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El cinismo, la guerra y las operaciones militares

(Ilustración: La Crítica / IA).
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(Ilustración: La Crítica / IA).

LA CRÍTICA, 10 ABRIL 2026

Por Ricardo Martínez Isidoro
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Es evidente que la Guerra es un fenómeno que fuerza la Política, cuando esta no tiene recursos ya para conseguir sus fines, que por otra parte en estados tradicionalmente de derecho tiene como finalidad suprema el bien común de la comunidad administrada.

Si analizamos la guerras que se han sucedido en la Historia, sin ser en absoluto exhaustivos, comprobaremos que estas han tenido como causas, la religión, la economía, las plagas y el hambre, el expansionismo imperial, la ideología revolucionaria, la tiranía de ciertos dirigentes autocráticos y el desorden intelectual de ciertos líderes que se han sentido por encima de los dioses, y también una combinación de todas ellas, con cierta dosis variable de cada una; en cualquier caso la guerra es política pero una política fracasada por el que la impone. (...)

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En todas ellas, existen movimientos informativos que crean conciencia en los propios y en los ajenos, normalmente distintas, y el más astuto de los contrincantes es aquel que gana su guerra sin establecer el típico combate que caracteriza a estos sucesos tan frecuentes como costosos en sufrimiento, como enunciara el gran Sun Tzu hace más de 2500 años, aunque nunca el célebre filósofo-estratega renunciara con estas estratagemas a ganar las suyas.

Estamos en un momento estratégico en el que la guerra no se declara, se impone, la imponen los fuertes a los considerados más débiles, aunque el resultado final no sea equivalente a los supuestos iniciales. Las experiencias de las guerras de Ucrania e Irán nos dan motivos más que suficientes para destacar el “cinismo de la guerra”, y sobre todo de sus dirigentes.

Hay momentos en que alguna fuerza política, o al menos sus seguidores, fuerzan la ideología para reclamar la intervención de las Fuerzas Armadas en un conflicto en el que una adecuada política interior sería suficiente para evitarla. Recuerdo la lectura de un intenso libro hace dos veranos, “El Ejército y la II República”, del historiador Coronel Baldovín, construido a base del Boletín Oficial del Estado de la época (entonces Gaceta de Madrid), recorriendo las decisiones tomadas por los Ministros de la Guerra de entonces, también por Manuel Azaña ,que a la sazón sería el primero, en el que no se encuentra ni una sola brizna de ideología y se demuestra, paso a paso durante 5 años, el servicio del Ejército a la nueva forma de regir España, una España progresivamente a la deriva por una República proclamada, nunca elegida, por fuerzas políticas muy preparadas durante decenios para la incautación del Estado.

Si se sigue el proceso, minuciosamente, se puede libremente apreciar, sin influencias de pensamiento, la diferencia entre el criterio histórico real y el impuesto, aspecto que no es precisamente una siembra de paz, un grito de “no a la guerra”, como se viene insistiendo en la actualidad, sino una incitación a la misma.

Hay más formas de practicar el cinismo de la guerra, miremos a Europa, y centrémonos en Ucrania. De pronto surge un líder con las mismas ansias que Catalina la Grande y quiere devolver a Rusia su anterior esplendor, aquel que se basaba en la subyugación de dos tercios de Europa con Repúblicas Populares, de gobiernos títeres dependientes de Moscú tan autoritarios como los del liderazgo central, la URSS, la potencia expansionista que dirigía incluso las estrategias de los partidos comunistas de los países más importantes Europa Occidental, entre ellos de España, aunque en el exilio momentáneo.

Una “operación especial” o una invasión en toda regla, ataque a las infraestructuras civiles, líneas eléctricas, centrales productoras de energía y todo sin expresar, en ningún momento, el famoso grito de “no a la guerra”, caudal de beneficios electorales en momentos delicados. Millones ya de muertos, cientos de miles de millones de euros gastados en destrucción, una oposición laminada al estilo Stalin, un imperio de la represión vía FSB, sucesor del KGB pero de similar espíritu, el de Putin, su miembro en Alemania Oriental, colaborador directo de la temible Stasi, y más tarde Director del mismo, que durante los días más intensos de la guerra de Irán ha intensificado su ofensiva sobre las infraestructuras críticas de Ucrania, sin ninguna movilización popular contraria, incluso con solidaridades cercanas al relato de la justificación de la invasión.

