enseñanzas

Las principales enseñanzas que se pueden obtener de ISAF[9] están relacionadas con todos los aspectos que abarca una operación de contrainsurgencia, desde el armamento y equipo individual hasta la actuación de las naciones participantes. En resumen, son las siguientes:

  1. La rotación de unidades, si bien distribuye la carga entre todos los componentes del ejército, conlleva una pérdida de la experiencia acumulada y reduce la confianza que debe existir entre las fuerzas locales y quienes las adiestran y asesoran.
  2. La organización, armamento y equipo de las unidades y su sostenimiento deben estar adaptados a las peculiaridades del Teatro de Operaciones para evitar deficiencias explotables por el enemigo. Unidades más ligeras y con menos carga logística habrían sido más móviles y menos vulnerables en un entorno tan escaso en comunicaciones como Afganistán.
  3. El personal desplegado, en especial los asesores, deben ser capaces de comunicar directamente con las fuerzas locales, por lo que la formación en la lengua y cultura del país debe ser parte del adiestramiento desde el inicio de cualquier operación de estabilización.
  4. Es imprescindible lograr la unidad de mando, conjugando los intereses de las diferentes naciones y haciendo caso omiso de las pretensiones de los diferentes ejércitos participantes en aras de la eficacia en el cumplimiento de la misión.
  5. En este tipo de operaciones, las reglas de enfrentamiento deben limitar el empleo de la fuerza para conseguir reducir las bajas civiles a cero; asumiendo el riesgo que ello conlleva, la Protección de la fuerza debe estar subordinada a la protección de la población, como única forma de ganar la guerra contra la insurgencia.
  6. Deben agilizarse los procesos de adquisición de capacidades, dotando a las unidades del armamento, material y equipo adecuado a la situación, pues el enemigo actúa con enorme agilidad en este aspecto y conoce las debilidades de nuestras fuerzas.
  7. Las operaciones de contrainsurgencia requieren capacidades específicas de personalidad (temperamento, empatía, autocontrol, disciplina, etc.) para el mando y ejecución que no se adquieren con la instrucción y no todos los soldados son aptos para ellas. El efecto de una mala actuación puede echar por tierra en un día la labor de varios meses pues puede conllevar la pérdida de confianza de la población, clave para la victoria.
  8. Las estructuras de gobierno que se creen en el país o región deben ser acordes con la idiosincrasia local. Imponer una democracia de corte occidental en un país como Afganistán no casa con el tradicional reparto de poder y dificulta el buen gobierno.
  9. Deben limitarse las competencias y capacidades de las compañías de seguridad al servicio de intereses locales, pues pueden llegar a convertirse en milicias y tener un impacto muy negativo en la opinión de la población, que las considera parte de las fuerzas de estabilización. La retirada de licencias a las compañías de seguridad y la creación de la APPF en 2012 por el Presidente Karzai obró en este sentido.
  10. Contrainsurgencia y contraterrorismo no son sinónimos; antes bien, pueden ser incompatibles, pues el objetivo de la primera es la protección de la población mientras el segundo busca la supresión de las fuerzas terroristas, aún a riesgo de bajas civiles.
  11. Las operaciones de los Centros Nacionales de Inteligencia deben estar en armonía con las operaciones de contrainsurgencia; su actuación debe complementar y estar perfectamente coordinada con la de las tropas en el terreno evitando interferencias mutuas.
  12. Tarea extremadamente difícil, por no decir imposible, debe existir una clara definición del enemigo para evitar errores debidos a la sobreactuación, pues en este tipo de operaciones la insurgencia se confunde con la población.
  13. Las acciones de ayuda al desarrollo deben complementar las operaciones militares de seguridad y comenzar satisfaciendo las necesidades básicas de la población (agua potable, alimentos, sanidad, electricidad, saneamiento, etc). La inclusión de las tres Líneas de Operaciones (Seguridad, Gobernanza Desarrollo) en la Orden de Operaciones de ISAF alineó las acciones de las fuerzas militares con los objetivos de la comunidad internacional en aplicación del principio de Enfoque Global de la OTAN.
  14. Las operaciones militares deben ir acompañadas de una eficaz comunicación, basada en decir siempre la verdad, para tener siempre credibilidad y no perder el apoyo de la sociedad.

