Formación de Blas de Lezo y Olavarrieta
Nació en febrero de 1689 en Pasajes de San Pedro (Guipúzcoa), en el seno de una familia de la nobleza local, acomodada, vinculada con el puerto y la mar. Era el tercer hijo de ocho que tuvieron sus padres y sus antepasados fueron marineros y pescadores, amén del sacerdocio, pues su tatarabuelo fue obispo en Perú.
En su tierra guipuzcoana era común el mayorazgo, por lo que Lezo decidió ser militar, y sus padres le facilitaron los estudios. Primero estuvo en la École Royal de Francia y en 1702 ingresó de guardiamarina en la Armada de dicho país a las órdenes del conde de Toulouse. Recordemos que entonces las marinas respectivas actuaban unidas, y que, tras la muerte de Carlos II de España sin descendencia, se firmaron pactos entre ambos países que perduraron hasta la conclusión de la guerra de Sucesión. Durante esos años, Lezo estudió y se formó como navegante con excelentes resultados.
La milicia
Con apenas quince años, Lezo participó en combates navales contra los enemigos de España. Su primera intervención tuvo lugar en la batalla naval de Vélez-Málaga, el 24 de agosto de 1704, contra el pirata Vernon y una escuadra inglesa-holandesa dirigida por el almirante George Rooke. Ambas escuadras, con medios similares, se situaron cerca de Marbella y ocuparon posiciones al alcance de su artillería.
Abrieron fuego a las diez horas de ese día y, en breve, una bala de cañón del bando contrario impactó en la pierna izquierda de Blas de Lezo, por debajo de la rodilla, y le hizo un gran destrozo. El médico del buque le amputó media pierna y el herido aguantó el dolor con entereza, pues hasta su jefe –el conde de Toulouse, también herido– envió una carta al rey Felipe V sobre su valor. Al final, las dos escuadras se retiraron por la noche con numerosas bajas. Lezo, en razón a su estado físico, fue llamado «pata de palo o pata corta» y el rey Luis XIV le ascendió a alférez de Bajel de Alto Bordo. A la par, el monarca español añadió una «Merced de Hábito»; esto es, primer paso para ingresar en una Orden Militar.
Al guipuzcoano le ofrecieron destino en la corte real, mas no aceptó porque deseaba dedicarse a la milicia. Navegó por el mar Mediterráneo luchando contra los piratas ingleses y participó en el sitio del castillo de Santa Catalina (Tolón, Francia), en donde tuvo la mala fortuna de que, en la lucha desde tierra contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya, un cañonazo enemigo despidió una esquirla que llegó a su ojo izquierdo y le impidió la vista para siempre. En 1707, le ascendieron a teniente de Bajel de Guardacostas.
Otra gesta tuvo lugar en Rochefort en 1710, cuando combatió con 10 barcos contra el Shanhope de 70 cañones, al mando de John Combs, con el triple de fuerzas. El español realizó maniobras de acercamiento y amenazó el abordaje, de modo que los ingleses, ante una posible derrota, huyeron del lugar. Por ello, el teniente fue ascendido a capitán de fragata.
Siguió librando diferentes combates contra las flotas rivales, y en 1712 recuperó su disponibilidad para el servicio en la Armada española. Sirvió a las órdenes del almirante Andrés de Pez y, merced a sus méritos militares, le ascendieron a capitán de navío. Al cabo de dos años, participó en el asedio de Barcelona al frente de la nave Campanella, dotada de 70 cañones, y se aproximó a las defensas enemigas. En ese hecho, acaecido el 11 de septiembre de 1714, recibió el impacto de una bala de mosquete en el antebrazo derecho, lo cual le inmovilizó ese miembro sine die. Otrora, Lezo contaba 26 años y ya estaba limitado por la falta de visión del ojo izquierdo y cojo del mismo lado, al igual que manco del brazo derecho; por ende, algunos le denominaban «medio hombre». Se convirtió en el marino más joven con mayor número de heridas en combate y en ejemplo de compañeros y superiores.
En Indias
Blas de Lezo estuvo varios años escoltando galeones de la Flota de Indias con el fin de evitar ataques de piratas y corsarios; y en 1720, al mando del buque Nuestra Señora del Pilar, asimismo llamado León Franco o Lanfranco, con 62 cañones, estuvo a las órdenes de Bartolomé Urdinzu en las aguas del virreinato del Perú con idéntica misión. Después del relevo de su jefe, ocupó su puesto.
