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Pedro Menéndez de Avilés en su ciudad natal. (Foto del autor)
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Pedro Menéndez de Avilés en su ciudad natal. (Foto del autor)

MENÉNDEZ DE AVILÉS FUNDÓ LA CIUDAD MÁS ANTIGUA DE EEUU: SAN AGUSTÍN

LA CRÍTICA 31 JULIO 2026

Por José Garrido Palacios
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Pedro Menéndez de Avilés fue un gran militar, marino y navegante, constructor de ciudades, fuertes y misiones. Fundó San Agustín en 1565, primer asentamiento europeo más antiguo en Estados Unidos, que perduró 250 años, hasta su entrega a Estados Unidos en 1821. En agosto de 2025 se celebraron los 460 años de la fundación de San Agustín de la Florida. (...)

Ciudades, Fuertes y Misiones fundadas por Menéndez. Elaboración propia
Ciudades, Fuertes y Misiones fundadas por Menéndez. Elaboración propia

Lucha contra los piratas

Pedro Menéndez de Avilés nació en dicha ciudad asturiana en 1519, segundón de una familia hidalga, y a los ocho años se quedó huérfano de padre. Su madre se casó de nuevo y eso no le gustó, por lo que se marchó de casa para enrolarse de grumete en un barco, en donde se formó como militar y navegante. Cuando retornó a su casa de Avilés, su familia intentó retenerlo, pero a Pedro le interesaba la milicia. Con su herencia –compartida con sus 19 hermanos–, construyó un patache para 50 hombres, se dedicó al corso y logró capturar 2 navíos a los filibusteros franceses que atacaban la costa cantábrica.

Otra gran victoria sobrevino en 1544 cuando los galos, al mando del corsario Jean Alphonse Saintonge, capturaron 18 naves hispanas en el cabo Finisterre y se las llevaron a La Rochela, su base principal. Sin tardar, Menéndez persiguió a los galos por el océano Atlántico y alcanzó ese enclave. A la postre, recuperó 5 naves robadas, atacó la base naval, abordó la nave capitana Merie e hirió de muerte al jefe en una dura lucha cuerpo a cuerpo. Con ello, el avilesino contribuyó a la desaparición de las correrías piratas en las costas cantábrica y gallega.

Navegante

Merced a su pericia como marino, el emperador Carlos V le encomendó la misión de trasladarlo por mar a Flandes y le puso al mando de convoyes con suministros de mercancías y armamento a los soldados. Aparte, intervino en luchas navales con Álvaro de Bazán y en dos ocasiones le concedieron la patente de corso.

El entonces príncipe Felipe –ante la ausencia de su padre Carlos V– decidió nombrarle en 1554 capitán general de la Armada y Flota de la Carrera de Indias, y le encargó la tarea de consejero y acompañante en un viaje a Inglaterra para desposarse con la reina María Tudor de Inglaterra. Zarparon de La Coruña el 13 de julio con una flota de 70 buques y más de 4.000 personas, la mayoría nobles de Castilla, escoltados por una treintena de barcos de guerra.

El regreso, empero, fue muy duro por cuanto se cruzó en su camino una fuerte tempestad y solo la habilidad del piloto libró al monarca de sucumbir. Por añadidura, a la llegada a España, dos zabras españolas fueron atacadas por los francos y el jefe de la Flota consiguió esquivarlos y entrar por la noche en el puerto de Laredo.

Al cabo de dos años, a Menéndez lo nombraron capitán general de la Escuadra de la Guardia de las Costas, y una de sus misiones fue la de atracar con su flota en el puerto de Calais y participar en guerras navales contra los franceses. Con solo 4 naos tuvo que enfrentarse a 8 del conocido pirata Pata de Palo (François Le Clerc), con el resultado del hundimiento de una nao y la huida del resto.

Florida

Realizó varios trayectos entre España y el Nuevo Mundo en calidad de capitán general de la Armada, y a la vuelta de uno procedente de México en 1562, con pieles y tesoros, fue detenido en Sevilla acusado de contrabando. Permaneció encerrado veinte meses y, por fin, quedó libre tras la ayuda de Felipe II y el pago de una multa.

Menéndez, durante una estancia en prisión en el Caribe, escribió el Memorial sobre la navegación de las Indias dirigido al monarca a través del virrey de Nueva España, Luis de Velasco. En sus páginas proponía medidas para proteger la Flota de Indias contra la piratería y la elección de un puerto de refugio en La Española. Esa obra llegó a la Casa de Contratación y generó recelos, los cuales se mantuvieron sine die.

