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A nadie se le escapa que la guerra de Ucrania está actuando como una tecnología disruptiva, influyendo poderosamente en el sistema geopolítico internacional que se implantó por Occidente, bajo el liderazgo de Estados Unidos, al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Después de pasar por el modelo geopolítico de la bipolaridad hasta los inicios de los años 90 del siglo pasado, encabezada por Estados Unidos y la antigua Unión Soviética, y por la unipolaridad, hasta el año 2008, liderada por Estados Unidos, ahora nos encontramos inmersos en pleno proceso del modelo geopolítico de la multipolaridad aún sin definir.
Es un hecho objetivo que las partes no están en condiciones de ganar la guerra en el campo de batalla ya que no disponen de las capacidades operacionales necesarias y suficientes para obtener la voctoria. La línea del frente de unos 1250 km. se ha estabilizado. Ninguno de los dos Ejércitos tiene posibilidades de realizar una operación militar, de carácter estratégico, en profundidad, para romper el frente. Por ello, se ha impuesto y se impone el recurso a la diplomacia para que a través de negociaciones se logre un acuerdo de paz.
La invasión rusa de Ucrania en febrero de 22 fue contestada con Occidente totalmente unido, tanto dentro de la propia Unidad Europea como entre Estados Unidos y Europa con un vínculo transatlántico fuerte e inconmovible. Esta postura, con algunas excepciones, se mantuvo durante toda la presidencia de Estados Unidos de Joe Biden, con dos errores estratégicos graves. Por un lado, el apoyo económico y militar a Ucrania ya sea desde Estados Unidos o ya sea desde Europa, siempre ha llegado tarde y con muchas dudas. Por otro, el desfile por el Kremlin de varios líderes europeos donde eran recibidos con mucha displicencia por Putin. Todos recordamos la foto de Putin y Macron solos ante una mesa de 7 metros. La lógica estratégica exige que haya solo un interlocutor occidental con Putin.
Sin embargo, con la llegada a la presidencia estadounidense de Donald Trump, esta entidad única que formaban Estados Unidos y la Unión Europea desapareció. Han aparecido y hay posiciones muy distintas ante la guerra en Ucrania, no solamente entre Estados Unidos y la Unión Europea sino también dentro de Europa. Ha llegado a tal extremo que las actuales negociaciones en torno a un acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania se llevan a cabo entre estos dos países, aunque tuteladas y conducidas por Estados Unidos sin ninguna participación de Europa, que es la más interesada y preocupada por una guerra que se está desarrollando en sus fronteras y cuya solución afecta directamente a su seguridad y defensa.
En realidad, hay tres obstáculos principales que hacen muy difícil llegar a un acuerdo aceptado por las dos partes. El primero es el problema del 20% de territorio ucraniano ocupado o disputado por Rusia que el Kremlin quiere anexionarlo y que Ucrania se opone. El segundo obstáculo clave es la exigencia de garantías de seguridad en la posguerra, por parte de Ucrania, que quiere disponer del respaldo de Estados Unidos para evitar futuras invasiones rusas y que Rusia rechaza - las garantías de seguridad son las que permitirán resguardar y defender la soberanía y seguridad de Ucrania a largo plazo. Ello posibilitará a Kiev reanudar el desarrollo económico -. Y el tercero se refiere a la gestión rusa de la central nuclear de Zaporiya, ubicada en territorio ucraniano, que Ucrania quiere que pase a manos de Kiev. A estos tres obstáculos hay que añadir la postura rusa contraria a que Ucrania ingrese en la OTAN y la posible creación de una zona desmilitarizada en una zona aún no ocupada por Rusia donde viven unos 200.000 habitantes, en la provincia de Donetsk.
Los pasados días 17 y 18 de este mes de febrero tuvo lugar en Ginebra la tercera ronda de negociaciones sobre la guerra en Ucrania, entre Rusia y Ucrania con la mediación de Estados Unidos, para lograr un acuerdo de paz, sin avances aparentes. Ha habido avances en cuestiones militares como el mecanismo de vigilar el alto el fuego, pero en las cuestiones políticas y territoriales la posición de Rusia y Ucrania siguen distantes.