Consiguió notables victorias ante los filibusteros: por ejemplo, en 1725 capturó al corsario holandés Flissinguen y otros huyeron del Pacífico. El mismo año casó en Lima con la joven criolla de 16 años Josefa Pacheco de Bustos, de familia comerciante, y tuvo siete hijos. Era huérfana y poseía una hacienda en el valle de Locumba y tres mayorazgos en Ovieco, Cañal y Pitiegua de Castilla, los cuales permitieron la supervivencia familiar, toda vez que Lezo no recibió sueldo alguno durante siete años por falta de recursos de la Corona.
Una vez que consiguió expulsar a los piratas del Mar del Sur, el marqués de Castelfuerte –a la sazón, virrey de Nueva Granada– ordenó la reducción de los efectivos de la flota en esas aguas debido a los ahorros de la Real Hacienda. Al respecto, el militar no estaba de acuerdo con ello y, en consecuencia, solicitó cambio de destino.
Mar Mediterráneo
En 1730 se trasladó a Cádiz para mandar la Escuadra del Mediterráneo y le encargaron la recaudación de dos millones de pesos depositados en Génova. Se reunió con miembros del Senado de esa localidad, quienes pusieron objeciones, y, tras dar vuelta a un reloj de arena allí presente, les dijo que, si no entregaban el dinero antes de que cayese el último grano de arena, bombardearía la ciudad. A poco, el galeón regresaba con el dinero a la península Ibérica.
Lezo fue designado en 1732 segundo jefe en una expedición dirigida por el general Francisco Cornejo y la misión de recuperar Orán. Contaba con 54 embarcaciones y 3.000 soldados y marineros, y todos intervinieron en la toma de la urbe. Ahora bien, cuando los vencedores regresaban, fueron atacados por el Bey (rey) Hassan de Argel. El marino acudió en su ayuda con 6 navíos y 5.000 hombres, y logró la victoria definitiva sobre el pirata en la ensenada de Mostagán, costa argelina. Transcurridos dos años, el guipuzcoano fue ascendido a general de la Armada y destinado a Cádiz en calidad de comandante general. A los tres años y al mando de dos buques de guerra y diez navíos, puso las proas rumbo al Caribe.
Cartagena de Indias
Esa ciudad ha sido llamada «Llave de las Indias»; sin embargo, en 1737 no estaba en condiciones de hacer frente a la gran flota inglesa que se estaba preparando para atacar dicha plaza. Lezo intentó conseguir más medios, pero hubo reticencias en mandos superiores.
El general español era consciente de que debía enfrentarse a la mayor flota nunca vista desde la Armada Invencible; por tanto, la dificultad era máxima. Aun así, el jefe de la expedición y sus hombres mejoraron las defensas con todas las fuerzas y medios disponibles.

A fin de lograr la ruptura del comercio atlántico español, los ingleses querían hacer una tenaza con el ataque de una escuadra en el océano Pacífico –al mando del almirante George Anson– y otro ataque en el Atlántico a cargo del almirante Verrnon. Este debía atacar los bastiones del Caribe y establecer posiciones permanentes, mas antes debía vencer a Lezo, ascendido a teniente general de la Armada y responsable de defender Cartagena de Indias.
El 23 de octubre de 1739 Inglaterra declaró la guerra a España, denominada Guerra del Asiento, que perduró hasta 1748 y se desarrolló en el Caribe con varias batallas, especialmente en Cartagena de Indias. En total hubo seis acciones.
La primera acción de Vernon, en las postrimerías de 1739, se orientó hacia La Guaira, pequeño puerto venezolano cercano a Caracas, si bien la oposición de la flota española arruinó sus intenciones. Allí Inglaterra careció de refuerzos.
La segunda acción –dirigida al fuerte de Portobelo el 22 de noviembre de 1739– respondía al compromiso del anglosajón ante la Cámara de los Comunes en cuanto a que tomaría esa plaza con solo 6 barcos. El inglés tomó la plaza y desafió a Lezo, y este le respondió:
Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera su Merced insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía.
En cuanto a la tercera acción, el pirata se aproximó a Cartagena de Indias en febrero de 1740 con el propósito de conocer la respuesta de los defensores ante los cañonazos disparados.
