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San Pedro Chanel: el primer mártir de Oceanía

La isla Futuna, donde falleció San Pedro Chanel en 1841. Foto: De Troisoc - Fotografía propia, GFDL, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6728303
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La isla Futuna, donde falleció San Pedro Chanel en 1841. Foto: De Troisoc - Fotografía propia, GFDL, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6728303

2 ABRIL 2818

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(...) Pedro María Chanel, vivió una de las épocas más turbulentas, discutidas, estudiadas, cambiantes e influyentes de la Historia de Humanidad: la Revolución Francesa...

El primer mártir de Oceanía y el primer mártir de la Congregación de los Padres Maristas, Pedro María Chanel, vivió una de las épocas más turbulentas, discutidas, estudiadas, cambiantes e influyentes de la Historia de Humanidad: la Revolución Francesa. Apenas habían transcurrido dos años, desde que la Santa Sede (Pío Vll) y Francia (Napoleón) habían firmado el Concordato, cuando nació, en 1803, nuestro futuro santo, en La Potière, en una aldea francesa, en Cuet, de la diócesis de Belley. Fue el quinto hijo de unos pobres agricultores, que tuvieron otros tres hijos más.

Quizá Pedro, a pesar de su corta edad, tuvo alguna noticia de que Napoleón quiso utilizar al Papa para sus fines políticos y le pidió que se uniera al bloqueo continental contra Inglaterra, iniciado en noviembre de 1806. Ante la negativa de Pío Vll, Npoleón conquistó los Estados Pontificios, declaró a Roma segunda capital de su Imperio y redujo a prisión al Pontífice.

Es difícil hacerse una idea cabal de lo que ha supuesto la Revolución Francesa, cuya influencia sigue vigente en bastantes aspectos. Ballesteros y Alborg, publicaron en su día un libro, en dos Tomos, decididamente muy recomendable, titulado HISTORIA UNIVERSAL y en sus páginas 330 y 331, analizan el valor y significado de la Revolución Francesa; entre otras muchas cosas escriben: que esta Revolución “es un fenómeno histórico, en sí raro, porque fuerzas sin concentración previa se van amalgamando y coaligando, para conseguir, en un momento dado, la destrucción de una de las monarquías más fuertes y tradicionales de Europa.” Más aún, algunos “niegan la espontaneidad de la revolución y que en ella y su desarrollo haya influido lo que podríamos llamar ley de las revoluciones. Éstos, entre los que se cuenta Barruel y Cochin, piensan en una larga preparación, voluntariamente dirigida por elementos masónicos, para acabar con la autoridad en el sitio donde se presentara más débil. Lo que no es admisible es la teoría tradicional de la reacción de los míseros contra el lujo de la nobleza y de la Monarquía, que es solamente un elemento de descontento,… Lo que nadie niega hoy son las consecuencias de la Revolución Francesa. Los lemas de libertad, igualdad, fraternidad han constituido un credo dinamizador de todas las revoluciones”. Quizá Pedro pudo pensar, dada “la actitud anticatólica evidente” de la Revolución, que si alguien ha defendido la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los hombres han sido los cristianos de los que él fue un ejemplo en la evangelización que le costó la vida.

Pedro, tuvo la suerte de que el párroco, Trompière de un pueblo vecino, al verle tan despierto le pidió a sus padres encargarse de su educación. Los padres aceptaron y durante los años que estuvo con el párroco comenzó a llevar vida de piedad, de estudio, de servicio a los demás, especialmente visitando a los enfermos. Cuando cumplió la edad necesaria, cursó los estudios en el Seminario, donde destacó enseguida como alumno muy aventajado, siendo ordenado sacerdote en 1827.

Fue destinado a la parroquia de un pueblecito de mayoría protestante, pero allí se ganó el aprecio de todos por su caridad extrema. Sin embargo, lo que presidía la vocación de Pedro eran las misiones. Ingresó en la Sociedad de María que aún no estaba aprobada canónicamente y fue enviado a misionar una isla de Oceanía occidental. Como se sabe este continente insular fue descubierto por los españoles en 1525 y en sucesivas expediciones las islas más importantes incluida la plataforma continental que llamaron, por una equivocación con otra isla: Australia.

El viaje, hasta su destino, sufrió numerosas adversidades, pero, finalmente, el 11 de noviembre de 1837 llegaron a su destino Padre Chanel y el Hermano Marie-Nizier: isla Futuna. Naturalmente, el Padre Chanel no conocía la lengua que hablaban los aproximadamente mil habitantes de Futuna, pero, como resalta su biógrafo, Francisco Pérez González, en su obra, Dos Mil Años de Santos, en su página 490, Pedro “destaca por su paciencia y amabilidad exquisitas que mostraba con los naturales de Futuna, a los que no sabía negar nada; siempre se le vio dispuesto a la disculpa y la comprensión, sabiendo excusarlos por más que se mostrarán rudos e incómodos. Baste decir que los nativos comenzaron a llamarle “hombre de gran corazón”… El escaso fruto que cosechaba no le llevó en ningún momento a adoptar actitudes negativas, siempre estaba alegre y optimista, consciente de que “uno es el que siembra y otro el que siega”; por eso solía decir a su acompañante: “Hermano, esta misión es difícil, es preciso que seamos santos”.

Empezaron las conversiones y con ello disminuyeron las ofrendas a los ídolos de las que se beneficiaban las personas importantes de Futuna. Éstas convencieron al rey, Niuliki, de que pidiera a Pedro que se marchase, pero éste no quiso abandonar a sus fieles. No obstante, lo que provocó el martirio de Pedro fue la conversión del hijo del rey, Meitala. Así, el 28 de Abril de 1841, día en que Pedro yacía en su casa, un cobertizo, con unas fiebres altísimas y una profunda llaga en un pie, entró el yerno del rey, Musumusu, con otros hombres y comenzaron a apalearle. Convertido en un pingajo sanguinolento, Pedro aún pudo decir: “Mi muerte es un gran bien para mí”. Poco después de la muerte de Pedro, la isla Futuna era cristiana.

La Iglesia transmite a los cristianos de hoy, en la Oración Colecta de su Misa, la necesidad de dar testimonio, de ser testigos de Cristo como lo fue San Pedro Chanel: "Señor, tú que has concedido la palma del martirio a san Pedro Chanel cuando trabajaba por extender tu Iglesia, concédenos a nosotros que, en medio de las alegrías, celebremos de tal modo el misterio de Cristo muerto y resucitado, que seamos verdaderamente testigos de una vida nueva". Escribe, Enzo Lodi en LOS SANTOS DEL CALENDARIO ROMANO, página 137: “Esta petición encuentra su verificación histórica en la misma peripecia de nuestro santo mártir, proclamado patrono de las islas de los mares del sur, porque, tras su muerte y las curaciones realizadas sobre su tumba, como se ha dicho, la isla de Futuna se convirtió casi instantáneamente a la fe”.

En consecuencia, parece obligado felicitar a los pocos que celebran su onomástica el dies natalis de este gran santo: el próximo día 28 del presente mes.

Pilar Riestra
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