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Durante las décadas siguientes, el vínculo se caracterizó por un doble factor: un creciente intercambio económico-comercial y un diálogo político relativamente estable.
La entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 marcó un punto de inflexión: Europa se convirtió en uno de los principales destinos de las exportaciones chinas, mientras que las empresas europeas encontraron en China un mercado emergente de dimensiones desconocidas.
A partir de 2010, con el ascenso de China a potencia global y el lanzamiento de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), la relación adquirió una dimensión geoestratégica más compleja. La UE comenzó a percibir a China simultáneamente como socio político, competidor económico y rival sistémico, una triple caracterización que refleja la ambivalencia actual del vínculo entre ambas.
Veamos a continuación las principales dimensiones que configuran el conjunto de las relaciones entre la UE y China: las político-diplomáticas, las económico-comerciales y las tecnológico-militares, así como las cuestiones abiertas en la actualidad y la prospectiva de futuro.
1.- Las Relaciones político-diplomáticas
Estas relaciones oscilan entre la cooperación y la tensión.
a.- Cooperación. La UE y China mantienen un entramado institucional denso: cumbres anuales, diálogos sectoriales y mecanismos de cooperación en áreas como cambio climático, energía, transporte o educación, donde es constatable un diálogo estructurado, conforme a intereses compartidos, sobre la necesidad de la estabilidad global, la gobernanza multilateral y la lucha contra desafíos transnacionales.
China ha valorado históricamente a la UE como un contrapeso a Estados Unidos, mientras que Europa ha visto en China un socio indispensable para abordar cuestiones globales como la transición energética o la reforma del sistema financiero internacional.
b.- Tensiones. Las relaciones político-diplomáticas están marcadas por tensiones crecientes en torno a tres ejes.
- Derechos humanos: la UE critica la situación en Xinjiang, el retroceso de libertades en Hong Kong y la presión sobre defensores de derechos civiles. China rechaza estas críticas como injerencias.
- Democracia: la UE defiende un orden basado en normas, transparencia y pluralismo; China promueve un modelo de gobernanza estatal centralizada.
- Sanciones recíprocas: en 2021, la imposición de sanciones mutuas congeló la ratificación del Acuerdo Integral de Inversiones (CAI), negociado durante siete años.
Estas tensiones han erosionado la confianza político-diplomática y dificultan avanzar hacia una asociación estratégica más profunda
2.- Las relaciones económico-comerciales
Estas relaciones se caracterizan por una interdependencia asimétrica y por desequilibrios varios.
China es el mayor socio comercial de la UE desde 2020, mientras que la UE es un importante mercado para China. Sin embargo, Europa depende más de las importaciones chinas -especialmente en manufacturas, electrónica y bienes intermedios - que China de las europeas. Este desequilibrio asimétrico está motivado por un acceso desigual a los respectivos mercados, debido a causas tanto estructurales como políticas:
- la dependencia tecnológica europea en sectores críticos como baterías, paneles solares o componentes electrónicos, de un lado
- los subsidios estatales chinos a estos sectores que distorsionan la competencia
Así, las empresas europeas se enfrentan a más restricciones en China que las chinas en Europa, lo que explica, en parte, el persistente déficit comercial europeo.
Buscando proteger estos sectores estratégicos y reducir vulnerabilidades, la UE ha respondido con instrumentos como el Mecanismo de Control de Inversiones Extranjeras, la Ley de Materias Primas Críticas y la Ley de Industria Cero Neto. También ha quedado congelado El Acuerdo Integral de Inversiones (CAI) que pretendía mejorar el acceso al mercado chino y establecer reglas más claras sobre empresas estatales y transparencia. Aunque congelado, el CAI sigue siendo un referente de lo que podría ser una relación económica más equilibrada si las condiciones políticas lo permiten.
3.- Las relaciones tecnológico-militares.
a.- Aspectos tecnológicos. China aspira a liderar numerosos sectores que son estratégicos para la seguridad como la inteligencia artificial, el 5G y las telecomunicaciones, la computación cuántica, las energías renovables o los vehículos eléctricos. Europa, por su parte, busca preservar su autonomía estratégica y evitar dependencias excesivas en tecnologías críticas.