En la cuarta acción Vernon atacó el 22 de marzo de 1740 el castillo de San Lorenzo el Real de Chagres, situado en la desembocadura del río homónimo. Estaba débilmente defendido con 4 cañones y 30 hombres, mientras que los británicos disponían de 10 buques y 300 combatientes. Tras bombardear el castillo, el capitán español Juan Carlos Gutiérrez Zevallos rindió la plaza.
El 21 de abril llegó a Cartagena de Indias el virrey de Nueva Granada, Sebastián de Eslava, y pronto Lezo le informó con detalle de la situación, de acciones anteriores y de planes previstos para su defensa. En cuanto al último punto, el virrey opinaba lo contrario, dado que los ingleses atacarían otra plaza y restó importancia a la previsión.
Nuevamente, en mayo de 1740, aconteció la quinta acción con un nuevo ataque a Cartagena de Indias que fue repelido en la mar por los españoles.

Batalla de Cartagena de Indias
Este episodio comenzó el 13 de marzo de 1741 con el avistamiento desde las murallas hispanas de las primeras embarcaciones inglesas por el horizonte marino. Se trataba de la sexta y última acción. El contingente británico ascendía a 31.000 soldados y una flota de 180 barcos con 2.620 cañones navales y algunos más dispuestos para desembarcar y hacer fuego desde tierra a la fortaleza más grande construida en el Nuevo Mundo.
Por parte española, las fuerzas de defensa eran de 3.000 hombres, 6 navíos y 1.000 cañones. En suma, la desproporción de fuerzas y personal era meridiana. Pese a esa desigualdad, se contaba con la ventaja del terreno y las fortificaciones, las cuales estaban dispuestas en tres líneas de defensa. A saber:
1ª En la bahía de Bocachica, flanqueada por los fuertes de San José y San Luis, podían cruzar sus fuegos en la entrada al puerto y dificultar su acceso con una cadena que unía los extremos del paso.
2ª En el interior de la bahía de Bocagrande había dos salientes terrestres que se estrechaban a modo de abrazo y estaban defendidos con fuego cruzado por los fuertes de Cruz Grande y Manzanillo.
3ª Tierra adentro, en zona continental, estaba el convento de La Popa rodeado por una muralla y terraplenes, a más del castillo de San Felipe de Barajas en la corona del cerro de San Lázaro.
Con fecha 20 de marzo se inició el primer ataque inglés por la bahía de Bocachica. Ambos bandos habían medido la distancia a las posiciones enemigas y pronto sonaron los primeros cañonazos. El fuerte de San Luis, al mando del coronel de ingenieros Carlos Desnaux, defendía con tesón su fortificación, casi inexpugnable desde el mar, si bien Vernon se dio cuenta de eso y desembarcó hombres y baterías. Cambiaron de asentamiento con la consiguiente pérdida de tiempo, aspecto importante por las enfermedades sobrevenidas del lugar. Lo mismo ocurrió en el fuerte de San José. Así y todo, la superioridad anglosajona era apabullante, de manera que los ocupantes de los fuertes abandonaron sus posiciones.
El 4 de abril, unos cañonazos afectaron a la nave Galicia, insignia de Blas de Lezo, y cuando este estaba sentado a una mesa junto al virrey, una bala destrozó la mesa y unas astillas afectaron a su pierna sana y a una mano. No obstante, el general de la Armada siguió al frente de las operaciones. Al día siguiente, ante la notable supremacía enemiga, decidieron abandonar el navío y retirarse hacia Bocagrande.
Esa victoria del británico, aunque parcial, le indujo a despachar la fragata Spence a Inglaterra con la nueva de que la victoria definitiva era inminente. En consecuencia, en Londres acuñaron medallas conmemorativas con Lezo ofreciendo su espada al almirante, de rodillas –humillante para un mutilado–. Llevaba grabada esta leyenda: «El orgullo español humillado por el almirante Vernon».
Acerca de qué hacer a continuación, había dos posturas opuestas: una, el virrey Eslava quería destruir los buques de Conquistador y Dragón con el propósito de utilizar los mástiles para dificultar el acceso inglés a la Bahía Interior; y otra, el guipuzcoano se oponía. En síntesis, los atacantes pasaron por encima de los barcos hundidos y se colocaron a la entrada de la ciudad. Al cabo de dos días, bombardearon las murallas del entorno y los cañones de La Popa bramaron.
