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Los Santos Ángeles Custodios: pon nombre al "Sinnombre"

Ángel custodio con santa Úrsula y santo Tomás. Cecco de Caravaggio (Francesco Buoneri). (Museo del Prado)
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Ángel custodio con santa Úrsula y santo Tomás. Cecco de Caravaggio (Francesco Buoneri). (Museo del Prado)

LA CRÍTICA, 28 SEPTIEMBRE 2020

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Los cristianos saben que tienen un ángel de la guarda, un custodio personal, para ayudarles eficazmente -tanto en las cosas materiales, como, sobre todo, en las espirituales-, a llegar a su casa del cielo, a Dios, al Amor, a la felicidad. Como es sólo un ángel únicamente conoce lo que le decimos, por eso, si le tratamos habitualmente, conviene ponerle un nombre (...)

..., puesto que es un espíritu sin nombre. Y como espíritu no tiene sexo, por lo que podemos “bautizarle” con el nombre que nos dé más confianza, más devoción, quizá el de la persona que más queremos.

La memoria obligatoria de los santos ángeles custodios se remonta a 1411, cuando se instituyó en Valencia una fiesta especial para el ángel protector de la ciudad. Sin embargo, fue el emperador Fernando II, el que pidió al papa Pablo V que estableciera una fiesta para honrar a los ángeles custodios con objeto de agradecerles los constantes desvelos con los que procuran llevarnos al cielo. El Papa aceptó su petición el 27 de septiembre de 1608 y esta fiesta fue desde entonces obligatoria en el Sacro Imperio Romano Germánico. En 1670 Clemente X la hizo preceptiva para toda la Iglesia y Pablo Vl la fijó el primer día libre después de la fiesta de los arcángeles, San Miguel, San Gabriel y San Rafael, esto es, el día 2 de octubre que es cuando se celebra en la actualidad.

En efecto, antes de comenzar la Misa se lee: “En este día la Iglesia quiere honrar a los numerosos ángeles a los que Dios ha confiado la custodia material y espiritual de los hombres, agradeciéndoles los continuos y eficaces desvelos con que procuran conducirnos sin tropiezos hacia la casa del cielo”. En la oración colecta dice: “Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía”. Y agrega en la oración sobre las ofrendas: “… y concédenos que su continua protección nos libre de los peligros presentes y nos lleve a la vida eterna”.

Las referencias a los ángeles aparecen a lo largo de toda la Biblia, pero de manera individualizada, sobre todo, en el Nuevo Testamento. Durante las tentaciones de Jesús en el desierto, le pide el Tentador que se arroje desde el pináculo del templo: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”. (Mateo 4,6); respecto de los niños y el cuidado de no escandalizarlos: “Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial” (Mateo 18,10); con relación a la liberación de los apóstoles: “Entonces el sumo sacerdote y todos los suyos, que integran la secta de los saduceos, en un arrebato de celo, prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. Pero, por la noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera,…” (Hechos de los apóstoles 5,17-19); en la intervención a favor de un “pagano”: “… Este (Cornelio, centurión de la cohorte llamada Itálica) hacia la hora de nona, vio claramente en visión un ángel de Dios que fue a su encuentro y le dijo: “Cornelio”. Él se quedó mirando, lleno de miedo, hijo: “¿Qué hay, señor?”. Le respondió el ángel: “Tus oraciones y tus limosnas han subido como memorial a la presencia de Dios. Ahora manda a alguien a Jafa y haz venir a un tal Simón llamado Pedro,…” (Hechos de los apóstoles 10, 1-5). Finalmente, y en mérito a la brevedad, se reproduce el hecho de la liberación del futuro San Pedro: “… El rey Herodes… Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener también a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel de Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: “Date prisa, levántate”. Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: “Ponte el cinturón y las sandalias”. Así lo hizo, y el ángel le dijo: “Envuélvete en el manto y sígueme”. Salió y lo seguía, sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió sólo ante ellos, salieron y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel. Pedro volvió en sí y dijo: “Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para liberarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos”.

