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España, su defensa, sus compromisos internacionales y sus Fuerzas Armadas

Foto: http://canariasnoticias.es/
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Coronel de Caballería (R), Noviembre 2016

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... Habrá que realizar, por tanto, todas aquellas actividades que sirvan para mejorar el conocimiento y el aprecio de los españoles hacia sus Fuerzas Armadas ...

No hace muchos días, en una tertulia con mis antiguos subordinados, me comentaron las dificultades que tenían en sus unidades para llevar a cabo los planes de instrucción. Sólo las unidades que próximamente debían incorporarse a misiones derivadas de nuestro compromisos internacionales en operaciones de la ONU, UE, OTAN y otras… podían disponer del combustible, ejercicios de tiro y los suministros necesarios para lograr un adiestramiento adecuado. Sus quejas, por las explicaciones que me daban, me parecieron convincentes y me dejaron muy preocupado.

Reflexionando en casa sobre lo escuchado en la citada tertulia, hice memoria de mis vicisitudes al mando del Regimiento Ligero Acorazado Numancia (1996/98). El regimiento había sido trasladado anteriormente desde Barcelona a un acuartelamiento situado en la autovía de Zaragoza a Huesca, que recibiría posteriormente el nombre de Base del General Ricardos; su situación era idónea, a la entrada del espléndido campo de tiro y maniobras de San Gregorio, próximo y al norte de la ciudad de Zaragoza. El regimiento se había incorporado, junto con los regimientos Acorazado Pavía, que venía de Aranjuez, y el Ligero Acorazado España, que había sido trasladado desde Burgos, para formar la nueva Brigada de Caballería Castillejos II. Cuando me incorporé, esta gran unidad acorazada iba a cumplir los 10 años desde su creación. Su reunión en la misma base era un buen augurio, pues incluso su Regimiento de Artillería estaba en otro acuartelamiento vecino. Con el campo de maniobras a nuestra espaldas, las facilidades para realizar los ejercicios instrucción y de tiro eran excelentes para todas las unidades de los distintos escalones.

Desde el inicio, se había hecho un gran esfuerzo para adaptar las instalaciones construidas para albergar un Centro de Instrucción de Reclutas a las necesidades de una gran unidad acorazada. Desde luego, en los dos años de mi mando, la mejora fue evidente y los tres regimientos se encontraban ya bien instalados con los servicios adecuados en la citada base. Recordaba que no tuve problemas de gasto de combustible, ni de municionamiento y medios para llevar a cabo una intensa instrucción. La única salvedad que puede hacerse, si no recuerdo mal, era la escasa dotación de misiles contra carro Milán; se solventaría con la instalación de un simulador de tiro confeccionado en el propio regimiento. Sin embargo se pudieron hacer numerosos y diversos ejercicios de fuego real con los morteros de 120 mm, instalados en los TOA,s, y los cañones de 105 mm de los carros de combate AMX-30 EM2. y de los VEC,s. Al final de mi mandato, llegaron las emisoras de radio de salto de frecuencia y los lanzagranadas automáticos.

Era evidente la mejora en todos los aspectos. Se pondría de manifiesto en los diversos ejercicios tácticos realizados en el campo de maniobras de San Gregorio y las pequeñas unidades del regimiento alcanzaron un alto grado de adiestramiento. Se pudo ratificar con la unidad que se formó en la brigada para cumplir una misión de interposición de contendientes en Bosnia-Herzegovina. Fue un grupo, con vehículos blindados de ruedas, en el que estaban integrados mandos, soldados y material del regimiento; lo mandaba un teniente coronel del regimiento, excelente profesional, que fue felicitado al término de la misión. Se volvió a demostrar el adiestramiento de mi unidad en un ejercicio táctico con fuego real llevado a cabo en el campo de maniobras de San Gregorio ante el entonces Príncipe de Asturias. Si el general jefe de Castillejos II se lo hubiera encargado a los otros dos regimientos, España y Pavía, el resultado hubiera sido igualmente satisfactorio. El grado de adiestramiento que había alcanzado la brigada era muy elevado.

