LA CRÍTICA, 2 SEPTIEMBRE 2023
Maximiliano María Kolbe jamás había delinquido: no había robado, ni estafado, ni violado, ni maltratado, ni herido, ni matado o asesinado, sino, por el contrario, prefería ser pobre antes que otro lo fuera, prefería estar enfermo antes que otro enfermara o muriera. Tampoco era judío. Solo era un sacerdote católico y por eso estaba prisionero, condenado a trabajos forzados en un campo de exterminio. (...)