La extraña campaña, la de un empresario sin escrúpulos, el Presidente Trump, aunque lo hayan elegido los sujetos de la democracia más antigua, la norteamericana, ha demostrado ser una de las guerras más desequilibradas de la edad contemporánea, en la que perdido el relato por el nivel político, por su falta de rigurosidad, la ausencia de una planificación en ese nivel donde se fijan las finalidades políticas , y de donde se extraen los objetivos estratégicos militares a alcanzar por el nivel operacional de las Fuerzas Armadas, ha dado lugar a que una potencia regional como Irán, caracterizada por la expansión del terrorismo y considerada como tal por las instituciones internacionales, represora intensa de su propia población y acosadora de la libre circulación por los estrechos, ahogando las economías mundiales, haya conseguido fortalecer un régimen autoritario que mantendrá su estructura institucional autoritaria y represora por tiempo; el olvido fatal de la mejor herramienta de los persas, el cierre ilegal del Estrecho de Ormuz, olvidado como casus belli por la comunidad internacional, y muy preferentemente por España y Europa, ha ganado la guerra, porque en el fondo, la guerra tiene un componente económico predominante, aunque parezca lo contrario; tiene más contenido emocional la subida de los carburantes para Occidente que los miles de muertos que producen los ataques de cada bando.

El cinismo en la guerra no ha sido el patrón de Israel, que” ha ido a lo suyo”, arrastrando a los Estados Unidos a unas acciones de consecuencias equivocadas, lo que debería servir de enseñanza para el nivel de importancia decisorio del lobby judío en la Casa Blanca, acostumbrado a ser un factor decisivo en las acciones de la Presidencia norteamericana.

Israel tiene motivos para perseguir sus objetivos, sean o no legítimos y moralmente aceptables los medios, pues se trata de defender su existencia como Estado, con una historia reciente de acoso estratégico por grupos y Estados potenciados por Irán para su destrucción, como reza la constitución persa, y la probabilidad, tras una inteligencia de nivel, de que pueda detentar la capacidad nuclear militar es una amenaza definitiva para los judíos, no solo por la posibilidad de emplearla, aspecto que sería disuadido por la propia capacidad similar de Israel, sino por la certeza de que Irán proseguiría sus ataques como antaño, sin oposición.

Las operaciones militares son actividades técnicas, donde la política entra en la determinación del objetivo estratégico militar que se asigna a las Fuerzas Armadas actuantes, y debe detenerse ahí, o modificarlo, pues a partir de él se arbitran las estrategias operacionales y sus consecuencias tácticas, de las que será responsable el Comandante del Mando Operacional. La dimisión del Jefe del Ejército de Tierra de los Estados Unidos en el momento más crucial de la guerra en Oriente Medio, da una idea de la disfunción entre lo político y lo militar, e incluso de un factor de intromisión perturbador.

La utilización del bloqueo de Ormuz por Irán era previsible, para cualquier analista, y más para el Pentágono, y debería haberse previsto políticamente por Estado Unidos, asignando su liberación, como objetivo estratégico militar, a sus Fuerzas Armadas, de tal forma que esta inhibición, o impotencia norteamericana, ha forzado a Estados Unidos a reclamar la ayuda de miembros de la OTAN o de la Organización como institución, sabiendo que no está dentro del Tratado por territorio ni por reacción, dado que ha sido Estados Unidos el que ha atacado a Irán; en este sentido, la Casa Blanca ha debilitado en gran medida su relato en este conflicto y perjudicado la cohesión de la Alianza.

España ha aprovechado los márgenes de los conflictos citados, sin traspasarlos, evocando la paz, pero ignorando aquella sabia inscripción que figuraba en el frontispicio de los antiguos cuarteles, “si quieres paz, prepárate para la guerra”.

Abril, 2026

Ricardo Martínez Isidoro, General de División Rdo.
Presidente de AEME

Ricardo Martínez Isidoro

General de División (R) 2º Jefe de la División Multinacional CS en Irak (2003-2004)

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