También se notaba en las colaboraciones de nuestra pequeñas unidades con ejércitos extranjeros, como los de Holanda y Francia, en el mismo campo de maniobras. Sólo cabe reconocer un problema que estaba alcanzando cierta gravedad; era las averías de los carros de combate AMX-30. Los motores alemanes MTU MB-833 no estaban dando buen resultado. Un fallo en el sistema de refrigeración por agua provocaba que se gripase uno de los cilindros. No estoy seguro, pero creo recordar que le pasaba al segundo de la bancada derecha con más frecuencia que a los demás. Aunque eran cilindros independientes, el segundo escalón del regimiento no podía arreglar tal avería. Hay quien le echaba la culpa al combustible JP8 que nos obligaban a utilizar. Desde luego, el uso de este combustible debió también influir, pues algún inyector-bomba de los motores de los TOA,s también se gripó, avería que no había visto producirse en unidades que utilizaban el gasoil normal para sus vehículos. En cambio la transmisión Zf LSG-3000 funcionaba muy bien, así como la modernísima torre del citado carro de combate.

A pesar de este inconveniente, se había creado un ambiente de optimismo general; se mejoraba en todos los sentidos y los jefes, oficiales, suboficiales y soldados, pues ya había entre estos últimos profesionales, se sentían satisfechos y seguros de poder desarrollar su profesión con eficiencia. Era palpable la ilusión por poder cumplir con exactitud las misiones que exigía la vocación militar y se estaba dispuesto a servir a la Nación tal como quería ser servida. La propia conciencia de estar bien preparados hacía que estuvieran disponibles y dispuestos a actuar con entusiasmo en todo lo que se les mandaban. Prueba de ello era que siempre había voluntarios de sobra para integrarse en las unidades que se organizaban para cumplir las misiones que se derivaban de los compromisos internacionales de pacificación, interposición y ayuda adquiridos por el Gobierno.

Por el contrario, aprecié en la tertulia citada cierto desánimo en mis antiguos subordinados y eso me alarmó. Sobre esta cuestión y continuando con mi reflexión, me vino también a la mente el estudio que realicé sobre la causas del “Desastre de Annual”. Para mí, las dos más importantes fueron, primero, la falta medios adecuados para cumplir la misión de pacificación del Protectorado y conseguir la sumisión de los indígenas al gobierno jalifiano y, segundo, la desmoralización y desmotivación de una buena parte de los mandos.

Dos años antes del “Desastre” el general Berenguer, en carta (30/julio/1919) al ministro del Ejército, general Tovar, a los pocos meses de hacerse cargo de la Alta Comisaría, le llegó advertir que: ir al combate con cañones inútiles que no baten lo que deben batir; con ametralladoras que sólo figuran en el papel, pero que no pueden ni tirar al blanco; con material de fortificación, de alojamiento y telegráfico escaso, y teniendo que dejarse impedimenta, víveres, municiones y material de fortificación en los parques porque no hay con que llevarlos, es luchar con los mismos o más deficientes elementos que los moros y no parece que ése es nuestro papel dentro de la misión civilizadora que se nos ha encomendado. Más adelante, era clarificador, en este sentido, el siguiente párrafo de la carta (6/II/ 1921) que el general Silvestre dirigió al general Berenguer: si nuestros políticos meditasen un poco acerca de este problema, verían lo antieconómico, cruel y funesto que resulta regatearnos un puñado de pesetas que por tal proceder han de gastarse con creces en estancias de hospital, municiones…les acarrea además preocupaciones de orden social derivadas de la evidente aversión de nuestro pueblo a la resolución cruenta de este problema y, por último, retardar más de lo que conviene al prestigio de nuestra Patria en dar cima a esta vital misión.

Sin embargo, el ministro de la guerra, vizconde de Eza, en la memoria que realizó como consecuencia de su visita al Protectorado en el verano de 1920, había encontrado: muy satisfactoria y de perfecta disciplina y organización el estado del Ejército. Desmintiendo al Ministro de la Guerra, Berenguer le informaba por carta el 4 de febrero del año siguiente: esta es la triste realidad, la que todo el mundo palpa, la que no puede pasar inadvertida a quien vea de cerca este Ejército. Es el resultado de varios años de no atenderlo en sus necesidades; no es el resultado de la imprevisión, lo es de la falta de recursos. A continuación, escribía: Sin embargo, hemos actuado como si todo estuviera en condiciones, hemos cerrado los ojos ante las realidades para llevar la misión que se nos ha encomendado. Son palabras que parecen escritas después del “Desastre” y todavía faltaban seis meses para producirse. No cabe duda de que acertó con la clave del problema. Este afán por cumplir la misión, a pesar de no contar con los medios adecuados, es una consecuencia de la formación recibida por los mandos en las academias. Se nos ha advertido con profusión que la falta de medios no puede ser jamás una disculpa para no cumplir la misión. Las autoridades, que tienen la responsabilidad de decidir los objetivos a alcanzar, como ha de hacerse y los medios que deben asignar a las fuerzas puestas a disposición de los mandos, lo han tener en cuenta, si no quieren hacerles fracasar.

