LA CRÍTICA, 11 JUNIO 2020
Las pandemias acaban de dos maneras: bien, porque se erradican, bien, porque los hombres se adaptan y conviven con ellas. Por ejemplo, una de las peores pandemias de la humanidad, la llamada peste negra, ya se conocía desde hacía siglos y en la actualidad todavía hay algún brote activo. No obstante, entre 1347 y 1353, con motivo de esta pandemia, Europa pasó, aproximadamente, de 80 a 30 millones de personas y la Península ibérica de 6 millones a 2 millones y medio, aunque existen estudios que afirman que se redujo a sólo 2 millones. (...)