Felipe II recibió noticias de que los piratas franceses estaban ocupando la costa oriental de Norteamérica, a la altura de Florida, se estaban fortificando y pretendían atacar a los galeones hispanos. A ese respecto, el Rey le nombró adelantado en marzo de1565 y le encomendó las misiones de la expulsión de los hugonotes de la costa atlántica y la ocupación del territorio. Además, debía proteger los barcos que navegaban por el litoral atlántico y construir bastiones para su defensa, toda vez que por esa zona estaba la Corriente del Golfo y era lugar de paso del Galeón de Manila durante el retorno a España. A un tiempo, el explorador quería volver a Florida con el fin de buscar a su hijo perdido en una travesía.

San Agustín

Menéndez, después de invertir 200.000 ducados de su peculio y con una flota de 20 naos y más de 2.500 personas, partió en junio de 1565 de Cádiz y el 28 de agosto arribó a un puerto de Florida que llamó San Agustín, santo del día. Allí celebraron una misa, construyeron la ermita de Nuestra Señora de la Leche y fundaron una misión. Durante su estancia, el avilesino se informó de que los hugonotes del Fuerte Caroline estaban veinte leguas al norte y habían recibido refuerzos: 7 buques y 700 hombres al mando del pirata Jean Ribault.

Con esa información, el capitán general decidió atacar a los galos, pero tuvo dificultades, así que regresó a San Agustín y organizó la construcción del nuevo fuerte. Los calvinistas les persiguieron por mar con la intención de atacarles, si bien naufragaron; de modo que el adelantado, ante esa debilidad, organizó un ataque por tierra y por sorpresa al Fuerte Caroline, y para ello se apoyó en el cacique Seloy de los timucuas.

Los soldados, guiados por nativos, avanzaron por áreas pantanosas, selvas y una agreste orografía con algunas bajas. Localizaron el baluarte al cuarto día de marcha y, escondidos entre la vegetación, dejaron pasar la noche. Al alba, atacaron la fortaleza y la victoria fue rotunda y rápida. El alcalde del fuerte, René Laudonnière, y unas decenas de protestantes escaparon, mientras que los restantes perecieron. Solo se salvaron los católicos, las mujeres y los niños, unos setenta en total.

El enclave quedó en manos de los hispanos y fue llamado Fuerte San Mateo porque ese día se logró la victoria. Se izaron las Insignias de España y el adelantado nombró sargento mayor a Gonzalo Villarroel. Le puso al frente de 300 hombres y le encargó la defensa de la guarnición, mientras que él regresó a San Agustín.

Algunos hombres del naufragio del pirata Ribault consiguieron salvarse y caminaron por la costa hacia San Agustín, lo que llegó a oídos de Menéndez. Sin demora, con su hueste fue al encuentro de los galos, los cuales fueron sorprendidos y capturados. Perecieron en aquel lugar conocido por Matanzas y se colocó un cartel que decía «no por franceses, sino por herejes».


Fundador de ciudades y pueblos

El avilesino fue también un militar sobresaliente en fundación de núcleos habitados, bien se trate de ciudades o poblados, bien de presidios, misiones o ranchos. En esa línea, él fundó ocho ciudades y pueblos en la costa atlántica del actual Estados Unidos, a saber: San Agustín, San Mateo, Santa Elena, Santa Lucía, Tequesta, Ays, Carlos y Tocobaga; y en casi todas combinaban la evangelización con la seguridad.

Aparte de los asentamientos principales de San Mateo y Santa Elena, erigió diez fortines y organizó la vida de los ocupantes en todos los aspectos: económico, religioso y militar. Asimismo, y con motivo de un recorrido por el Caribe durante dos meses, reforzó las defensas para hacer frente a los nativos hostiles y los piratas en las islas de La Española, Cuba y Puerto Rico.

Con una flota de 2 buques y 150 hombres, recorrió la costa atlántica, en cumplimiento de las órdenes del rey Felipe II, y exploró el litoral de Georgia y la zona meridional de Carolina del Sur. En el enclave de Santa Elena, isla de Parris, Carolina del Sur, construyeron un fuerte de madera, al que denominaron San Felipe (1566), en honor al monarca. Aquella fue la primera capital de Florida hasta 1587. Luego pasó a San Agustín.

El avilesino fue nombrado gobernador de Cuba en 1567 y Caballero de la Orden de Santiago; y le concedieron el señorío de Santa Cruz de la Zarza (Toledo), un retrato de corte de Tiziano y el derecho a ser tratado como «Don». En ese tiempo, se construyó en Cuba el castillo de La Fuerza, un Seminario –germen de una Universidad–, un Hospital Militar y el arsenal de La Habana. Elaboró cartas náuticas de archipiélagos, canales y la costa norteamericana; y diseñó navíos que acortaban la navegación, los «galeoncetes», con la quilla más alargada en relación con la manga.

Fuertes, presidios y misiones

Sintió una gran satisfacción don Pedro Menéndez de Avilés al tocar de nuevo tierra de San Agustín en junio de 1568 con los refuerzos logrados en España; no obstante, todo cambió cuando conoció que el corsario francés Dominique de Gourgues había atacado por sorpresa el Fuerte de San Mateo con la muerte de casi todos los residentes. A la vez, los nativos habían asaltado el resto de asentamientos hispanos en Florida. Apenas quedaban los de San Agustín y Santa Elena, aunque en malas condiciones sanitarias, de personal y hambruna.

