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Para que te declaren santo

(Ilustración: La Crítica / IA).
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(Ilustración: La Crítica / IA).

LA CRÍTICA, 26 MAYO 2026

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Me comentó mi marido, que en su tertulia digital de los viernes, uno de los tertulianos les comunicó que su mujer en la reunión, ésta presencial, que tiene también los viernes, formada por universitarias, le había comentado que resulta difícil de creer que casi todos los papas fueran santos, que igualmente, casi todos fueran italianos, que había papas, que hicieron santos en muy poco tiempo, y citó a los tres últimos, que habían “hecho” centenares y centenares de santos. (...)

...

Me sentí aludida, especialmente porque el Papa no “hace” santos, y la Iglesia no crea santos, sino que reconoce su santidad, tras un proceso que ofrece todas las garantías.

Primeras respuestas

El Anuario Pontificio, que se actualiza todos los años, ha ido modificando el número de papas debido a la existencia de antipapas, hasta que se ha podido determinar cuál ha sido el papa legítimo. Casos de duda han sido, Cristóbal, Liberio, León VIII, Benedicto V, varios papas del Siglo de Hierro, Esteban II, que hasta la mitad del siglo pasado no hubo datos para rechazarlo… Así mismo, han existido más papados que papas, como es el caso que confirma Lumen, de “Benedicto IX (Teofilacto de Tusculum) ocupó el papado en tres períodos: 1032–1044, brevemente en 1045, y de 1047-1048. Su pontificado estuvo marcado por graves escándalos, intrigas familiares y episodios de abdicación/venta del cargo”. En todo caso, el actual papa León XIV es papa número 267 y de ellos, el número más seguro de papas santos es el de 83, habida cuenta que durante los cuatro primeros siglos, todos los papas fueron mártires, salvo alguno, como Ceferino, y por tanto todas esas docenas y docenas de papas están reconocidos como santos. Es cierto, que los que reinaron durante el Siglo de Hierro, tuvieron un comportamiento tan rechazable, que demostraron que la Iglesia no la gobiernan los hombres, sino el Espíritu Santo, puesto que la conducta de esos papas, a lo largo de un siglo, hubiera acabado con cualquier institución humana, que necesariamente hubiera desaparecido para siempre.

Pero dejando esta masa de datos que sólo ha pretendido demostrar que más de la tercera parte de los papas no han sido santos y que a partir del año 1000, sólo se han canonizado siete papas: León IX, Gregorio VII, Celestino V, Pío V, Pío X, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II, y reconocer a An (tanto el nombre del marido como el de la mujer empiezan por An) que, en cambio, sí es cierto que más de doscientos papas son de origen italiano.

También es cierto que, con relación a los tres últimos papas, Francisco declaró santas cerca de 1000 personas, pero es preciso tener en cuenta que el mayor número fueron reconocimientos de santidad grupales como la de los mártires del siglo XV de Otranto, cifrados en 813 y otros similares, aunque de menor número de manera que, en sus 12 años como Papa, con carácter individual, proclamó únicamente, 83 santos. San Juan Pablo II, canonizó a 483, pero, con carácter grupal, 120 mártires de China, 117 de Vietnam, 103 de Corea y otros grupos, por lo que en sus 27 años de pontificado, canonizó 88 y su sucesor, Benedicto XVI, proclamó 45 santos.

Respecto al otro tema, debe puntualizarse que, en efecto, San Antonio de Padua, muerto el 13 de junio de 1231, fue canonizado el 1 de junio de 1232, por Gregorio IX; el conocidísimo San Francisco de Asís, que falleció el 4 de octubre de 1226, fue canonizado en julio de 1228 por Gregorio IX; Santa Clara, que murió en 1253 y apenas 2 años después la canonizó el papá Alejandro IV; etcétera.

Respuesta final

Si bien el proceso para declarar santa a una persona lo he escrito anteriormente con mayor extensión, ahora lo expongo más resumido, pero completo. Este proceso se ha ido perfeccionándose con el paso de los siglos. Lumen, me informa: “Siglos I-VIII: veneración local espontánea. Mártires y confesores eran reconocidos por el pueblo y confirmados por el obispo local mediante culto público y memoria litúrgica; siglos IX-XII: creciente preocupación por abusos y falsos cultos; la autoridad papal fue asumiendo un papel regulador y en la práctica desde el siglo XII la canonización pasó a depender cada vez más de la Santa Sede” y se inician las investigaciones sistemáticas; “1588 (Sixto V): creación de la Congregación de Ritos, que centralizó los trámites en Roma”. Más concretamente, desde 1643, el jesuita Jean Boland inició el estudio crítico del santoral, continuado por los llamados bolandistas que proporcionaron un criterio científico sobre cada uno de los santos, denunciando los que no existieron; “siglo XX (1969, Pablo VI): reforma y creación de la Congregación para las Causas de los Santos, actualización de procedimientos; Código de Derecho Canónico (1983) y reformas posteriores: clarificación de etapas y requisitos; procedimientos técnicos modernos (investigación histórica, médicos, teólogos)”.

