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Dios

¿Puede la ciencia escapar de Dios? (II)

LA CRÍTICA, 28 DICIEMBRE 2025

28/12/2025@17:52:01

Discutía hace unos días con unos amigos sobre si la razón puede ser una vía para llegar al conocimiento de la existencia de Dios. Recientemente había escrito un artículo titulado «¿Puede la ciencia escapar de Dios?», en el que hacía mención al Big Bang como argumento que invita a creer que Dios es una opción muy razonable.

Algunos de estos amigos sostenían que no parece posible acercarse a Dios por la razón, aunque como buenos amigos, tampoco se habían leído mi modesto artículo. Argüían, y no les falta razón, que a Dios se llega por otras vías, fundamentalmente la fe, pero creo que obvian que la fe es un salto suprarracional. La fe no es superstición, sino que parte de la razón, necesita de la voluntad, hay que buscarla, y en última instancia requiere de la gracia de Dios que nos es concedida. (...)

¿Puede la ciencia escapar de Dios?

LA CRÍTICA, 31 OCTUBRE 2025

El conocimiento de Dios, para ser auténtico y profundo, solo puede nacer —creo yo— del conocimiento de su amor. Quien lo experimenta comprende que la cuestión que aquí planteo pierde sentido: se pasa del creer al saber, de la fe a la certeza interior. Las pruebas dejan de ser necesarias.

Sin embargo, la mayoría no nace en ese estado. Vivimos intentando comprender la realidad con los instrumentos de que disponemos. Muchos buscamos pruebas, señales que nos den reposo y nos permitan creer. Y digo “creer” porque es un anhelo profundamente humano: el deseo de que exista algo que trascienda el mal y la fragilidad que nos rodean. (...)

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Del Principio de la Vida y algo más

LA CRÍTICA, 27 MARZO 2024

Al escribir este artículo debo advertir que he procurado hacerlo respetando cualquier forma de fe o cualquier forma de agnosticismo. Para ser justo, debo de aclarar también que creo en la existencia de un Dios infinitamente misericordioso, que vive a nuestro lado, que nos cuida, que nos mima, que no recuerda nuestros pecados para castigarnos, ni que tampoco nos castiga cuando nos descuidamos. Cuando nos acerquemos al final de nuestros días, en paz con nuestra conciencia, será para nosotros suficiente imitar al Papa Benedicto XVI cuando, en el mismo trance, proclamó: “Señor, te amo” para que inmediatamente podamos percibir el paternal abrazo del Dios en el que creo. (...)