Conclusión

A pesar del enorme esfuerzo internacional en los ámbitos militar, económico y diplomático, y de las reformas acometidas para dotar al país de una administración política y unas Fuerzas Armadas capaces de afrontar los desafíos de seguridad, aún no se ha conseguido encauzar una situación que continúa siendo incierta. Afganistán continúa enfrentado a una insurgencia talibán activa y a movimientos del DAESH que irrumpen con fuerza en la región. El Gobierno Afgano debe evitar la fragmentación del país, dando absoluta prioridad a la lucha contra la insurgencia, y continuar las conversaciones con los Talibán. La Comunidad internacional debe incrementar los esfuerzos para una mayor implicación de los actores regionales a fin de que jueguen un papel determinante.

Cuando los soviéticos se fueron del país, mantuvieron la ayuda de millardos de rublos que durante la ocupación se centró en proyectos de infraestructura y de desarrollo social, amén de las Fuerzas de Seguridad, que mantuvieron a raya a los Talibán hasta que dejaron de ser financiadas. Fueron testigos del despilfarro de su esfuerzo y dinero a manos de un incompetente gobierno afgano. Además, el gran número de técnicos civiles en todos los ámbitos creó una cultura de dependencia que condujo al desastre. Tomemos buena nota de ello controlando el gasto y marcando los plazos adecuados hasta la finalización del apoyo.

Las siguientes palabras, pronunciadas por el Vicegobernador de Badghis alabando la actuación de las tropas españolas, pueden ser tomadas a modo de resumen: “Han mandado a su gente a nuestra tierra, tan inhóspita, y se han dejado vidas; estamos seguros de que seguirán a nuestro lado. Su presencia ha supuesto el primer paso de una rueda de progreso que no puede pararse. Acabada la transición, el Gobierno de Afganistán tendrá que actuar con las dos manos: con una ofrecerá la paz y con la otra hará la guerra. Está claro que nuestros enemigos los Talibán no quieren que el país avance, ni quieren el progreso de nuestra gente”.

Fuera de lugar queda la posibilidad de que el drama afgano descrito se transforme en comedia y de nosotros depende impedir que degenere en tragedia. Después de 3500 vidas de soldados de ISAF y más de 1 B$[10] invertidos en este país, abandonarlos ahora sería desperdiciar el sacrificio de los últimos años.

Madrid, octubre de 2017

General Div. (E.T.) Don Javier CABEZA TABERNÉ

[1] Este artículo es una actualización del publicado en la Revista Ejército con el título “El gran teatro afgano”

[2] Millardos de dólares USA.

[3] En este artículo seguiremos empleando este término, aunque tras las elecciones de 2014 el nuevo presidente de Afganistán (Ashraf GHANI, 21 SEP 14) impulsó la creación de un Gobierno de Unidad Nacional (GNU) como única forma de acabar con las divergencias con su principal opositor Abdullah ABDULLAH.

[4] GNU como hemos indicado antes.

[5] Acrónimo en árabe de ISIL (al-Dawla al-Islamiya al-Iraq al-Sham), esta palabra significa cizañero en árabe

[6] Esta ciudad de mayoría pastún es simbólica para los Talibán, pues fue la última de la que fueron expulsados tras la ofensiva de la Alianza del Norte, con apoyo norteamericano, tras la destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York.

[7] Fuente: Central Statistics Organization Islamic Republic of Afghanistan en http://web.archive.org/web/20140221024033/http://cso.gov.af/en/page/4722/

[8] Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo de Ministerio de Asuntos Exteriores

[9] Fuente: A decade of war, análisis publicado por el Pentágono en AGO 11.

[10] Billón de dólares USA

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