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Entre las fortalezas de Estados Unidos destacan: a) el ser la primera potencia industrial del mundo y la superpotencia con las mayores capacidades militares convencionales y un arsenal nuclear estratégico decisivo; b) su moneda es también la principal moneda de reserva mundial; c) dispone de importantes recursos energéticos y de materias primas; d) goza de la mayor red mundial de alianzas diplomático-militares y, por último, e) tiene articulado el consorcio tecnológico e inversor transatlántico que es el más importante y avanzado del mundo.
Pero Estados Unidos también tiene importantes debilidades estructurales que dificultan una política exterior y de seguridad coherente y estable, lastrando con ello su posición hegemónica en el nuevo orden global que se está configurando. Entre esas debilidades sobresalen: a) la progresiva polarización social, en gran medida debido a que las minorías raciales y culturales siguen sin estar integradas a escala nacional, lo que está provocando un rápido y progresivo deterioro del sistema político e institucional del Estado; b) el creciente déficit público y la debilidad del sistema bancario, unido al excesivo peso del complejo militar-industrial en el crecimiento económico del país, están provocando la lenta pero irreversible crisis estructural del sistema económico nacional; c) crisis que se acelera por el importante déficit comercial acumulado, una parte del cual se debe a la dependencia de las cadenas de suministro chinas de bienes intermedios (chips; baterías eléctricas; etc.) que son imprescindibles para el desarrollo de la industria americana. Por último y a pesar de sus importantes recursos energéticos, o tal vez por ello, la economía norteamericana presenta una excesiva dependencia de las energías fósiles cada vez más costosas y contaminantes.
Por lo que atañe a la R.P. China, desde el punto de vista económico es la primera potencia comercial del mundo, posee un mercado interno en expansión basado en una creciente clase media que asegura el desarrollo industrial y tecnológico del país. Precisamente la cualificación científica y profesional de esa clase media urbana es la que permite aprovechar los importantes recursos financieros invertidos en el desarrollo y la innovación tecnológica de sectores decisivos como las telecomunicaciones, la informática o la robótica. Finalmente, China posee unas capacidades militares, tanto convencionales como nucleares, en expansión que ya la han convertido en una potencia hegemónica regional en el área indo-pacífica con capacidad de proyección de fuerza a escala mundial.
El análisis de las fortalezas de la RP China ha llevado a numerosos analistas a vaticinar, erróneamente, la superioridad a medio plazo de esta potencia respecto de Estados Unidos. Sin duda este escenario no se va a producir por dos razones principales: las debilidades estructurales que limitan su capacidad hegemónica, de una parte, y la creciente competencia económica y tecnológica con la India que constituirá dentro de una década su principal rival regional.
En efecto, las autoridades de Beijing conocen las debilidades estructurales del país que gobiernan, aunque traten de ocultarlas. En primer lugar, existe un desajuste entre el territorio y la población del país que ha obligado a imponer políticas de natalidad muy restrictivas que, a largo plazo, están provocando el envejecimiento demográfico. Un desajuste que todavía se acentúa más al observar el desequilibrio social y económico que existe entre las ciudades de la costa y el mundo rural del interior del país.
Por otra parte, el modelo de desarrollo chino tiene importantes vulnerabilidades difíciles de modificar a corro o medio plazo. A la decisiva dependencia de las importaciones de materias primas y energía para su producción industrial, se suma la necesidad de mantener unas exportaciones crecientes para garantizar las tasas de aumento del PIB que permitan mejorar las condiciones de vida de los sectores más pobres y atrasados del medio rural. No obstante, esta política comercial expansiva a escala mundial se ve condicionada por la necesidad de utilizar el dólar y el euro como principales monedas de reserva ya que el renmimbi sólo tiene una aceptación marginal en el mundo financiero global. Tampoco ayuda el hecho de que el sistema económico del país responda al modelo de capitalismo de Estado, lo que implica un intervencionismo político constante y decisivo en el funcionamiento del mercado y la libre empresa por parte del Partido Comunista Chino. Intervencionismo que, a la larga, aumenta los costes y reduce la productividad. Es, precisamente, este modelo de capitalismo de Estado el que ha priorizado el desarrollo y la innovación tecnológica, pero también el que, amparándose en la seguridad nacional, ha impedido que los científicos chinos se pudieran incorporar a las redes internacionales de investigación básica creadas en los sectores más avanzados como la genómica; la energía nuclear de fusión; la creación de nuevos materiales o la física cuántica.
Estas vulnerabilidades no sólo impiden superar las importantes diferencias que tiene China con la potencialidad económica, científica y militar de Estados Unidos, sino que muy pronto deberá enfrentar el importante reto de la competencia impuesta por la India.
Teniendo presente este escenario, podemos ya establecer el objetivo prioritario de ambas potencias y las estrategias que están siguiendo para alcanzarlo. Por parte de Estados Unidos, su principal objetivo actual es el mantenimiento de su hegemonía global cada vez más independiente de sus aliados occidentales. Para ello está siguiendo una estrategia basada en el dominio de la competición económica y tecnológica mundial, el intervencionismo militar y el unilateralismo político y diplomático.
En cuanto a la RP China, aspira a participar en la hegemonía global para poder condicionar las estrategias y normas del orden mundial emergente y de este modo garantizar la supervivencia del régimen comunista y de un Estado chino reunificado. Para ello está aplicando una estrategia de creciente dominio de la competición económica y tecnológica mundial junto con la consolidación de un decisivo poder militar en el área indo-pacífica lo que exige el logro del principio de “una sola china”, es decir la anexión de Taiwán.
De todo lo expuesto se desprende que Estados Unidos y la RP China son fuertemente interdependientes desde el punto de vista comercial y financiero. Mantienen una apreciable competición tecnológica y productiva, aunque limitada a ciertos sectores industriales clave como la automoción; las telecomunicaciones o la informática. Pero, sobre todo, donde está emergiendo una preocupante rivalidad, todavía contenida, es en las aspiraciones al dominio estratégico exclusivo del espacio indo-pacífico.
A corto plazo, no es previsible que la rivalidad militar sino-americana escale hacia el enfrentamiento militar directo, ni tan siquiera ante el riesgo de un bloqueo chino de Taiwán, escenario poco probable de momento. Tanto Washington como Beijing son conscientes de que su rivalidad militar no puede rebasar los límites de las actividades disuasoras sin amenazar no sólo su horizonte de prosperidad sino también la paz y la seguridad de sus países. Un precio que, por ahora, ni Trump ni Xi Jinping están dispuestos a pagar.
Rafael Calduch Cervera
Catedrático Emérito de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales
Universidad Camilo José Cela