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Sobreviviendo al apagón

Muy cerquita de mi casa...
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Muy cerquita de mi casa...

LA CRÍTICA, 12 NOVIEMBRE 2021

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(...) Podíamos preocuparnos por un montón de cosas que pueden confluir para que se produzca un gran apagón. Lo que personalmente me preocupa es que el gobierno, por boca de la ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera, asegure que no habrá ningún apagón que, «con toda la tranquilidad y rotundidad, éste no es un escenario probable para España» y que nuestras reservas aseguran suministro para 20 episodios como el de «Filomena». Sabiendo cómo se las gasta nuestro gobierno con los pronósticos y promesas incumplidas, es realmente para preocuparse. (...)

[Vea el kit de supervivencia que le propone el autor]

Acabo de leer el libro “El apagón. España a oscuras” con reseña en este digital de José María García Álvarez y lo he hecho de un tirón pues es un libro que engancha a los que somos curiosos. Es un relato imaginario en el que la protagonista, una becaria, estudiante de ingeniería, con ganas de aprender, es asignada a una central térmica donde es instruida por el personal y en especial por un ingeniero que la tutela. Todas las enseñanzas a María, la becaria, son trasladadas al lector de manera magistral que acaba conociendo los entresijos y muchos detalles, a nivel divulgación, del funcionamiento de la generación y distribución de energía y las consecuencias y pormenores en distintos escenarios, de un hipotético apagón que cada vez parece más probable.

Poco ha cambiado desde que el ingeniero José María García Álvarez escribiera el libro en el 2009, salvo algunos datos estadísticos y las fuentes de producción. Desgraciadamente, en unos casos, por imperativo de la Unión Europea volcada de pleno en la lucha contra el calentamiento global y obligada por los Acuerdos de París de 2015, y en otros porque la tasa por emisión de CO2 para “salvar el Planeta” las hacía inviables, han desaparecido –literalmente dinamitadas– casi todas las centrales térmicas excepto las de gas y ciclo combinado. Buena parte de ellas estaban en Castilla y León. La última dinamitada ha sido la de Velilla del Río Carrión este pasado mes de octubre, propiedad de Iberdrola. Ignacio Sánchez Galán, presidente de esta empresa dijo que la dinamitaba para evitar la mala tentación de ponerla en funcionamiento más adelante. Podían, perfectamente algunas de ellas, haber permanecido dormidas “en stand by”, al igual que han hecho los alemanes, para ponerlas en funcionamiento en caso de emergencia o incluso ser transformadas en otras menos contaminantes.

También ha aumentado considerablemente la producción de energías “renovables” en especial las eólicas (22%). Sin embargo, la continuidad y seguridad de suministro de estas, depende obviamente del viento y, en caso de una escasez en la producción, su eficacia es incierta. Para colmo, el gobierno actual se ha comprometido al cierre de nuestras únicas cinco centrales nucleares con plazos que van desde el 2027 al 2035. Curiosa y descabellada decisión cuando nuestros vecinos han aumentado el ritmo de construcción de este tipo de centrales por ser más económicas, seguras y menos contaminantes. A modo de ejemplo Francia tiene en funcionamiento 58 centrales con 98 reactores y está construyendo más.

Hace un par de meses, Austria alarmaba a media Europa pronosticando, como seguro, un gran apagón en un futuro próximo con las consecuencias catastróficas que ello conllevaría. Para ellos está claro que ocurrirá antes de cinco años. Un español podía tranquilizarse haciendo caso a algunos expertos que aseguran que España al estar, en buena parte, aislada de los productores europeos –salvo de Francia a la que le compramos la energía generada en sus nucleares– no se vería afectada en caso de una caída en cascada. También podía tranquilizarse al saber que nuestro país tiene en “circunstancias normales” una capacidad de producción dos veces superior al consumo “en circunstancias normales”. Después de leer el libro de José María García Álvarez me he preocupado al interpretar esto de circunstancias normales, pues cuando varias circunstancias pueden confluir, como en una tormenta perfecta, cualquier cosa es posible.

Quede claro que, las reservas estratégicas de derivados del petróleo y gas, obligadas por ley, controladas por la corporación CORES (desconozco en profundidad la eficiencia de este organismo, pero viendo la transparencia, claridad y buena organización de su página Web WWW.Cores.es, resulta prometedora) aseguran suministro para 90 días de combustibles líquidos y 20 de gas natural. Casi el 20% de nuestra energía eléctrica se produce con estos combustibles.

