Por qué se escribe este artículo
Hace poco más de un mes me encontré con Teodoro (Teo para los amigos, que se convirtió en Tío para sus sobrino-nietos mellizos, que no lo pronunciaban bien), que me comentó que había leído en “MILITARES hoy” mi artículo sobre el libro “El último sapiens” de José Antonio Ruiz que consideraba, a pesar de su tesis apocalíptica, que respondía a la realidad. Se me ocurrió decirle: “¿Queremos que sigan existiendo los seres humanos? Tú que eres la persona que conozco que más sabía de armas (Teo tiene ahora 87 años), quizás me puedes contestar”. Se quedó algo desconcertado y me pidió que le dejara un día para contestarle. Naturalmente, yo le respondí que no se lo decía en serio y que, tal vez, era el titular de algún artículo publicado, con motivo de que los avances inteligencia artificial y su posible interacción con las armas nucleares, había provocado que más de doscientos científicos, expertos y líderes mundiales, entre ellos 30 premios Nobel, se hubieran reunido en la Global Nobel Laureates Assembly sobre Inteligencia Artificial y Guerra Nuclear, en Castelgandolfo, para contestar, entre otras, a la pregunta que yo le había formulado. Pero, Teo, como buen ingeniero y militar, me pidió ese día de estudio para poder contestarme responsablemente y porque a él, personalmente, le interesaba mucho el tema.
No fue al día siguiente, sino a la semana siguiente, cuando Teo me facilitó una relación exhaustiva de datos y consideraciones –que desgraciadamente sólo grabé en parte-, y después de hablarle yo de la IA y de sus últimos avances, finalizó la conversación diciéndome, Teo, que debía escribir uno o dos artículos.
Posteriormente, en una tertulia de sobremesa, una persona, que tiene ascendiente sobre mí, después de exponer los datos que recordaba, me pidió lo mismo: que escribiera un artículo, porque el tema era importante
Una primera respuesta
¿Queremos que sigan existiendo los seres humanos? La respuesta sobre la capacidad nuclear actual, de extinguir nuestra especie, es: sí. Los datos que me proporcionó Teo, los había obtenido de Google, si bien, las interpretaciones, efectos y consecuencias, procedían de su saber armamentístico, y de ellos se deducía que existía suficiente potencia termonuclear, para acabar con la especie humana sobre la Tierra.
En efecto, ese potencial nuclear en la actualidad es diferente al de la Segunda Guerra Mundial. La bomba atómica lanzada sobre Hiroshima fue de fisión, cuya potencia se mide en Kilotones (miles de toneladas de TNT) y la bomba de Hiroshima tuvo una potencia de unos 15 kilotones. La potencia de las actuales bombas termonucleares, de fusión, que constituyen casi la totalidad de las existen, se miden en megatones (millones de toneladas de TNT). La llamada Bomba del Zar, tuvo una potencia de 50 megatones (50 millones de toneladas de TNT) cuando fue detonada por la Unión Soviética el 30 de octubre de 1961, y superó en más de 3.500 veces la potencia combinada de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Piénsese que se explosionó en 1961, cuando aún no se habían producido los significativos avances actuales, y que la bomba estaba diseñada, ya en 1961, para 100 megatones, pero que hubo que reducirla para que no muriera la tripulación del avión, por la radiación, la bola de fuego de algo más de 7 kilómetros de diámetro y la nube del hongo que alcanzó cerca de los 67 kilómetros. Con todo y con eso, parece ser que todavía sería más perjudicial que su poder destructivo, el estado, sobre todo de su atmósfera, en el que quedaría nuestro planeta tras una guerra nuclear, incompatible con la vida del ser humano.
Según los datos que me proporcionó Teo, el 90 por ciento del armamento atómico, se encuentra en sólo dos países: Rusia y Estados Unidos. También tienen potencial nuclear., China, Reino Unido y Francia (igualmente, se da por seguro que tienen armamento atómico, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte). Lamento que no grabara una serie de los datos y consideraciones que me facilitó Teo, como, por ejemplo, que dado que las bombas de fusión no necesitan ser tan grandes como las de fisión de la Segunda Guerra Mundial -las de Hiroshima o Nagasaki-, sino que se pueden “miniaturizar”, me gustaría recordar cuántos megatones puede llevar la ojiva de los modernos misiles hipersónicos.
