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La sociedad civil ante la hora de España

(Ilustración: La Crítica / IA).
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(Ilustración: La Crítica / IA).

LA CRÍTICA, 4 MAYO 2026

Por Íñigo Castellano Barón
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Hay momentos en la vida de una nación en los que la prudencia no puede confundirse con la pasividad, ni la moderación con el silencio. España atraviesa uno de esos momentos. Lo he venido señalando desde distintos ángulos, en artículos publicados en diversos medios: la crisis española no es ya una mera discrepancia política ordinaria, sino una crisis de fondo, institucional, moral y cívica. Una crisis que afecta al respeto debido a la ley, a la independencia de las instituciones, a la convivencia entre españoles y al sentido mismo de la vida pública. (...)

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Por eso resulta cada vez más necesario que la sociedad civil abandone la cómoda posición de espectadora y vuelva a ocupar el lugar que le corresponde. No para sustituir a los partidos, ni para caer en la agitación estéril, sino para recordar que la soberanía moral de una nación no reside únicamente en sus representantes sino también en la conciencia viva de sus ciudadanos. Ante el debilitamiento de las instituciones, la ocupación abusiva de espacios que no pertenecen al poder, la conversión de la mentira en instrumento de gobierno y el uso del sectarismo como sistema, la sociedad civil tiene el deber de ponerse en pie.

Durante demasiado tiempo se ha querido reducir la vida pública española a una lucha de siglas, bloques y trincheras. Pero hay realidades que están por encima de la disputa partidista. La libertad, la igualdad ante la ley, la limpieza institucional, el respeto a la verdad, la unidad de la nación y la dignidad de los ciudadanos no son propiedad de ninguna formación política. Son patrimonio común. Y precisamente por eso deben ser defendidas por todos aquellos que, desde sensibilidades distintas, aún creen que España merece un horizonte de decencia, estabilidad y sentido común.

En mis anteriores análisis he insistido en una idea que hoy me parece más urgente que nunca: España necesita recuperar una voz social libre, firme y transversal. Una voz que no se deje intimidar por el ruido, ni por la propaganda, ni por esa falsa superioridad moral con la que algunos pretenden descalificar toda discrepancia. La sociedad civil no puede permanecer encerrada en la queja privada, en la conversación de sobremesa o en la indignación de las redes. Hay ocasiones en que la presencia física, serena y multitudinaria en la calle se convierte en una forma legítima de testimonio nacional. En este contexto se sitúa la convocatoria realizada por Sociedad Civil Española, plataforma plural que coordina a más de ciento cincuenta asociaciones civiles, para celebrar en Madrid una “Marcha por la Dignidad” desde la Plaza de Colón, el próximo sábado 23 de mayo, a las 10:30 horas. Según la propia nota de prensa difundida por la organización, el objetivo es expresar la indignación de una parte muy mayoritaria de los españoles ante la deriva política e institucional que vive el país y exigir la dimisión inmediata de Pedro Sánchez.

Más allá del lema concreto de la convocatoria —“¡Sánchez, dimisión ya!”—, lo verdaderamente significativo es la oportunidad del momento. No se trata solo de protestar contra una persona o contra un gobierno. Se trata de afirmar que existe una España civil, responsable, trabajadora, respetuosa con la ley y cansada de ver cómo se degradan las bases de la convivencia. Una España que no acepta que el poder pueda convertir la excepcionalidad en costumbre, la concesión al separatismo en política de Estado, la división social en estrategia electoral y la resistencia institucional en simple obstáculo a remover. La dignidad en política no es una palabra decorativa. Es la conciencia de que hay límites que no deben traspasarse. Es la negativa a aceptar que todo vale si sirve para conservar el poder. Es la defensa de una España de ciudadanos libres, no de súbditos resignados. Y por eso, esta marcha ofrece una ocasión especialmente oportuna para que asociaciones, agrupaciones, sectores profesionales, entidades cívicas y ciudadanos sin adscripción partidista manifiesten públicamente su compromiso con la libertad y con el sentido común.

La sociedad civil española debe tomar la bandera de la libertad porque esa bandera no puede quedar abandonada en manos de los cálculos electorales. Debe tomar también la bandera del sentido común, porque España necesita volver a llamar a las cosas por su nombre. No hay regeneración posible sin verdad. No hay convivencia sólida sin ley. Una democracia deja de ser plena en la medida en que sus instituciones se ponen al servicio de una estrategia de permanencia en el poder. Y no hay nación que sobreviva indefinidamente si sus ciudadanos renuncian a defenderla. La cita es clara: Plaza de Colón, y de allí al Arco de Moncloa. No como un gesto más, sino como un acto de responsabilidad cívica. Porque llega un punto en el que el silencio deja de ser una opción neutral. Y porque España, una vez más, necesita que sus ciudadanos estén a la altura de su propia historia.

Iñigo Castellano y Barón


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Íñigo Castellano Barón

Escritor, historiador y articulista..

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