El adelantado enseguida logró el apoyo real desde España con soldados y franciscanos. En verdad, la actividad y la ilusión de los nuevos expedicionarios facilitaron en cuatro años el cumplimiento de los objetivos reales. Algunos de ellos fueron: limpieza de corsarios de la costa atlántica, exploración de los territorios de Florida, Georgia, Carolina del Sur y el Canal de las Bahamas; así como el castigo a los autores de ataques a españoles; por ejemplo, en Ajacan, bahía de Santa María (hoy Chesapeake, Virginia). A la vez, el capitán Juan Pardo realizó dos expediciones a Las Carolinas y fundó varios fuertes: San Juan, San Pablo y Santiago.

A modo de resumen, don Pedro Menéndez construyó diez fuertes en la costa oriental de Norteamérica, de los cuales, ya por las insurrecciones indígenas, ya por los piratas, quedaron reducidos a dos: San Mateo y Santa Elena.

En cuanto a las misiones –que recibían protección de presidios vecinos–, constituyeron una institución admirable en las fronteras, sirvieron a la iglesia y a la Corona y lograron la integración de millares de indios al cristianismo y a la cultura hispana. Entre los años 1565 y 1700 hubo en la región de Florida cien misiones activas y llegaron a convertirse más de 20.000 naturales, la mayoría timucuas, instruidos por setenta frailes y cinco clérigos.

El ocaso de Menéndez

Los resultados obtenidos por el avilesino en las Indias fueron significativos y, en honor a ello, Felipe II le tenía reservada una grata noticia, una misión especial en Flandes: la de ayudar a Luis de Requesens a sofocar la rebelión del príncipe de Orange. En consecuencia, tuvo que delegar las operaciones de Florida en su yerno Velasco.

El explorador reunió una poderosa flota en Santander el 8 de septiembre de 1574 compuesta por 300 buques y 20.000 soldados y marineros; y ese mismo día se sintió enfermo. Abandonó su tarea y el día 17 de septiembre del mismo año falleció en dicha ciudad a causa de un tifus exantemático. Tenía 55 años.

En su testamento dijo que lo inhumaran en la iglesia de San Nicolas de Avilés, su cuna, si bien la comitiva solo llegó a la villa de Llanes debido a que la galerna se lo impidió. Al cabo de muchos años, en agosto de 1924, los familiares trasladaron sus restos al templo que él eligió con la presencia de autoridades españolas y norteamericanas.

Los asentamientos de Florida quedaron incompletos después de la muerte del adelantado y la política exterior de España, especialmente defensiva. En lo que atañe a Santa Elena, la capital, con apenas 250 habitantes en 1572, se reconstruyó en distintas ocasiones y se abandonó en 1587. Sus habitantes se trasladaron a San Agustín, objetivo del corsario Drake, el cual resistió dos siglos, al igual que ocurrió con las misiones. Al final, mediante el Tratado de París firmado en 1763, la Corona cedió San Agustín y las misiones franciscanas a los ingleses, en tanto que la población de esos lugares y los indios amigos se trasladaron a Santo Domingo y se integraron con los hispanos.

Dos décadas más tarde, las tierras de Florida pasaron de nuevo a manos españolas por el Tratado de Versalles, mas un ataque norteamericano obligó a la firma del Tratado de Adams-Onís en 1819, y la entrada en vigor en 1821, con la entrega de ese territorio a cambio de cinco millones de dólares –destinados a pagar reclamaciones–. Ese acto acaeció el día 10 de julio de ese año en la plaza de la Constitución de San Agustín; y ese día se arrió la Bandera roja y gualda.

José Garrido Palacios

Teniente coronel del ET. Retirado

Doctor en Filosofía y Letras

Miembro de la AEME

Bibliografía

CEBRIÁN, J. A.: La aventura de los conquistadores. La Esfera de los Libros. Madrid, 2006.

FERNÁNDEZ TORAÑO, A.: Pedro Menéndez de Avilés. Señor del Mar Océano, adelantado de La Florida. EDAF. Madrid, 2018.

LUMMIS, CH. F.: Exploradores españoles del siglo XVI. EDAF. Madrid, 2017.

MARTÍNEZ LAÍNEZ, F. y CANALES TORRES, C.: Banderas lejanas. EDAF. Madrid, 2009.

MIRA CABALLOS, E.: “Pedro Menéndez de Avilés diseñó el sistema de flotas de la Carrera de Indias”. Revista de Historia Naval n.º 94. Madrid, 2006, pp. 7-24.

José Garrido Palacios

Teniente coronel del ET (R). Doctor en Filosofía y Letras. Asociación de Escritores Militares de España Asociación Cultural Héroes de Cavite

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