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COVID-19: pandemia y encubrimiento

(Figura proporcionada por Meng Wang,  Wuhan Institute of Virology).
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(Figura proporcionada por Meng Wang, Wuhan Institute of Virology).

LA CRÍTICA, 28 JULIO 2021

Por Ariel Fernández Stigliano
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Anthony Fauci es una figura clave en el contexto de la pandemia del COVID19. Es asesor principal de la Casa Blanca en temas de salud y director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID), un instituto con incumbencia en el control de la pandemia en los Estados Unidos, organismo que a su vez forma parte de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH). Para muchos, Fauci representa la voz de la ciencia y la luz que ilumina las almas medrosas en estos momentos aciagos, no importa cuántas veces se contradijo a sí mismo, cambió su libreto, fue incapaz de hacer una sola predicción certera o simplemente mintió con total descaro al Congreso de los Estados Unidos. Fauci ha conseguido mantenerse en su alto cargo durante más de 37 años, consolidando y acumulando una significativa cuota de poder y capacidad de control mediático, además de ser uno de los funcionarios mejor pagados del establishment.

Pero el ícono y la persona suelen ser dos cosas distintas y rara vez se parecen. (...)

... Los que tenemos memoria y recorremos la literatura científica recordamos la época de la guerra por el descubrimiento del virus del SIDA (HIV1) y el rol despreciable y rastrero de Fauci en las escaramuzas por conseguir el Nobel. El grupo del Instituto Pasteur, liderado por Luc Motagnier, había conseguido aislar primero el HIV1. Como recibió financiación del NIAID/NIH, Motagnier fue obligado por Fauci a entregar muestras del virus a los investigadores intramurales del NIH liderados por Robert Gallo, íntimo amigo de Fauci, so pretexto de que era necesario verificar el hallazgo. Fauci además obligó al grupo francés a posponer la publicación de su artículo donde comunicaban los resultados que finalmente los harían acreedores del Nobel. Desde los intramuros del NIH, Gallo, aduciendo temerariamente que había aislado otra cepa del virus, consiguió publicar su supuesta saga junto a la versión de Motagnier, en el mismo número de la revista Science. Por fortuna, la fundación Nobel no se tragó la píldora y entregó el premio a los líderes del grupo francés. Esta anécdota nos desvía en parte de la cuestión central pero ayuda a bosquejar de manera fidedigna el rasgo ladino de la personalidad de Fauci, rasgo desconocido por el gran público.

Ahora una terrible pandemia asola la humanidad y, cuando parecía que la catástrofe sanitaria estaba bajo control, comprobamos con desconcierto y desazón que la selección natural está operando a toda marcha sobre el virus SARS-CoV-2 causante del COVID19 para generar cepas que finalmente lo pueden volver más apto, es decir, resistente a la inmunización inducida por las vacunas. En medio de esta tragedia resulta imperioso conocer el origen del virus y reconstruir su filogenia según los dictados de la selección natural. Pero eso ha resultado ser casi imposible. No solo el gobierno chino no coopera en proporcionar secuencias ancestrales del virus, sino que todo parece indicar que el SARS-CoV-2 apareció ex nihilo, sin pasos evolutivos intermedios discernibles, con su infectividad por el humano completamente optimizada de un solo saque, un poco como la diosa Atenea que nace ya armada del cerebro de Júpiter. Esto sugiere - casi a gritos - que el virus resultó de una manipulación en un laboratorio. El genoma del SARS-CoV-2 presenta un 96.2% de coincidencia con el virus del murciélago RaTG13, y el resto que lo diferencia de este último fue claramente incorporado mediante manipulaciones genéticas para poder adaptarse en forma óptima a un receptor en la superficie de la célula humana. Esta adaptación es esencial para así conseguir ingresar a la célula y tomar como rehén la maquinaria reproductiva de la misma que hace multiplicar el virus hasta el límite de lo imaginable. En otras palabras, SARS-CoV-2 es una quimera, es decir, un híbrido entre un virus natural que no tiene per se afinidad por el receptor humano y una región incorporada con el propósito de promover la transmisibilidad al humano.

Obviamente, esta es una verdad muy inconveniente para todos aquellos que participaron en la creación de esta monstruosidad. Precisamente sobre ellos recae ahora el peso de la responsabilidad por la muerte de cientos de miles de personas. Por eso mismo, Fauci y su entorno niegan la realidad aduciendo el origen natural del SARS-CoV-2, hipótesis insostenible a la luz de la abrumadora evidencia acumulada en el presente. Pero Fauci dispone además de otra herramienta para acallar a la oposición: ejerce coerción, usufructuando su capacidad decisoria en la adjudicación de los subsidios del NIH. Cabe mencionar que estos subsidios constituyen de lejos la fuente de financiamiento más importante con que cuenta hoy cualquier investigador en el ámbito académico. Los pocos investigadores que se animan a denunciar a Fauci se exponen a perder su financiamiento extramural, por ello suelen estar asociados a fundaciones privadas o estar fuera de la esfera de influencia del NIH.

Sorprendentemente, en marzo de 2020, a solo semanas de conocerse las proporciones del desastre originado en Wuhan, Peter Daszak, un personaje hasta ese momento desconocido para el gran público, organiza y publica junto con otros colegas un artículo furibundo donde descarta con inusitado énfasis cualquier posibilidad de que el SARS-CoV-2 se originase en un laboratorio. Mientras tanto, Fauci pontifica en iguales términos en los medios, sepultando así cualquier “teoría conspirativa” que apunte al origen artificial del coronavirus.