En la Reunión de la Conferencia de Seguridad de Munich que se celebró del 13 al 15 de febrero pasado, el primer ministro de Ucrania, Volodimir Zelenski, explicó que Rusia lanzó durante el mes de enero 6.000 drones de ataque, la mayoría drones Shahed, más de 150 misiles de diversos tipos y más de 5.000 bombas planeadoras. La mayor parte de estos ataques se han realizado y se siguen realizando contra ciudades, infraestructuras energéticas, de comunicaciones y de servicios básicos. Mientras tanto, Kiev ha respondido con ataques a refinerías y depósito de combustible.
A lo largo de la guerra, Rusia ha anunciado veladas amenazas de emplear el arma nuclear, cuando el desarrollo de la guerra no le era favorable o cuando Occidente enviaba a Ucrania determinado armamento moderno como puede ser carros de combate, misiles de largo alcance o aviones F-16. En estas ocasiones, tanto Estados Unidos como la Unión Europea han adoptado posturas ambiguas, retrasando o eliminando la remesa de armamento comprometida, debilitando así la defensa de Ucrania ante la ofensiva rusa. En concreto, la amenaza nuclear rusa ha condicionado en diferentes ocasiones el apoyo occidental a Ucrania.
En Donetsk, principal foco de la ofensiva rusa, Moscú pretende conquistar los enclaves de Kramatorsk y Sloviansk, en el frente occidental de la región. Las tropas rusas intentan ampliar su control territorial mediante ataques frontales apoyados por artillería y drones, mientras Ucrania defiende posiciones fortificadas y ejecuta contraataques tácticos. En el sur, en Zaporiyia y Jersón, la ofensiva es más limitada. Predominan ataques de artillería, drones y pequeñas operaciones terrestres, y Ucrania sigue atacando posiciones logísticas rusas y líneas de suministro en la retaguardia.
En el previsto nuevo orden internacional, la guerra contribuye al realineamiento de alianzas y refuerza tendencias multipolares con China, Estados Unidos, la Unión Europea y otras potencias como actores claves en la seguridad global. OTAN y la UE mantienen su apoyo político, militar y económico a Ucrania, aunque con debates sobre la continuidad y alcance de ese respaldo.
Mientras que Trump desea que la guerra termine en junio para llegar a las elecciones de medio mandato en noviembre en un contexto favorable, Putin prefiere alargarla ya que, de ese modo, antes de dichas elecciones puede arrancar condiciones ventajosas para Rusia ante un posible acuerdo de paz. Tanto Ucrania como la Unión Europea prefieren que la guerra termine cuanto antes, pero con un acuerdo política y estratégicamente justo y aceptable.
La evolución de la guerra en Ucrania depende de una serie de factores, entre los que se destacan la voluntad de negociación de Moscú, el nivel, oportunidad y continuidad del apoyo occidental, la capacidad de Ucrania de sostener su economía y su defensa y las dinámicas internas de Rusia bajo sanciones.
Pero lo más importante, lo crucial para Occidente es que Estados Unidos y la Unión Europea eliminen sus diferencias y vuelvan a establecer una alianza estable e inquebrantable fortaleciendo el vínculo atlántico capaz de actuar como una entidad única ante la asociación estratégica entre Rusia y China. Soy consciente y es verdad que las relaciones transatlánticas se encuentran en una situación crítica y tensa, pero también es cierto que se ha logrado solucionar la cuestión de Groenlandia, por ejemplo. En otro caso, tendremos que ir preparándonos para asistir al funeral de Occidente.
GD (r) Jesús R. Argumosa Pila
El futuro del 20% del territorio ucraniano actualmente ocupado por Rusia es uno de los principales puntos de debate en la negociación. Rusia atacó doce regiones ucranianas con 400 drones y 29 misiles antes de la cumbre, dejando daños e interrupciones en servicios básicos en Odesa y complicando la paz (SERVICIO DE EMERGENCIA DE UCRANIA/AP)
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