Por consiguiente, si An –marido o mujer– quiere ser declarado santo, debe fallecer con fama de santidad y después de 5 años como mínimo, el obispo incoa la causa para su posible beatificación y canonización y solicita al Vaticano el nihil obstat para iniciarla. Un ejemplo es el que adelantó este periódico que publicó, hace ya algún tiempo, un artículo sobre Pedro Ballester, titulado: “¿El futuro santo de la informática?”. Pues bien, omnesmag.com, ha dado la noticia: “La diócesis de Salford, en Inglaterra, anuncia la apertura de la Causa de Beatificación y Canonización de Pedro Ballester Arenas, un joven numerario del Opus Dei que falleció por un cáncer en 2018. Desde el 13 de enero de ese año, son muchas las personas que han destacado la santidad de Pedrito y acudido a su intercesión obteniendo favores. Por ello, la diócesis ha aceptado la apertura de la Causa solicitada por el postulador Paul Hayward”. Y si esto ocurre con An, recibe el título de “Siervo de Dios”.

A continuación, se inicia una investigación diocesana exhaustiva de An, sobre lo que se refiere a la causa. Sus escritos digitales o en papel, sus conferencias e intervenciones públicas, la declaración de todos los testigos de su vida, –familiares, amigos, compañeros de estudio, de viajes, de profesión, de jefes y subordinados, de médicos, de vecinos, etc. –, y el expediente se envía a Roma.

Ya en Roma, en la Congregación para las Causas de los Santos, una comisión de teólogos y consultores históricos estudia el caso; si concluyen la heroicidad –esto es, la práctica de las virtudes teologales y cardinales, con mayor perfección de lo ordinario y con carácter constante, a pesar de las adversidades, pruebas y sufrimientos– de las virtudes en la vida de AN, el Papa le declara “Venerable”.

A pesar de esta investigación y de este estudio tan completos, que permite considerar a AN santo, sin ninguna duda, la Iglesia no lo hace, sino que espera que el cielo hable, que confirme la santidad de AN.

Y el cielo lo hace con un milagro. Supongamos que el milagro se refiere a una curación. Ésta, para ser considerada milagrosa requiere que la persona enferma no haya respondido a ninguno de los medicamentos, que los médicos la hayan desahuciado y que la curación haya sido instantánea, sin dejar ninguna secuela, ni se reproduzca.

A continuación, se comunica el hecho a la curia diocesana y se abre una investigación local: recogida de historiales médicos, exámenes, fotografías, informes, testimonios de testigos y del paciente. Pasa entonces a la Comisión médica de la Congregación para las Causas de los Santos y un tribunal médico analiza el historial clínico completo –ingresos, pruebas, tratamientos–, informes de la investigación diocesana, declaraciones de testigos, cronología de la enfermedad y de la cura, resultados de pruebas objetivas (imágenes, biopsias, analíticas), así mismo, se evalúa si la recuperación puede explicarse por la evolución natural de la enfermedad o por efectos tardíos de los tratamientos.

El tribunal está compuesto por un grupo de médicos expertos independientes (cirujanos, internistas, especialistas según el caso). Cada uno de los médicos, con carácter individual, estudia el expediente. Luego, en sesión colegiada discuten los aspectos controvertidos y si procede, solicitan aclaraciones o pruebas complementarias al tribunal diocesano o a especialistas externos. Finalmente cada médico emite su voto y las razones que lo motivan, y únicamente, si el dictamen es concluyente, en el sentido que la curación no es explicable científicamente, que no tiene una explicación natural, se la califica de milagro.

Tras el dictamen médico, una Comisión de teólogos, deben estudiar, investigar y constatar, que sin ninguna duda el milagro se ha producido por la intercesión del Venerable, en este caso de An, es decir, que si el dictamen médico es favorable, los teólogos examinan la relación causal entre la oración dirigida al candidato y la curación: intencionalidad de la petición, unanimidad de la atribución por la comunidad, ausencia de oraciones a otras intercesiones simultáneas, etc.

Sin embargo, tampoco la Iglesia declara santo a AN, sino que lo declara Beato, con un culto limitado.

La Iglesia espera que el Cielo hable de nuevo y confirme, sin lugar a dudas, que AN es santo: espera un nuevo milagro. Si acaece un nuevo hecho, otra curación por ejemplo, se estudia de la misma forma que el anterior con el mismo rigor y exhaustividad, y si se concluye que, en efecto, se trata de una curación que no tiene una explicación natural, que médicamente es inexplicable, tras esta nueva validación científica y teológica del milagro, se aprueba por los cardenales de la Congregación y es el Papa el que emite el decreto de canonización.

Conclusión y sugerencia

An femenino, quizás deba matizar, en su próxima reunión, las afirmaciones que transmitió a su marido, porque si bien An es santo por la declaración de la Iglesia, es preciso reconocer, desde un punto de vista estrictamente humano, que es difícil superar en garantías el proceso arriba descrito.

Pilar Riestra


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