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Sáhara español: la Marcha Verde cumple 40 años

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Hace 40 años, un 6 de Noviembre de 1975, en plena Guerra Fría y con un mundo bipolar, Marruecos lanzó la Marcha Verde para ocupar el Sáhara español.
Una iniciativa del entonces rey Hassan II, apoyada por Estados Unidos, que afectó directamente a España y puso al desnudo la confusión reinante en Madrid donde agonizaba el dictador Franco y su sucesión, aunque “atada y bien atada”, aún no se había producido.

Militares y civiles, en mayor número los primeros, abandonaban el Sáhara Occidental, la última colonia que poseía España en el continente africano, dejando un vacío que Washington y Moscú trataron de llenar con alguno de sus respectivos aliados.

En aquel contexto caótico y plagado de incertidumbres, el rey de Marruecos Hassan II, con el asesoramiento y la ayuda de la Casa Blanca y la CIA, envió a centenares de miles de marroquíes de todos los rincones del país a invadir de forma pacífica las tierras que el colonizador español se disponía a abandonar.

La operación no salió exactamente como habían previsto sus organizadores y el dúo Argelia/Libia, con el respaldo más o menos explícito de la Unión Soviética, creó, financió y armó a un grupo de jóvenes saharauis bautizado como “Frente Popular por la Liberación de Saquia el Hamra y Rio de Oro”, conocido como Frente Polisario, que desencadenó una guerra de 15 años de duración.

En lugar de una “recuperación pacífica” y una “reunificación de la patria” como esperaba Rabat, comenzó un nuevo conflicto que terminó entrando en la agenda de Naciones Unidas.

Cuatro décadas después de la Marcha Verde, el mundo ha cambiado sustancialmente. Al equilibrio del terror de la Guerra Fría, sucedió un mundo multipolar con potencias mundiales y regionales volcadas en los grandes desequilibrios del planeta: medio ambiente, calentamiento global, recursos hídricos, energías fósiles y renovables, sobrepoblación, emigraciones masivas y guerras étnicas. Y. por encima de todo. un terrorismo planetario que amenaza los fundamentos mismos de la civilización.

Aunque el mundo ha cambiado, la herencia de la Marcha Verde ha dejado, como una fotografía en sepia, imágenes que perduran en la memoria colectiva de España, Marruecos, Argelia, Mauritania y el propio Sáhara Occidental. Y ello se debe a que aún hoy, muchos de sus protagonistas piensan como en los años 70 del siglo pasado.

De todas las situaciones dramáticas heredadas de cualquier conflicto, la más terrible es, sin duda, la que afecta a las poblaciones más desamparadas. El del antiguo Sahara español, no es una excepción.

Las devastadoras inundaciones de días pasados, que han arrasado casas de barro, enseres y los pocos bienes familiares de miles de refugiados saharauis en los campamentos de Tinduf, en Argelia, han llevado al primer plano de la actualidad la necesidad imperiosa, por encima de consideraciones políticas y de querellas ideológicas, de que esas decenas de miles de refugiados deben volver a sus tierras de origen en Laayún (el antiguo Aaiún), Esmara, Bojador o Dajla (la antigua Villa Cisneros).

En 1990 y gracias a la mediación de las Naciones Unidas cesaron los combates armados entre Marruecos y el Frente Polisario, y se abrió una etapa de negociaciones. Hoy, 40 años después de la Marcha Verde, es hora de la tregua final, el momento de un gran pacto entre los contendientes que conduzca a la reunificación del pueblo saharaui.

La oferta de Autonomía que propone Marruecos, es suficiente para iniciar esta nueva etapa. No es una solución definitiva, pero es el camino a la solución. La primera responsabilidad de los actuales gobernantes, tanto de Marruecos como de Argelia que sostiene al Frente Polisario, es cerrar definitivamente la cuestión de los refugiados.

España, como ex potencia colonial, debe hacer todo lo posible para convencer a los protagonistas de que urge la reunificación de las poblaciones saharauis. La ocasión está ahí, sólo hay que cogerla. Después de 40 años de sufrimiento no debe haber ni vencedores ni vencidos.