Podíamos preocuparnos por el conflicto argelino-marroquí que puede afectar al suministro de gas. También podíamos preocuparnos por la escasez de barcos gaseros para suplir los problemas con los gaseoductos o poder comprar a otros países. Podíamos preocuparnos por el aumento de precio de los combustibles fósiles que hagan peligrar el suministro. Por supuesto, podíamos preocuparnos por una ola de frío que inutilice los aerogeneradores y paneles solares. Podíamos preocuparnos, además, porque, tres de las centrales nucleares han de realizar de manera inmediata paradas técnicas para mantenimiento y aprovisionamiento de combustible. Podíamos preocuparnos por la desaparición de aquellas centrales de carbón que, en caso de necesidad, podían proporcionar unos gigavatios adicionales. Podíamos preocuparnos por una permanente sequía que reduzca el nivel de nuestros pantanos –casi todos construidos en la época franquista– y que, tal como nos cuenta J. M. García Álvarez, es la energía más confiable e inmediata: abrir el grifo y empezar a generar.

Produccion de electricidad en España enero de 2021

Podíamos preocuparnos por un montón de cosas que pueden confluir para que se produzca un gran apagón. Lo que personalmente me preocupa es que el gobierno, por boca de la ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera, asegure que no habrá ningún apagón que, «con toda la tranquilidad y rotundidad, éste no es un escenario probable para España» y que nuestras reservas aseguran suministro para 20 episodios como el de «Filomena». Sabiendo cómo se las gasta nuestro gobierno con los pronósticos y promesas incumplidas, es realmente para preocuparse.

Por si llegara a ocurrir un episodio de corte de suministro eléctrico, cabe pensar que pueda ser prolongado. De hasta una semana o más. Para ello los propios austríacos recomiendan tener suministros de emergencia en el propio domicilio. Es muy probable que, tras un apagón prolongado, no funcione prácticamente nada y haya dificultades para conseguir los productos más básicos como el agua, dependiente de las bombas eléctricas de nuestros edificios.

Estas son nuestras recomendaciones básicas que no implican un gran desembolso. Están pensadas para un entorno urbano pues en los pueblos las cosas pueden ser más llevaderas ya que, en muchos casos, se dispone hasta de hogares o chimeneas donde poder calentarse o cocinar. Por supuesto que la lista básica puede ser ampliada según los casos o completada con artilugios del tipo “hágalo usted mismo”. Por ejemplo, es muy fácil improvisar con un par de latas de refresco y una simple tijera, un hornillo donde poder quemar alcohol, cera, aceite o pastillas de combustible de las usadas por campistas o para encender barbacoas y que pueden permitir un café caliente. En internet hay un montón de vídeos al respecto. Recuerde que lo que tenga congelado probablemente se eche a perder al igual que algunos productos refrigerados.

Esta es una lista elemental que debe renovarse periódicamente para evitar caducidades

  • Provisiones de agua potable, como mínimo dos litros por persona y por día. Añada al menos un litro adicional (vale la no potable) por persona para aseo y limpieza del inodoro.
  • Alimentos no perecederos tipo conserva para al menos dos semanas. Incluir por supuesto leche, mermeladas, galletas y jamón serrano que se conserva bien. Si le gusta la cerveza caliente, tenga reservas. Si no, algo de vino puede venir bien.
  • Botiquín de primeros auxilios y medicamentos habituales necesarios para dos semanas.
  • Radio con pilas, para mantenerse informado en todo momento.
  • Baterías y pilas, ya que no se podrá cargar nada con corriente. Si tiene un SAI le puede ayudar a recargar algunas cosas de poco consumo o terminar los trabajos del ordenador sin que se pierdan.
  • Linternas y velas para alumbrarse cuando se vaya la luz natural. Un candil de aceite con una simple lata de conservas aplastada adecuadamente y una elemental mecha de algodón puede dar mucho juego para alumbrarse o calentar algo pequeño. Claro que necesitará aceite de cocina.
  • Mechero o cerillas para encender las velas o los fuegos para cocinar.
  • Dinero en efectivo, ya que los cajeros no funcionarán por la ausencia de electricidad.
  • Mantener el depósito del coche siempre lleno.
  • Mantas, ropa de abrigo y sacos de dormir.
  • Cocina de gas o parrilla de las de camping y su correspondiente gas. Sirven también hornillos de alcohol (es más seguro el alcohol en gel) o similares.
  • Unos buenos libros para aprovechar el apagón.
  • Algunos recomiendan un generador de bolsillo o solar para cargar el móvil, aunque es altamente probable que las redes telefónicas y de datos dejen de funcionar.
Para adivinar escenarios probables del apagón les recomiendo el libro citado anteriormente.
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