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Choque de civilizaciones

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El presidente francés Françoise Hollande lo ha llamado “guerra de civilizaciones”. Quizás sea oportuno recordar que hace catorce años...

El presidente francés Françoise Hollande lo ha llamado “guerra de civilizaciones”. Quizás sea oportuno recordar que hace catorce años, a los pocos minutos del ataque terrorista del 11 de Septiembre de 2001, el presidente estadounidense George W. Bush dijo “Estamos en guerra”, y pocos días después proclamó ante el Congreso: “Esta es una guerra de civilizaciones” (The 9/11 Commission Report, New York, 2004, páginas 39 y 337).

En 1992 Samuel P. Huntington en una conferencia en Washington DC lo calificó más académicamente “choque de civilizaciones” (“clash of civilizations”). Después publicó un célebre artículo con el mismo título (“The Clash of Civilizations”, Foreign Affairs, Summer 1993), que finalmente se extendió en forma de un libro con 367 páginas: The Clash of Civilizations and the remaking of World Order (New York, 1996).

La hipótesis de la conferencia-artículo-libro era en cierto modo una respuesta a la excesivamente optimista de Francis Fukuyama sobre “El Fin de la Historia” (1989), anticipando el colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. Así lo advirtió Huntington en otro artículo previo titulado “No Exit. The Errors of Endism” (National Interest, Fall 1989), polémica a la que me referí en una conferencia celebrada en Melilla en 1991 (M. Pastor, “Finalismo comunista y fin del comunismo”, Aldaba, 20, Melilla, 1992), conferencia en la que junto con otros participantes se evocó el nuevo escenario internacional post-Guerra Fría: fin de la bipolaridad, auge de los nacionalismos separatistas y del islamismo radical.

Los análisis de Huntington aparecieron justamente como ilustración de la guerra desencadenada en los Balcanes y los conflictos étnico-culturales resultantes de la implosión de la antigua Yugoslavia. Otra prognosis que hizo entonces fue la posible división de Ucrania en dos naciones: una occidental, de cultura católica/protestante; y otra oriental, de cultura ortodoxa.

Conocí muy brevemente a Huntington en la Universidad de Harvard en los últimos años de su vida académica (moriría en 2008), donde era profesor de Ciencia Política. Fue en una charla que dio en el campus –creo recordar, en 1999- sobre los profesores liberal-conservadores y neoconservadores en Harvard (él mismo y Harvey Mansfield en Política, David Riesman y Daniel Bell en Sociología, Martin Feldestein y Robert Barro en Economía, etc.).

Poco después fallecería Riesman (en 2003), al que casualmente hice una de las últimas fotos de su vida junto a su hija, en un acto de homenaje por sus 90 años, foto que regalé al organizador del acto, Daniel Bell, quien me aseguró en una carta que la incluiría en su libro de memorias (Bell también desaparecería en 2011).

Menciono a Riesman y a Bell porque ambos desarrollaron un enfoque sociológico de inspiración tocquevilliana/weberiana –frente al marxismo y al funcionalismo- sobre el sistema social que destacaba, en expresión de Bell, “the disjunction of realms” (la radical autonomía de la cultura, la política, y la economía, en sus respectivos ámbitos), sobre el que basará Huntington su tesis del “choque de civilizaciones”.

El concepto, brillantemente desarrollado por el politólogo de Harvard, tenía precedentes en diversos sociólogos e historiadores: Max Weber, Marcel Mauss, Oswald Spengler, Pitirim Sorokin, Arnold Toynbee, Lester Pearson, Christopher Dawson, Ferdinand Braudel, Louis Hartz, etc. Huntington menciona a todos ellos, pero se olvidó de James Burnham, el filósofo político y estratega de la Guerra Fría que, precisamente, fue el primero en la inmediata segunda post-guerra mundial (The Struggle for the World, New York, 1947) en imaginar un futuro conflicto de civilizaciones tras la que él denominó Tercera Guerra Mundial (la Guerra Fría con sus ramificaciones “calientes” en la periferia del sistema bipolar). Guerra Fría que casi en solitario intuyó (junto a sus discípulos William F. Buckley y Ronald Reagan) que Occidente podría vencer con una adecuada estrategia de Confrontación ideológica, no necesariamente militar/nuclear, mediante la propaganda política/cultural, trascendiendo la de Contención (George Kennan) y de la Coexistencia (Walter Lippmann).

Siguiendo el esquema de Burnham, nos encontraríamos ahora en la Cuarta Guerra Mundial (así la han denominado, entre otros, Norman Podhoretz y el desaparecido Irving Kristol), que sería la guerra entre Occidente y el Islam, primera expresión del Choque de Civilizaciones, que la administración Bush prefirió denominar por razones de corrección política “Global War on Terrorism” (Presidential Directive 9, 25 de Octubre de 2001, The 9/11 Commission Report, ant. cit., página 333). Lo que ahora tenemos, como ha escrito Ayaan Hirsi Ali, una valiente mujer que sabe de lo que habla, ya que hizo su personal y dramático viaje a través de un choque de civilizaciones, es “Europe´s Terrorist War at Home” (The Wall Street Journal, Nov. 16, 2015).

La tentación del buenismo, atenazado por la corrección política (con fórmulas estúpidas como la “Alianza de Civilizaciones” de Zapatero-Moratinos, continuada por Rajoy-García Margallo) combinado con supuestos multiculturalistas y multilateralistas han degenerado bajo la presidencia de Obama en una falta de liderazgo (“Leadership from Behind”) causante de la desastrosa Primavera Árabe, culminando en la crisis de Benghazi (11 de Septiembre de 2012) que seguirán lastrando el legado de Mr. Obama y las aspiraciones de Ms. Clinton.

Rudolf Giuliani, que era alcalde de New York aquel fatídico 11 de Septiembre de 2001, ha llegado a afirmar que “ISIS es una creación de Obama”. Fuerte acusación que, no obstante, junto a los problemas de la inmigración ilegal y de los 10.000 refugiados sirios que el presidente sigue empeñado en admitir (incluso después del “setback” de Paris) merecen una reflexión, ya que sin duda van a condicionar el carácter de la presente campaña cara las elecciones generales de 2016.

En el momento de escribir esto (20 de Noviembre), 34 gobernadores ya se han pronunciado en contra de la admisión de los refugiados sirios en sus respectivos Estados. Asimismo ha manifestado sus reservas el nuevo “Speaker” de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, que tiene el poder de negar o bloquear la financiación del plan presidencial. El voto en dicha Cámara el 19 de Noviembre para un mayor control del flujo de refugiados fue de una mayoría 289 vs. 137 (con 47 demócratas al lado de los republicanos contra la voluntad de Obama), más de dos tercios, con lo cual impide el veto del Presidente.

Tras siete años en el cargo más poderoso del mundo, Obama ha sido incapaz de comprender (y ni siquiera nombrar) la idea del Choque de Civilizaciones, y en concreto la naturaleza terrorista del islamismo radical, una nueva forma de totalitarismo (más radical que un autoritarismo “islamofascista” como el Fascismo italiano, muy similar a la naturaleza totalitaria del Nazismo o del Comunismo), inspirado precisamente por “the Totalitarian Islamic belief system”, en las palabras certeras de Ayaan Hirsi Ali (Nomad: From Islam to America: A Personal Journey Through the Clash of Civilizations, Free Press, New York, 2010, página 106).

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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