LA CRÍTICA, 18 DICIEMBRE 2021
He decidido celebrar estas Navidades con un festín o fiesta privada anti-iconoclasta, con cierta nostalgia de mi lejana infancia. En nuestra casa familiar en Saint Cloud (Minnesota, USA) he puesto, no uno, sino cuatro belenes con figuras traídas de España, y en un caso regalo de mis suegros tras un viaje a Palestina/Israel.
Harto de tanta decoración con motivos arbóreos y del obeso Santa Claus, típicos en la tradición nórdica protestante, quiero reivindicar la española, católica y mediterránea de las figuritas (la mayoría de los católicos estadounidenses, como en tantas otras cosas litúrgicas y dogmáticas, han claudicado –nunca mejor dicho– ante el pesado Claus). (...)