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La guerra en Ucrania. El gran dilema geopolítico del "Intermarium"

(Foto: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-61076649)
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LA CRÍTICA, 29 NOVIEMBRE 2025

Por Jesús Argumosa Pila
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Decía Zbigniew Brzezinski, a finales del siglo XX, que la clave del estatus de Rusia como gran potencia reside en su control sobre Ucrania. Si Rusia logra dominar Ucrania, podría consolidar su poder y resurgir como una superpotencia, mientras que si pierde influencia sobre el país del Dniéper se convertirá en un Estado con un poder mucho más limitado. La idea se basa en la visión geoestratégica de que Ucrania es fundamental para el poder ruso en la región. No olvidemos la agresiva estrategia rusa hacia el “extranjero cercano”. (...)

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Estamos volviendo a la teoría geopolítica del “espacio vital” de Ratzel donde se postulaba que el crecimiento demográfico y económico de un Estado requiere la adquisición de más “espacio vital” para mantener el equilibrio entre su población y los recursos, lo que a su vez aumenta su poder, riqueza y permanencia. Este concepto justificó el imperialismo de finales del siglo XIX que posteriormente fue adoptado por los nazis para defender la expansión territorial de Alemania. Y ahora lo quiere aplicar Rusia anexionándose territorio ucraniano.

La historia se repite. Hace aproximadamente una centuria, el líder polaco, Jozef Pilsudski, propuso una federación denominada Intermarium (en latín) o (Miedzymorze) en polaco, la región entre mares - integrada por Polonia, Lituania, Ucrania y Bielorrusia - que pretendía emular la Commowealth polaco-lituana establecida desde el mar Báltico al mar Negro que, desde finales del siglo XVI hasta finales del siglo XVIII, había unido al Reino de Polonia y al gran Ducado de Lituania.

Aunque Pilsudski vislumbró la federación de Intermarium como un contrapeso no solo al imperialismo ruso sino también al alemán, el verdadero objetivo era el desmembramiento del imperio ruso junto al abandono de sus adquisiciones territoriales. Hoy en día, el Intermarium constituye el disputado istmo que se extiende desde el mar Báltico al mar Negro, donde se encuentra Ucrania, que en los años 20 del siglo pasado señalaba la zona de conflicto entre Alemania y Rusia y que, actualmente, representa la zona de colisión entre la Unión Europea y Rusia, a nivel regional, y entre el mundo democrático y el mundo autoritario, en el horizonte internacional.

El borrador de plan de paz de la guerra en Ucrania de 28 puntos presentado por el presidente estadounidense, Donald Trump, filtrado intencionadamente por el medio estadounidense Axios, el pasado día 20 de noviembre, supone un cambio drástico y antioccidental de la estrategia estadounidense en el continente europeo, acercándose claramente a los deseos del presidente ruso, Vladimir Putin, rompiendo, de forma abrupta, el tradicional vínculo transatlántico. Ahora se está descubriendo que fue redactado o tuvieron un gran protagonismo en el texto, asesores rusos.

Lo cierto es que aparecen en el texto inicial aspectos muy cuestionables, entre los que sobresalen los siguientes: a) en relación con el territorio, el texto del plan señala que Crimea, Lugansk y Donetsk serán reconocidos como rusos, de facto, incluso por Estados Unidos. Jerson y Zaporiya quedarán congelados a lo largo de la actual línea de contacto lo que supondrá un reconocimiento ruso, de hecho, a lo largo de dicha línea. Por otro lado, las fuerzas ucranianas se retirarán de la parte que aún controlan de la región de Donetsk; b) en cuanto a la OTAN, se apunta que Ucrania acepta recoger en su Constitución que no se unirá a la OTAN y la Alianza acepta incluir en sus estatutos una cláusula de que Ucrania no será admitida en el futuro; c) En referencia a la dimensión de las Fuerzas Armadas de Ucrania, el plan indica que el tamaño de las fuerzas armadas ucranianas se limitará a 600.000 efectivos. A mayor abundamiento, se señala que Ucrania celebrará elecciones en 100 días.

Si se trata las garantías de seguridad, quedan totalmente ambiguas. Por un lado, se ofrece la garantía de Estados Unidos con una serie de compensaciones y condiciones, pero por otro, se señala que la OTAN no puede estacionar tropas en Ucrania o que todas las partes implicadas en el conflicto recibirán una amnistía total por sus acciones durante la guerra.

