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(Ilustración: La Crítica / IA)
(Ilustración: La Crítica / IA)

La utopía, un sistema binario ineludible

LA CRÍTICA 7 JUNIO 2026

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El estado libre de Fiume, un proyecto político que fracasó por, una vez más, querer llevar a la práctica una utopía. Este territorio, enclavado en la frontera entre Croacia e Italia (la actual Rijeka), fue declarado estado libre independiente entre 1920 y 1924 al no haber acuerdo sobre su integración en Italia o Yugoslavia. (...)

Fue presidida por el militar y poeta Gabriele D'Anuncio y se convirtió en una especie de laboratorio social donde se proclamaba, entre otras cosas, el amor libre o la abolición del uso del dinero. Esta utopía atrajo a muchos intelectuales, pero a su vez a la delincuencia internacional que campaba a sus anchas en un territorio sin control ni presencia del Estado. Como consecuencia del caos creado en un territorio sin ley, ya se hizo inviable al cabo de un año, siendo ocupado por fuerzas fascistas y comunistas alternativamente hasta su disolución e integración en Yugoslavia en 1924.

Las utopías han sido el germen de las dictaduras más sangrientas de la historia de la humanidad. Las religiones monoteístas o las doctrinas fascista y comunista, nacen de una idea utópica que se nos ha querido imponer sin posibilidad de disidencia porque sus ideólogos la consideraban perfecta sin tener en cuenta que era falsa por impracticable. La misma etimología de la palabra de origen griego, compuesta por la negación U y topos (lugar) forman un “no lugar”. Por tanto, el mismo término da idea de qué quienes pregonan la utopía se empeñan en difundir la falsedad, lo irrealizable. Tomas Moro en su obra del mismo nombre define un lugar perfecto en cuanto a solidaridad y ausencia de injusticia social, en lo que puede considerarse como preludio de la idea socialista. Sin embargo, nunca aspiró a poner en práctica su idea utópica, aunque si tenía unos firmes principios morales basados en su fe católica que le costaron la vida a manos de Enrique VIII.

Los intentos de llevar a la practica una utopía se plasman en un sistema perfectamente binario: o el caos con el fracaso rotundo del proyecto, o una dictadura férrea que elimine, no sólo cualquier intento de disidencia, sino también a los mismos disidentes. Una vez la utopía traspasa el límite de la teoría y se quiere llevar a la práctica, se impone de nuevo la propiedad binaria: o se acepta de forma unívoca, o se produce el conflicto entre quienes la quieren imponer y quienes la rechazan porque anula la libertad. Una vez desatado el conflicto, volvemos otra vez a ese sistema binario: de ese enfrentamiento sólo pueden salir dos tipos dictadura: la de los utópicos o la de los que la combaten. El enemigo seguirá en el escenario una vez rendida la parte contraria. Por tanto, instaurar un sistema democrático significa dejarlo que continúe con su actividad finalizada la contienda. lo que se traduce en un Estado demasiado inestable como para que triunfe la verdadera democracia. Habrá que dejar que transcurra un largo período de tiempo que reconcilie de forma sincera a ambos bandos, o las partes sean más elásticas en sus posicionamientos. No creo que haya nadie que pueda pensar que en el caso de triunfar el Ejército Blanco durante la Revolución Rusa, o el Frente Popular durante la Guerra Civil Española, o Chian Kay-Sheck durante la Guerra Civil China, o si Salvador Allende hubiera llevado su comunismo hasta las últimas consecuencias, o hubieran triunfado los movimientos Tupamaro o Montonero en Argentina y Uruguay (muchos más sangrientos que ETA) su triunfo no hubiesen dado lugar a dictadura de signo contrario a las que tuvieron que sufrir bajo el bando ganador. El espejo de lo que pasó en Cuba, Camboya, China, la URSS o Vietnam, atenúan lo ocurrido durante las dictaduras españolas, chilena, argentina o uruguaya que, dentro de lo malo, se pueden calificar como un mal mucho menor, no solo en vidas sino en balance económico y bienestar social.

Y acabo con una convicción personal: como ocurrió en Fiume, los partidos de ideología eminentemente utópica, han terminado convirtiéndose en el refugio de políticos sin escrúpulos. Al tener a su disposición un caladero de votantes dispuestos a creer en la bondad absoluta del partido utópico y sus dirigentes que. en el más laborioso ejercicio de la crítica, disponen de un suelo electoral muy alto que baja muy poco en comparación con otros países, en los que se cobran los desmanes políticos al precio de hacer desaparecer esos partidos por una simple men

Pepe Ordóñez, PTLA y escritor

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