La controversia sobre la participación de Huawei en las redes 5G europeas ejemplifica la tensión entre los aspectos de la seguridad y la defensa nacional (riesgo de espionaje o interferencia), de la competitividad económica (desequilibrios tecnológicos estructurales) y de las relaciones políticas internacionales (presión norteamericana de exclusión de empresas que colaboren con Huawei).
La UE adoptó un enfoque intermedio: no prohibió a Huawei, pero estableció un “toolbox” de seguridad que ha llevado a varios Estados miembros a limitar su participación.
b.- Aspectos militares. En todo caso, aunque la UE y China no mantienen cooperación militar formal, sí existe cooperación militar que, a pesar de limitada, no deja de ser relevante, por ejemplo, participación conjunta en operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU (seis en Afríca, Líbano y Chipre) e intercambios navales en misiones antipiratería en el Índico y Golfo de Adén), sin perjuicio de la inquietud que la creciente presencia militar china en el Índico y en el Mediterráneo, así como su relación con Rusia, genera en Europa.
4.- Cestiones abiertos más relevantes en la actualidad
Cuatro son las cuestiones abiertas más relevantes en la actualidad: la guerra de Ucrania, las cadenas de suministro, Taiwan y la transición energética
a- La guerra en Ucrania. China - crítica con las sanciones occidentales y cercana a Moscú - ha tensado su relación con la UE. Por su parte, Europa percibe que China no actúa como mediador neutral y teme un alineamiento estratégico sino-ruso.
b- La competencia por las cadenas de suministro Europa busca reducir dependencias en minerales críticos, baterías, paneles solares o productos farmacéuticos
China, líder global en la mayoría de estos sectores, interpreta la política europea como intento de “desacoplamiento”.
c- La cuestión de Taiwán. La UE mantiene la política de “una sola China”, pero defiende la estabilidad en el estrecho y el mantenimiento del statu quo, ya que cualquier escalada militar tendría efectos económicos devastadores para Europa. Pero, China es hipersensible a este asunto.
d- La transición energética. Europa necesita productos chinos para su transición verde, pero teme que la sobrecapacidad industrial china hunda a sus propias empresas. El reciente procedimiento antisubvenciones contra los vehículos eléctricos chinos refleja esta tensión.
5.- Perspectivas de futuro
Tres tipos de escenarios son posibles de cara al futuro: una competencia gestionada, un reequilibrio estratégico o un desacoplamiento parcial.
a.- Escenario 1: Competencia gestionada El escenario más probable es una relación marcada por un diálogo político-diplomático limitado, pero funcional; una competencia económica y tecnológica creciente y una cooperación selectiva (clima, comercio, gobernanza global…). Este escenario permitiría evitar una ruptura, aunque sin grandes avances estructurales.
b.- Escenario 2: Reequilibrio estratégico. Si China moderara su apoyo a Rusia, ampliara el acceso a su mercado y redujera prácticas distorsionadoras, podría reactivarse el CAI y avanzar hacia una relación más simétrica. Este escenario exige cambios significativos en la política china.
c.- Escenario 3: Desacoplamiento parcial. Un deterioro mayor - por Taiwán, Ucrania o tensiones tecnológicas - podría llevar a un alineamiento europeo más estrecho con Estados Unidos, restricciones comerciales más duras y reducción de inversiones chinas en Europa
En este escenario no se prevé un desacoplamiento total, pero sí una fragmentación del comercio en sectores estratégicos.
Conclusión Las relaciones entre China y la Unión Europea están en un punto de inflexión.
Tras décadas de cooperación económica y diálogo político, la emergencia de China como potencia global y las tensiones geopolíticas han transformado la relación en un equilibrio complejo entre la interdependencia y la rivalidad.
Europa busca preservar su autonomía estratégica, diversificar sus cadenas de suministro y defender sus valores democráticos, mientras que China aspira a consolidar su liderazgo tecnológico y su influencia global.
El futuro dependerá de la capacidad de ambas partes para gestionar sus diferencias sin caer en una confrontación abierta, manteniendo espacios de cooperación en áreas donde sus intereses convergen.
En un mundo cada vez más multipolar, la relación China-UE será uno de los ejes determinantes del orden internacional del siglo XXI.
Antonio Núñez García-Saúco
Embajador de España