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LOS SUICIDAS DE AQUÍ, por Francisco Ansón

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Cada día 10 personas se quitan la vida en España, al punto que es la primera causa de muerte no natural por encima de los accidentes de tráfico.

LOS SUICIDAS DE AQUÍ

Se trata de cifras oficiales alarmantes. En efecto, según los datos facilitados por el INE hace cuatro días, el aumento del número de suicidas en España es preocupante: en 1980 se registraron 1.652 casos; en 1990, 2939; en 2.000, 3393; y en el año 2014, 3910. Por consiguiente, desde hace 35 años el aumento es continuo.

Cada día 10 personas se quitan la vida en España, al punto que es la primera causa de muerte no natural por encima de los accidentes de tráfico. Así, es cierto que en 1.989 hubo 8.218 fallecidos en accidentes de tráfico, pero en 2014 el número de víctimas por esta causa ha descendido a 1.873, frente a los casi 4.000 suicidas.

Los datos del INE, informan que la tasa de suicidios en Castilla y León es prácticamente igual a la media de la tasa de suicidios en el conjunto de la población española. En todo caso, la tasa de España es baja con relación a la de la UE. En España existen 8,4 suicidios por 100.000 personas y en la UE es de 11,6 por 100.000 habitantes.

No obstante, es preciso tener en cuenta que las tasas de suicidio, salvo excepciones, son bastante más elevadas que las oficiales (en España, recientemente, las establecidas judicialmente). Así, algunas de las muertes por atropellos en los que es difícil explicar la imprudencia temeraria de la víctima, enfermos que dejan de tomar los medicamentos o que los ingieren de forma incorrecta, ciertos ahogamientos en el mar o ríos o lagos, o caídas incomprensibles desde sitios elevados, etcétera. Como se sabe, una de las posibles razones, es la de que en España el suicidio es rechazable. Al punto -se trata de un recuerdo personal-, que una esposa que consideró que su marido, no se había caído mientras limpiaba le cristal de uno de los balcones de la casa, sino que se había arrojado al vacío intencionadamente, se negó, incluso a hacerle el funeral.

El suicidio, sin embargo, parece algo connatural con el hombre, en el sentido de que ha existido siempre, en todas las sociedades, si bien con grados de aceptación muy diversos. En las sociedades europeas antiguas, antes del cristianismo, existía bastante tolerancia si se exceptúan las africanas, con su rechazo al suicidio por la cólera que provocaba en los antepasados, pero, incluso, hasta tiempos relativamente recientes, en la japonesa o la china, a veces, casi se exigía esta inmolación. También corresponde a una tendencia general, que el número de hombres que decide poner fin a su vida voluntariamente es muy superior al de las mujeres. En España, de los 3.910 casos registrados en 2014, 2.938 correspondieron a los primeros y 972, a las segundas, esto es, de cada 4 suicidas sólo uno es mujer. Igualmente, los métodos utilizados difieren: las mujeres prefieren los medicamentos y los hombres el ahorcamiento o la caída en el vacío, aunque también utilicen los fármacos o el veneno.

Por tanto, las consideraciones anteriores, obligan a que nuestras autoridades -lo mismo que han conseguido que, a pesar del aumento de la circulación, las víctimas desciendan en pocos años, casi el 23 por ciento-, adopten las medidas preventivas necesarias para que el número de suicidas, también a pesar del aumento, en este caso, de la población, desciendan en un tanto por ciento similar, en lugar de incrementarse en más de un 40 por ciento.
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