Otro tema importante como el destino de los fondos congelados rusos se indica una distribución totalmente arbitraria: 100.000 millones de dólares en activos rusos congelados, se invertirán en esfuerzos liderados por Estados Unidos para reconstruir e invertir en Ucrania. El país del Mississippi recibirá el 50% de los beneficios de esta operación. Mientras que Europa añadirá 100.000 millones de dólares para aumentar la inversión disponible, el resto de los fondos congelados se destinará a un fondo conjunto Estados Unidos-Rusia para proyectos bilaterales.

Lo cierto es que el plan abarca diferentes aspectos que afectan a distintos actores a la hora de tomar decisiones. Ya sea en lo que afecta a Europa en referencia a su propia seguridad que está estrechamente relacionada con el final de la guerra en Ucrania, ya sea en lo que concierne a la OTAN donde las decisiones se toman por consenso de todos los miembros o ya sea en lo que atañe a Ucrania como estado independiente y autónomo para tomar sus propias decisiones.

Por otra parte, el plan recoge acuerdos y relaciones bilaterales expresamente entre Estados Unidos y Rusia que no se entiende su inclusión en el plan de paz. Por ejemplo, los acuerdos de cooperación económica ruso-estadounidense en diferentes áreas como energía, recursos naturales o extracción de metales raros en el Ártico; la creación de un grupo de trabajo entre Estados Unidos y Rusia en cuestiones de seguridad; o la prórroga de la vigencia de los tratados sobre no proliferación y control de armas nucleares, incluido el Tratado START I.

Después de varias reuniones entre representantes de Estados Unidos, de Rusia, de Ucrania y de la Unión Europea, en Ginebra y en Abu Dabi, desde el pasado 20 de noviembre, aportando y negociando distintas posiciones, en el momento actual, se ha retirado el ultimátum de Trump que llegaba hasta el día de hoy, se han disminuido algunos artículos reduciéndolos a una veintena, pero aún faltan por negociar los más sensibles como el contenido de los señalados más arriba.

Lo que se ha constatado es que, por un lado, Putin no tiene prisa, especialmente por dos razones, por una parte, está consiguiendo una ventaja estratégica y táctica en el desarrollo de la guerra puesto que está conquistando territorio ucraniano, de forma lenta pero segura, a pesar del gran número de víctimas de soldados rusos y, por otra, está percibiendo una división entre Estados Unidos y la Unión Europea a la hora de apoyar a Ucrania que le favorece fuertemente.

Sin embargo, a Trump si le gustaría acabar a la mayor brevedad con la guerra de Ucrania, no solo porque satisface a su propio ego porque se le considere un pacificador y así pueda optar al Premio Nobel, sino también porque elevaría el prestigio de Estados Unidos disminuido en los últimos años y conseguiría grandes beneficios económicos tanto en sus tratados firmados con Ucrania en el entorno de minerales estratégicos y en la reconstrucción como en sus acuerdos y relaciones bilaterales con Rusia, citados anteriormente.

Es importante resaltar lo que le indicó Mertz a Trump, en su conversación telefónica del 21 de noviembre, recordándole como actuó Rusia con respecto al Memorando de Budapest de 1994, cuando Ucrania renunció a su arsenal nuclear a cambio de garantías de seguridad que no pudieron prevenir ni la agresión rusa de la península de Crimea, ni el conflicto en el Donbás, ni la guerra a gran escala que comenzó hace casi cuatro años.

Como conclusión, y con independencia de que no hay fecha límite de tiempo para el acuerdo de paz en Ucrania, la solución del gran dilema geopolítico del intermarium, tendrá transcendentales repercusiones en el nuevo orden mundial que se avecina. Si el desenlace de la guerra en Ucrania se inclina hacia Occidente triunfará el modelo democrático basado en reglas. Si se decanta hacia Oriente el éxito será para los países autoritarios. Está en juego no solo la seguridad y defensa de Ucrania y de Europa sino también el mundo que queremos en los próximos años.

GD (R) Jesús Argumosa


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Jesús Argumosa Pila

General de División (R) Vice Presidente del Instituto Europeo de Estudios Internacionales (IEEI)

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