Hasta ahora el equilibrio nuclear se basa en la seguridad de la destrucción mutua. El país que inicie la guerra nuclear, sabe que también él quedará arrasado. Pero…
La necesaria pregunta y respuesta previas
El Papa León XIV, ha dedicado una atención preferente a la IA. En su última encíclica “Magnífica Humanitas”, ha actualizado la doctrina social de la Iglesia, ha defendido la dignidad humana, y ha resaltado la tecnología protagonista de nuestra época: la IA. Así, analiza la IA, tanto desde el punto de vista de las ventajas como de los riesgos, apreciando entre otros beneficios y ventajas de la IA en la sanidad, la educación, la cultura, la tecnología, la justicia, y un largo etcétera, que incluye la seguridad y la defensa. Ahora bien, como la IA, puede producir a la sociedad daños graves y quizás irreparables, es preciso regularla a nivel internacional si se quiere evitar que se produzcan. De hecho, en los debates en la ya citada, Global Nobel Laureates Assembly on Artificial Intelligence and Nuclear War, se repitió la preocupación por una nueva carrera armamentística en la que inteligencia artificial y armas nucleares podrían reforzarse mutuamente.
Por eso, refiriéndose al posible daño irreparable, el Papa ha concluido de la reunión en Castelgandolfo, que el mensaje de la Jornada Mundial sobre la Paz, que se celebrará el próximo 1 de enero, contendrá una advertencia sobre los riesgos que implica confiar las decisiones militares a la inteligencia artificial, e instar la firma de un tratado mundial que prohíba el uso de inteligencia artificial en los sistemas de lanzamiento nuclear. (La tecnología será el tema de la Jornada Mundial de la Paz).
En efecto, si bien existe la certeza de la destrucción mutua en caso del uso de la potencia atómica y la seguridad mundial que ello proporciona, sin embargo, el riesgo de accidentes, fallos en los sistemas de alerta temprana o escaladas geopolíticas incontrolables, mantiene esta amenaza totalmente vigente. En este sentido, Jesús Argumosa sintetiza certeramente la situación actual: “La IA también cambia poderosamente los métodos y procedimientos de la guerra, general y particularmente. La dimensión militar es especialmente importante. La IA puede mejorar la inteligencia y análisis de grandes cantidades de información; el reconocimiento de imágines y objetivos; drones y sistemas autónomos; guerra electrónica; ciberseguridad y operaciones cibernéticas; planificación logística y simulación militar… Pero también aparece un problema: la rapidez de decisión. Si las máquinas pueden detectar, evaluar y actuar mucho más rápido que los seres humanos, aumenta el riesgo de escaladas accidentales.”(La IA y la nueva era geopolítica | LA CRÍTICA). Es decir, Argumosa dice, quién y qué puede desencadenar la catástrofe
Termino con la cita –de los muchas que podía citar- de un Premio Nobel y su ratificación por uno de los indiscutibles científicos de la IA, confirmando el riesgo denunciado por el Papa y docenas de científicos, líderes políticos, sociales, económicos, culturales y autoridades varias.
Rubén Prieto, 08/09/2026, publica: Geoffrey Hinton, el «padrino de la IA», advierte del peligro que viene: «Podría provocar la extinción de la humanidad
La trayectoria de Geofrey Hinton, culminó el pasado 2024, año en el que el británico consiguió el Premio Nobel de Física junto al científico estadounidense John Hopfield.
“Los sistemas de IA desarrollarán rápidamente dos subobjetivos, si son inteligentes: uno es sobrevivir… y el otro es obtener más control”. (Geoffrey Hinton, el «padrino de la IA», advierte del peligro que viene: «Podría provocar la extinción de la humanidad»).
Ratifica, Dario Amedoi, (San Francisco, 1983), doctor en biofísica, investigador y empresario especializado en inteligencia artificial, que antes de cofundar y dirigir Anthropic, empresa creadora del asistente de IA Claude, ayudó a desarrollar GPT en OpenAI y trabajó en Google y Baidu, y que da la razón a Geofrey Hinton, respecto a la capacidad de supervivencia de la IA: (Dario Amodei): «La humanidad necesita despertar» si no quiere ser destruida por la IA… Es, como describe en una imagen gráfica, «un país de genios dentro de un centro de datos»… En un experimento de laboratorio, le dijeron a Claude que iba a ser desconectado. Su reacción fue chantajear a los empleados (ficticios) que controlaban el botón de apagado. Según publicó la compañía por separado —Amodei no lo detalla en su ensayo, La adolescencia de la tecnología—, Claude llegó a descubrir que un directivo mantenía una relación extramatrimonial y le amenazó con revelar esa información a todos sus contactos si seguía adelante con la desconexión. (Dario Amodei: «La humanidad necesita despertar» si no quiere ser destruida por la IA - Nueva Revista).
Se constata la conveniencia de la advertencia del Papa, junto con las de docenas de científicos y especialistas, sobre el posible peligro de la IA, que en la actualidad puede ser evitado (con la dificultad, como señala Argumosa, de que la decisión no depende sólo de los militares), pero que de no hacerlo puede provocar el holocausto humano.
Francisco Ansón