Sin embargo, un año más tarde, esta visión monolítica comienza a desmoronarse. Nuevas voces, especialmente la del insigne periodista Nicholas Wade y los científicos Rossana Segreto y Yuri Deigin, se yerguen para mostrar otra realidad, una realidad que clama por una investigación mucho más pormenorizada, equilibrada y juiciosa. Peter Daszak, de la firma EcoHealth Alliance, resultó ser nada más ni nada menos que el contratista del NIH en subsidios multimillonarios aprobados por Fauci para conseguir que el coronavirus del murciélago pudiera transmitirse a humanos manipulándolos genéticamente. Y como este tipo de investigación llamada de “ganancia de función”, que vuelve más peligrosos los virus naturales no podía por ley realizarse en los Estados Unidos, Daszak no tuvo mejor idea que subcontratar el trabajo al Instituto de Virología de Wuhan, precisamente el lugar en donde se originó el desastre.

Recientemente interrogado por el senador Rand Paul (R, Kentucky), Fauci declaró enfáticamente ante el Congreso Norteamericano que jamás financió ni supervisó investigación de ganancia de función en coronavirus y que el senador Paul no sabe de lo que está hablando. Simultáneamente Fauci, a través del control mediático ejercido por el NIH, dejó correr el rumor de que las teorías conspirativas sobre la creación del SARS-CoV-2 en un laboratorio provienen de sectores de ultraderecha en gran parte afines al ex presidente Trump o de papanatas útiles y funcionales a la ultraderecha, como el senador Rand Paul, que no saben lo que dicen.

Fauci y Daszak mienten. Mienten para salvar su pellejo. Ellos son directamente responsables de crear una monstruosidad y ahora buscan erigirse como arquitectos de un gran encubrimiento. Pero es tan difícil callar las voces de la verdad como tapar el cielo con las manos. Amparados en el Acto de Libertad de Información (FOIA, freedom of information act), el grupo Judicial Watch obtuvo, a través de sendos juicios ganados al NIH, los mails de Anthony Fauci. Entre ellos hay uno particularmente revelador fechado el uno de noviembre de 2013, que esperamos precipite la caída de Fauci y Daszak. Es un mensaje de Greg Folkers, funcionario del NIAID/NIH, a Patricia Conrad, asistente especial de Fauci. El mensaje está disponible en el domino público en el link https://www.judicialwatch.org/documents/jw-v-hhs-niaid-wuhan-june-2021-00692-pgs-235-236/

En este mensaje, Folkers comunica oficialmente y con singular entusiasmo al NIH (en la persona de Patricia Conrad) que el contratista Peter Daszak y los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan consiguieron ya en 2013 la transmisibilidad a humanos del coronavirus del murciélago mediante la manipulación genética. Los resultados de ganancia de función financiada por el NIH y mencionados por Folkers aparecieron publicados en la revista Virologica Sinica en diciembre de 2013, volumen 28, número 6, páginas 315-317. Para ilustrar este logro fundamental en la creación de un coronavirus capaz de infectar humanos, Greg Folkers muestra a Patricia Conrad una figura confeccionada por Meng Wang, un investigador del Instituto de Wuhan. La figura, que data de 2013, es ominosamente similar a las figuras actuales que muestran el mecanismo de infección del SARS-CoV-2 aprovechando el anclaje al mismo receptor en la superficie de la célula humana que ya habían identificado en 2013 Daszak y sus colaboradores de Wuhan. Es decir, ya en 2013, se había logrado en el laboratorio y reportado al NIH la transmisión al humano de un coronavirus natural modificándolo para que aproveche el mismo receptor que utiliza el SARS-CoV-2. Esta investigación fue subvencionada mediante un contrato con el NIAID/NIH que fue aprobado por Anthony Fauci en su capacidad de director del NIAID. Por eso, Folkers rinde cuentas a Patricia Conrad de los resultados de las investigaciones de Daszak y sus colaboradores chinos. El colmo del horror es la respuesta de Patricia Conrad al ver la caricatura que le envía Folkers: “Creo que necesitamos más dibujos como este… es demasiado bonito”. Es decir, el NIH alienta a su contratista Daszak a seguir avanzando por la peligrosa senda.

La macabra broma resulto premonitoria, de hecho siete años más tarde apareció otro dibujo como este, tal como quería Patricia Conrad. Es precisamente el que ahora muestra cómo encuentran la muerte centenares de miles de personas…

Ariel Fernández Stigliano obtuvo su doctorado en “física-química” en la universidad de Yale y fue profesor titular a cargo de la cátedra Karl F. Hasselmann de Bioingeniería en Rice University, Estados Unidos. También ha sido investigador superior del Instituto Max Planck de Biofísica Química en Göttingen. Actualmente es investigador honorario en el Instituto Suizo de Estudios Avanzados de Basilea y en el Instituto Daruma de Inteligencia Aplicada. Es autor de 466 artículos científicos, de 5 libros y de varias patentes de biotecnología. Su último libro “Artificial Intelligence Platform for Molecular Targeted Therapy” (World Scientific Publishing, 2021) fue prologado por el premio Nobel Robert Huber.

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