Dándose cuenta de su situación con claridad, se dirigió a casa de María la madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde había muchos reunidos en oración. Habiendo golpeado la puerta de la entrada, se acercó una sirvienta llamada Rode para ver quién era. Reconoció la voz de Pedro, mas, llena de alegría, no abrió el portón, sino que corrió adentro a anunciar que Pedro estaba en la puerta. Ellos le dijeron: “Estás loca”. Pero ella insistía afirmando que era así. Entonces ellos dijeron: “Será su ángel”. (Hechos de los apóstoles 12,1-15).

Por su parte, Eusebio de Cesarea (s.lll) llama a los ángeles custodios, “tutores” de los hombres; San Hilario (s. lV), “mediadores”; San Basilio (s.lV), “compañeros de nuestro camino”. Así, en la Misa: “Cantamos a los ángeles custodios de los hombres, que puso el Padre, junto a nuestra frágil naturaleza, como celestiales compañeros para que no sucumbiéramos antes las insidiosas acometidas de los enemigos”. (Enzo Lodi, LOS SANTOS DEL CALENDARIO ROMANO, Ed. SAN PABLO, 1990, p.392).

Quizás el mejor biógrafo de los ángeles custodios, Eugenio Beitia, escribe: “Cuando se habla de los ángeles custodios nos referimos primariamente a los que ejercen la salvadora tutela de las personas individuales. Cada uno de nosotros tiene su ángel de la guarda. Dios quiere que todos los hombres se salven y que lleguen al conocimiento de la verdad. Al decir todos los hombres no excluimos a ninguno. Tenemos, por tanto, por más congruente a esta voluntad salvífica de Dios el extender con la misma universalidad el ministerio tutelar de los ángeles. Todas las almas han sido redimidas por Cristo, todas están en el camino de la salvación, todas son defendidas y protegidas por los ángeles.” (Eugenio Beitia, AÑO CRISTIANO, BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS, 1959, p. 14).

“Criaturas, esto es, hechos; nada de semidioses; “un tiempo” no fueron y “otro tiempo” son; por tanto, no autónomos, sí dependientes de Dios. Espirituales, por tanto, sin cuerpo; nada de materia; ni se tocan, ni se miden, ni se pesan. Inteligentes y con voluntad libre, que es la actividad propia del espíritu. Eslabón de la cadena cósmica creada superior al hombre, quiero decir, con mayor perfección… Deben ser muchos y distintos entre ellos están los llamados ángeles de la Guarda o Custodios. A estos son a los primeros que nos enseñaron a rezar. Son como un hermano mayor espiritual. Aconseja como el mejor tutor, es guía y centinela, invisible maestro discretísimo en los peligros cotidianos, sabe dar aliento e impulso… y da su apoyo para el bien obrar cotidiano; incluyo confidente, porque se le puede hablar y pedir… Claro que tratarlo como a un amigo permanente, que no nos abandona durante las 24 horas del día, supone la fe y eso es hacerse como niños. Quien lo consigue, no lo ve; pero le trata con la misma confianza de los niños… Ya se ve que lo descrito está muy lejos del cuento, narración para niños, mito de tontos o etérea imaginación de seres de fábula como hadas madrinas o enanos bondadosos. El Ángel Custodio es capaz de recibir nombre y quien se lo pone y le da encargos experimenta violencia para hacer el bien y aviso de alarma estridente para hacer un “stop” en hacer el mal.” (Francisco Pérez González, DOS MIL AÑOS DE SANTOS, Ediciones PALABRA, 2001, p.220).

Después de exponer lo que el Nuevo Testamento, la Liturgia, algunos de los autores primitivos y contemporáneos dicen sobre los ángeles de la guarda o ángeles custodios, poco queda que añadir, como no sea que resulta un desperdicio, un gran error, no recurrir habitualmente a nuestro ángel para pedirle esas pequeñas cosas materiales y sobre todo espirituales, que precisamos casi continuamente y pedíselas por su nombre, el que nosotros le hemos puesto para dirigirnos a él, dado que ya es un espíritu puro, que al vencer la terrible tentación, la prueba a la que le sometió la soberbia de Luzbel, ahora ya vive en el Amor y tiene el encargo de llevarnos a ese Amor.

Pilar Riestra
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