Después del “Desastre”, el general Berenguer escribiría: si nuestro Ejército padeció flaquezas, predominaron las virtudes, y si su labor no se estimó completa, culpa no fue suya, sino de quienes lo estorbaron o malbarataron sus resultados. Cuando se lo puso en condiciones hizo todo lo que se le pidió.

Ni mucho menos considero que la situación actual sea tan grave como entonces. Tampoco he pretendido hacer una proyección precisa de las circunstancias de entonces y actuaciones de los protagonistas del “Desastre de Annual” a la situación actual, ni identificar ningún personaje de aquéllos años con los de ahora. Muy lejos de mi ánimo tal cosa. Pero la Historia, aunque difícilmente se repita, es maestra de la vida y conviene reflexionar sobre ella para no cometer los mismos o parecidos errores.

En principio, el aumento de un O,35% sobre el PIB del presupuesto para el Ministerio de Defensa, según ha quedado reflejado en la Sección 14 de los Presupuestos Generales del Estado para este año, es esperanzador. Pero, si tenemos en cuenta que las Fuerzas Armadas han perdido en los 8 años anteriores al 2014 un 32% de su presupuesto, no sé si será suficiente para paliar la situación de penuria de las unidades del Ejército de Tierra, según las noticias que me han llegado. De todas formas, deberá gastar en el 2016 un 14,26 % menos. Después de oír a mis antiguos compañeros de armas me pregunto: ¿Será posible mantener un capacidad operativa aceptable? Porque la situación en el 2015 ha debido ser angustiosa. De la Armada y del Ejército del Aire no puedo opinar, pues no tengo información.

Desde luego, ningún profesional del Ejército de Tierra que se precie se opone a las posibles reformas que reclaman algunos, pero, tanto hoy como ayer, les gustaría que fueran para que funcionen las armas y vehículos; para que las plantillas se completen y se lleven a cabo los programas de instrucción, así como disponer de los medios necesarios que permitan montar las cadenas logísticas y éstas funcionen con efectividad y, sobre todo, para que los combatientes tengan los equipos adecuados. Por último, es imprescindible que una vez recibida la misión, se deje al Ejército llevarla a cabo sin limitaciones o condicionamientos ajenos a la situación que perjudiquen su cumplimiento en los términos establecidos.

Por otra parte, la Alianza Atlántica en el año 2014 señaló como objetivo el que los Estados aumentaran sucesivamente sus gastos de defensa anuales hasta alcanzar el 2% del PIB en el 2024. Es desde luego un propósito ambicioso, pero no fácil para España, teniendo en cuenta que se parte de un 0,89 % del PIB en este año; una de las cifras más bajas de los países de nuestro entorno. Sólo están por debajo Hungría y Luxemburgo.

Nuestra Nación no se distingue precisamente porque sus ciudadanos tengan conciencia de la necesidad de tener debidamente organizada la defensa nacional y de participar en la seguridad internacional de forma similar a la que tienen los ciudadanos de nuestros países aliados. Además, no podremos ocupar un lugar destacado en la escena internacional sin el apoyo y modernización de las Fuerzas Armadas y sería también muy importante consolidar el prestigio alcanzado en las misiones internacionales llevadas a cabo hasta hoy. En un Estado de derecho, que se gobierna sobre la base de los principios democráticos, estos objetivos sólo se podrá lograr si los ciudadanos están interesados y motivados. Para ello, se ha intentar, con urgencia, convencer a nuestros compatriotas de que asuman esta necesidad.

Habrá que realizar, por tanto, todas aquellas actividades que sirvan para mejorar el conocimiento y el aprecio de los españoles hacia sus Fuerzas Armadas y dar todas las explicaciones necesarias para justificar las intervenciones internacionales en beneficio de la paz mundial y, en consecuencia, de la necesidad de aumentar el gasto en Defensa. Me temo que esto sólo se podrá lograr si se llega a un gran pacto de Estado entre los partidos constitucionalistas.
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