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Al mismo tiempo, sugiere que el Departamento de Estado fomente la implicación diplomática entre España y Marruecos para tratar su futuro estatus.
No cabe duda de que el documento que acompaña al proyecto de ley de presupuesto de 2027 (HR 8595), introduce un lenguaje que refleja una posición más favorable a las tesis marroquíes. También es verdad que, pese a la inclusión de estas consideraciones, el documento no altera la postura oficial de Estados Unidos. De hecho, la posición mantenida por Washington continúa siendo la de reconocer a Ceuta y Melilla como territorios bajo soberanía española. Tampoco supone un cambio en la política exterior estadounidense, ya que se trata de una recomendación enmarcada en un informe de carácter presupuestario.
A nadie se le escapa que en el texto de este documento ha tenido un especial asesoramiento y colaboración la diplomacia marroquí. No se entendería una redacción del documento, señalando tan particulares y detallados asuntos de relaciones bilaterales que existen entre dos potencias medias situadas en el entorno geopolítico del Norte de Africa y Africa Occidental (ANAO), que son ribereños y ejercen el control del Estrecho de Gibraltar, uno de los choke points más importantes del mundo con su gran importancia geoestratégica en el comercio mundial.
Llegados hasta aquí, lo que me gustaría destacar es la gran actividad que desarrolla la política exterior marroquí, frente a la pasividad de la política exterior española. En los últimos largos 50 años, desde 1975, la política marroquí ha conseguido notables éxitos como la realización de la Marcha Verde de 1975, el reingreso en la UA en 2017 después de su salida en 1984, la declaración de ampliar las aguas territoriales en el Atlántico, utilizando el territorio saharaui como si ya fuera de soberanía marroquí, lograr la posición de Estados Unidos en favor de su objetivo de alcanzar la soberanía sobre el Sahara Occidental, el cierre de las aduanas comerciales con Ceuta y Melilla, la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, de 31 de octubre de 2025, que renueva el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026 y califica la propuesta marroquí de autonomía del Sahara Occidental como “la solución más viable” o lo declarado en el informe mencionado anteriormente respecto a que Ceuta y Melilla son ciudades administradas por España situadas en territorio marroquí.
La Resolución 2797 ha sido presentada por Marruecos como una “victoria histórica”, pero expertos y funcionarios de la ONU han señalado que la misión de paz de Naciones Unidas (MINURSO) sigue siendo la misión para el referéndum, ni para la autonomía ni para la gestión de un “estatus especial”. La Resolución no reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio y no elimina el derecho de autodeterminación, reflejando más un ejercicio de diplomacia de compromiso que un cambio sustantivo.
Todo ello responde a una estrategia permanente de Marruecos de hacerse con Ceuta y Melilla después de alcanzar la soberanía sobre el Sahara Occidental, como prioridad absoluta. En el cumplimiento de dicha estrategia ha operado, fundamentalmente, en el campo internacional consiguiendo continuos apoyos a su propuesta de autonomía del Sahara Occidental, desde Estados Unidos hasta Japón, pasando por Alemania, Francia, Reino Unido, la UE, Israel o el Consejo de Cooperación del Golfo, entre otros. A esto se suma la propia postura de apoyo de España, adoptada por el presidente español, Pedro Sanchez, sin pasar por el Congreso, en abril de 2022.
Otro ejemplo reciente de esta actividad internacional marroquí lo constituye el Ejercicio conjunto marroquí-estadounidense African Lion 2026, que se celebró entre el 20 de abril y 8 de mayo pasados y movilizó a 19 países africanos. Es un ejercicio conjunto del Mando África de Estados Unidos (AFRICOM) y las Fuerzas Armadas marroquíes. Incluyó maniobras militares aéreas y terrestres y se llevó a cabo en varias ciudades marroquíes como Agadir, Tan-Tan, Taroudant, Kénitra y Berguerir. Participaron más de 5.000 efectivos de las fuerzas armadas de aproximadamente 40 países, reflejando un compromiso significativo entre Estados Unidos y Marruecos en el campo militar.
En el otro lado, la política exterior española está paralizada. Lo más urgente para defender los intereses estratégicos españoles consiste en retrasar todo lo posible el movimiento del vicesecretario de Estado estadounidense, Christofer Landau, que en su visita a Argelia y Marruecos los últimos días del pasado mes de abril, pretende lograr una solución mutuamente aceptable, sobre el Sahara Occidental, siempre a partir del reconocimiento de Washington a la soberanía marroquí sobre el territorio saharaui y su apoyo al plan de autonomía, rechazado plenamente por el Frente Polisario.
Para nuestros intereses estratégicos - ya lo he manifestado repetidamente en estas páginas - se considera fundamental el reconocimiento del Sahara Occidental como Estado independiente, sólido y democrático, toda vez que facilita el equilibrio estratégico en el teatro geopolítico ANAO, incrementa la seguridad de nuestro entorno estratégico más cercano, aumenta nuestra credibilidad y prestigio internacional al mismo tiempo que se impide a Marruecos adquirir la soberanía sobre el territorio saharaui paso previo para instituir el Gran Marruecos y constituirse en el principal rival geopolítico para España.
El peligro está en que después del Sahara, van Ceuta y Melilla. Lo ideal consiste en recuperar el plan de arreglo impulsado por Naciones Unidas en 1991. No debemos olvidar que la decisión adoptada por Trump a favor de Rabat es reversible. La cuestión saharaui no ha terminado todavía. En plena coherencia con el derecho internacional, el pueblo saharaui merece el derecho a votar y el pueblo español le corresponde el deber histórico, ético y moral de apoyarlo para que recupere su libertad.
Mientras Marruecos tiene como objetivo geopolítico claro al Gran Marruecos, la tendencia en España camina por el sentido contrario desintegrándose, perdiendo bazas estratégicas y primando el interés particular sobre la seguridad nacional y los intereses estratégicos.
Marruecos ha fortalecido mucho sus relaciones con Estados Unidos e Israel. La normalización con Israel en 2020 le dio acceso a tecnología militar, drones, ciberseguridad, computación cuántica e inteligencia artificial. Para España este fortalecimiento militar marroquí es muy preocupante, especialmente porque Rabat está adquiriendo sistemas avanzados estadounidenses e israelíes
Ceuta y Melilla siguen siendo la cuestión potencialmente más explosiva. España considera ambas ciudades parte integral del Estado español y protegidas por nuestra soberanía incardinada en la comunidad europea. Cualquier cuestionamiento de la integridad territorial española es una «línea roja» que afectaría gravemente a nuestros intereses estratégicos. Marruecos evita normalmente reclamaciones frontales agresivas, pero nunca ha renunciado completamente a la idea de recuperar esos territorios a largo plazo.
Es un hecho objetivo que hemos entrado en una nueva era geopolítica - caracterizada por la multipolaridad, la competencia geoestratégica y las tecnologías disruptivas - donde España ha perdido peso y prestigio en el entorno de la seguridad europea, mediterránea y mundial. Para recuperarlo y denominar y promover a España como una Gran Nación, nuestra política exterior debe reorientarse y centrarse totalmente en el mundo occidental alejándose de veleidades con países de regímenes autoritarios. Para ello, es preciso retrasar la iniciativa estadounidense del reconocimiento del Sahara Occidental señalada anteriormente, declarar firmemente nuestra soberanía sobre Ceuta y Melilla y fomentar una política exterior activa, imaginativa y resolutiva.
GD (R) Jesús Argumosa Pila
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