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TEORÍA Y PRÁCTICA DE LA CORRUPCIÓN (3)

Las subvenciones

Caricatura de Demócrito (siglo XIX). Wikipedia
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Caricatura de Demócrito (siglo XIX). Wikipedia

LA CRÍTICA, 18 JULIO 2020

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Los ciudadanos de a pie, que no estamos cerca de los núcleos del poder y desconocemos gran parte de ese mundo paralelo donde se cuecen las decisiones que después se transforman en múltiples normas y disposiciones de obligado cumplimiento, tenemos alguna compensación informativa como es la (...)

... publicación obligatoria del detalle de las subvenciones concedidas por la Administración Pública en los distintos boletines oficiales de nuestra autonómica España —provinciales, autonómicos y del Estado—. Unas cuantas docenas de farragosos boletines, que hacen de la transparencia un saco de datos sin fondo imposible de analizar y controlar en su conjunto, y más si añadimos —en este caso con miles de orígenes— aquellas subvenciones de ámbito municipal que no llegan a publicarse en sus correspondientes boletines provinciales[1].

A pesar de todo, con un poco de paciencia y humilde pretensión se puede poner el foco en alguna de ellas y, si se es capaz de asumir las conclusiones de su análisis sin darse de baja como ciudadano, al menos se adquiere el criterio para poder opinar —sí, para poder opinar pero también juzgar como lo hago yo en este caso— que la concesión de subvenciones y más por conceptos genéricos es un pozo negro de corrupción que utilizan sin el más mínimo decoro los partidos políticos en el poder para dar satisfacción a su red clientelar, o para ensancharla.

Si alguno de ustedes se decide a profundizar en lo que estoy planteando les propongo dos asuntos para abrir boca, en los que personalmente he buceado para terminar abandonando al carecer de vida suficiente —así me lo parece dada la abrumadora cantidad de información— para llevar la tarea a término: 1) las subvenciones, año tras año, derivadas de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica (Ley 52/2007 de 26 de Diciembre), no solo para los lícitos procesos de localización de restos humanos y su exhumación, sino para las actividades más variopintas que poco o nada tienen que ver con los contenidos de la citada Ley, y 2) las prebendas que concede el Ministerio de Cultura o sus equivalentes, año tras año también, como ayuda a la difusión de la cultura, que engloba múltiples y etéreas actividades además de la edición de libros y otros adminículos culturales. Encontrarán ustedes todo lo que no quisieran encontrar, desde el oscuro trapicheo de altos cargos —muy altos cargos nombrados a dedo, aclaro— ocultando subvenciones a ellos mismos con personas interpuestas, hasta pagos debidos por afinidad ideológica a impresentables de vergüenza, magníficamente maquillados, incluidos terroristas no presuntos y organizaciones antisistema. Eso sí, ármense de paciencia porque la información, numerosa como lo son los perceptores de las regalías, rara vez está clasificada por algún concepto, lo que hace penoso el establecimiento del monto total percibido por cada receptor a lo largo del tiempo, reduciendo incluso este a un solo año.

Como verán, tampoco es tan difícil poder llegar a conclusiones propias y por ende a tener criterio sin necesidad de adoptar por obligación las posiciones inducidas por las partes interesadas, que nos llegan a través de los medios de comunicación previo filtro político o ideológico. Aunque estoy convencido de que pocos elegirán este camino y que una gran mayoría lo considerará innecesario o en exceso tortuoso y poco productivo para acometerlo.


Notas:

[1] La existencia, dentro del Ministerio de Hacienda, del “Sistema Nacional de Publicidad de Subvenciones” no hace sino confirmar lo que estoy exponiendo: convierte la transparencia en un saco de datos sin fondo.

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