LA CRÍTICA 16 AGOSTO 2026
Frente a los tiempos antiguos de la espada surge hoy la turbia autoridad de la palabra, convertida en instrumento de poder, vehículo de la «posverdad» y molde de una realidad fabricada. Ya no siempre resulta necesario encerrar al adversario, quemar sus libros o imponerle silencio por la fuerza. Basta con desacreditarlo, señalarlo, excluirlo del lenguaje aceptable o situarlo fuera de los límites de una moral previamente establecida. (...)