Tres mil infantes ingleses y varias baterías avanzaron hacia el castillo de San Felipe de Barajas. Intentaron llegar a las murallas, mas se encontraron con un profundo foso alrededor del cerro de San Lázaro y el amanecer del día, de forma que perdieron el factor sorpresa. Lezo ordenó a Desnaux intensificar las acciones de fuego y cargar contra ellos. Estos, desconcertados, cedieron terreno. El pánico se adueñó de esos combatientes, quienes huyeron despavoridos. Aquel propuso perseguir a los huidos; sin embargo, el virrey se negó por temor a una emboscada.
Los ingleses perdieron una batalla asaz relevante, dado que tuvieron miles de enfermos y muertos en el asalto a San Felipe a causa de las enfermedades endémicas, tropicales. El 28 de abril, el anglosajón envió un correo con este mensaje: «Hemos decidido retirarnos, pero para volver muy pronto a esta Plaza, después de reforzarnos en Jamaica».
Lezo le contestó: «Decidle a Vernon que para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra…». En el parte de guerra, el general informó: «Señor Virrey, hemos quedado libres de estos inconvenientes. Este feliz suceso no puede ser atribuido a causas humanas, sino a la misericordia de Dios». A la postre, los ingleses levaron anclas el 20 de mayo de 1741.
Las bajas enemigas en la batalla fueron cuantiosas, en torno a 3.500 muertos en combate y algunos menos por enfermedades, y los mismos en el número de heridos; es decir, la mitad de los 31.000 intervinientes. Su flota, asimismo, perdió 25 navíos y 27 de transporte, así como 1.500 cañones destruidos o capturados. En cuanto a los españoles, hubo 2.000 bajas, más de la mitad heridos, 6 buques perdidos, 3 baterías y 400 cañones. En otras palabras, por cada hombre español de baja hubo tres ingleses, por cada navío perdido, nueve del bando contrario, y por cada cañón español, los adversarios perdieron cuatro. La diferencia fue notable.
Final de Blas de Lezo
El 7 de septiembre de 1741, Blas de Lezo falleció cuando tenía 52 años de edad. Su mérito principal fue el de haber defendido el Imperio español y vencido a la Armada más potente de los últimos dos siglos. Sin embargo, no fue reconocido por sus superiores. Antes bien, el virrey le acusó de incumplir sus deberes, y aquel fue recompensado por sus informes: le ascendieron a capitán general de los Reales Ejércitos y le otorgaron el título de la Real Defensa de Cartagena de Indias. Al coronel Desnaux, con un informe similar, le ascendieron a brigadier. Al derrotado Vernon le levantaron un panteón en la abadía de Westminster, el panteón de los héroes británicos. Por su parte, a Lezo solo le defendió su valedor, el secretario de Marina José Patiño, con un informe favorable, pero no le hicieron caso, y hoy todavía se desconoce su lugar de enterramiento.
Transcurrido mes y medio de su muerte, el 21 de octubre de 1741, la Corona emitió una Real Orden por la que se destituía al guipuzcoano de su puesto de comandante y se le ordenaba regresar a España para reprenderle por sus acciones.
A dicha, su nombre se ha rehabilitado y a su hijo mayor Blas Fernando se le concedió el marquesado de Ovieco. En la misma línea, cinco buques de la Armada Española llevan su nombre; hay una placa en su honor en el Panteón de Marinos Ilustres en San Fernando (Cádiz); monumentos en Cartagena de Indias, Cádiz y Madrid; maquetas de la Batalla de Cartagena de Indias en el Museo Naval de esa capital y en la Academia de Ingenieros de Hoyo de Manzanares (Madrid); y numerosas vías urbanas dedicadas a él en la geografía española.
Bibliografía
BLANCO NÚÑEZ, J. M.ª: «Armada Española en la primera mitad del siglo XVIII». Izar Construcciones Navales, Anexo al Capítulo VI. Madrid, 2001.
ORLANDO MELO, J.: Historia Mínima de Colombia. Turner Publicaciones. Madrid, 2017.
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- AA. Blas de Lezo. El Valor de Mediohombre. Ministerio de Defensa. Madrid, 2013.