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Con sus erráticas políticas Occidente fracasa en el Medio y Lejano Oriente

El consejo premonitorio de Franco que el presidente Johnson ignoró. (Foto: https://es.newseurope.info/).
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El consejo premonitorio de Franco que el presidente Johnson ignoró. (Foto: https://es.newseurope.info/).

LA CRÍTICA, 3 SEPTIEMBRE 2021

Por Íñigo Castellano Barón
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Desde que en la primera Guerra Mundial, en 1914, el mundo se desmoronara y la mayor parte de las monarquías occidentales cayeran, un nuevo orden surgió para restaurar los viejos ideales del marxismo surgido en el anterior siglo. Entretanto y en paralelo, los postulados del neoliberalismo contrarrestaban amplia y eficazmente la productividad frente a la miseria del igualitarismo marxista. (...)

... El periodo de entreguerras habido desde la Conferencia de Paz de 1919 en París hasta la segunda conflagración mundial de 1940, estuvo salpicado de conflictos como la revolución húngara, la de la independencia turca, o la revolución alemana de 1918. Pero fundamentalmente la constitución de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas que dividirían a un mundo ya pretérito en dos grandes y antagónicos bloques.

Occidente se convirtió en rectora de los principios sacrosantos de la democracia, y las cada una de las nuevas naciones alcanzaron la posición geopolítica, que les correspondió por suerte, destino o diplomacia en el interregno de «cierta paz» surgida hasta la Segunda Guerra Mundial, mientras que el bloque socialista lucharía denodadamente por los principios revolucionarios preconizados por el filósofo Karl Marx.

Entretanto surgieron las grandes potencias cuya hegemonía ostentó los EE.UU. de Norteamérica y a su alrededor otras potencias periféricas que se iniciaron en la carrera armamentista, fundamentalmente pertenecientes al bloque socialista.

La «Belle époque» surgió como una respuesta al horror de la Gran Guerra, pero tan solo ocultaba o disfrazaba los grandes conflictos que se avecinaban y explotarían con la Segunda Guerra Mundial, acelerada por la temprana muerte del soviético Lenin, cuyo sucesor Stalin ambicionaba un comunismo universal. La depresión económica de los años 29 devolvió a la realidad a un mundo enmarcado en ideologías ficticias. Las democracias liberales se debilitaron ante el auge de los socialismos fascistas.

Surgen los procesos de descolonización de los territorios periféricos de las grandes potencias y en consecuencia los conflictos propios de estos y aquí se inician las políticas erráticas que dan título a este breve análisis, hoy traído a colación a consecuencia del resurgimiento y toma del poder de los talibanes en Afganistán, región montañosa y frontera con Pakistán, Irak y China, de religión islamista que cuenta con el apoyo soviético. El islamismo radical como los viejos o de nuevo cuño nacionalismos que orbitaban alrededor de las potencias colonizadoras, despertaron al abrigo de un complejo entramado de intereses económicos y geopolíticos que se centraron en regiones del próximo y lejano oriente. Un nuevo escenario apareció tras la caída en 1989 del Muro de Berlín. El mundo había cambiado por completo. La radicalización del Islam así como las nuevas tecnologías propiciaron la globalización de los conflictos. Occidente y su civilización se enfrenta ante algo sobre lo que no tiene un discurso armado ni una ideología determinada, pero lo cierto es que nuevos poderes ajenos a la civilización cristiana que forjó a Occidente, han entrado en un declive ante el auge de comunismos de élite cuyos dirigentes comparten el Bien Estar del Estado en deterioro del Estado del Bienestar.

Las clases políticas europeas actuales son en su mayoría, clases emergentes, no dirigentes, hechas y educadas en el seno de sus respectivos partidos políticos que tienen como horizonte las elecciones cada cuatro años. Es la Democracia. Entretanto las nuevas naciones emergentes invadidas algunas por un fanático Islam o bien por intereses económicos manejados desde otras potencias, van desestabilizando y cambiando los principios rectores tradicionales en todos los ámbitos de la sociedad universal, ya globalizada por una tecnología muy avanzada.

Afganistán está siendo ejemplo de la ausencia de un pensamiento ordenado de las cosas. Se evacúa a los militares, se dejan los civiles en medio del caos paranoico talibán. El presidente de los EE.UU. de Norteamérica hace piruetas incomprensibles o quizás, solo no comprensibles para la mayor parte de la población mundial occidental. Se inician guerras con un altísimo coste en vidas humanas pero los objetivos a conseguir parecen ante la opinión pública, tener un carácter meramente temporal.

Si en su día Vietnam fue en la década de los sesenta, un rotundo fracaso para Lindon B. Jhonson, teniendo al frente a su secretario de Estado Robert McNamara, hoy Afganistán lo es para el presidente Joseph Robinette Biden. No todo es explicable, ni este autor capaz de entender la errática política que viene produciéndose, y menos desde un punto de vista militar. Viene a cuento un artículo del periódico ABC en el que comentaba cómo el general Franco ante el requerimiento del presidente norteamericano Jhonson invitándole a participar junto a otras naciones en la guerra del Vietnam, este le recomendaba en una extensa carta las dificultades de iniciar y alcanzar el éxito en tal iniciativa. Franco era considerado como el primer Jefe de Estado que había logrado vencer al comunismo. Además, Franco tenía la experiencia militar de la guerra de guerrillas en el territorio marroquí, por ello su experiencia se tomaba en cuenta.

Sin embargo, Lyndon B. Jhonson no la tomó en consideración, como así lo manifestó en 1965 y que ABC recogió en su conferencia de prensa en la universidad de John Hopkins de Baltimore. «No habría evacuación y no se produciría la derrota». El resultado es de todos conocido. La intervención en Vietnam supuso la movilización militar más grande después de la Segunda Guerra Mundial y el general Franco estimaba en mucho las capacidades tácticas y militares de Ho Chi Minh. Por ello sus consejos, a través de su embajador Merry del Val, contrarios a la intervención militar en esa región del lejano oriente. No cabe duda alguna de que el general Franco profetizó tras un importante análisis el fatal destino al que estaban abocadas estas guerras en regiones extremas y de una singularidad indígena más propensa a ser seducida por los comunismos ruso y chino.

Afganistán es de nuevo el fracaso repetido de Occidente y la pregunta que dejo en el aire es si ¿es Occidente en la actualidad, el propio fracaso?

Iñigo Castellano Barón
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