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La mentira como táctica, coherente a la cobardía moral de la izquierda política española

Concentración republicana a favor de la Ley de Memoria Democrática a las puertas del Congreso hace un año. (Alberto Ortega / Europa Press).
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Concentración republicana a favor de la Ley de Memoria Democrática a las puertas del Congreso hace un año. (Alberto Ortega / Europa Press).

LA CRÍTICA, 14 JULIO 2022

Por Íñigo Castellano Barón
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En las concepciones psiquiátricas, las paranoias, sicopatías y otras manifestaciones del ser humano suelen producirse por trastornos neurológicos, traumas y vivencias intensas, pero también incluso por procesos de ósmosis por los cuales se pueden alcanzar estados obsesivos de manera colectiva y provocar sentimientos hasta entonces nunca experimentados como los de odio, homofobia, xenofobia, o sentimientos de persecución, acoso, etc. Tal fue el caso de la sociedad alemana en los tiempos del nacional socialista Hitler que consiguió que gran parte de la sociedad asumiera sus propios y personales postulados que desencadenaron la Segunda Guerra Mundial. (...)

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Hoy día no estamos libres de esos nuevos procesos desencadenantes de los más bajos instintos que algunos líderes saben aprovechar para consumar sus propias y personales frustraciones y más bajas ambiciones. Los medios de comunicación están siendo usados por esos líderes como vehículo para hipnotizar a la sociedad y hacerla ver que los nuevos paradigmas de la felicidad y de la justicia están primero en revisar el pasado, siempre desde su perspectiva. Perspectiva que les lleva a tener que reconstruir una nueva sociedad sobre la que ellos, «iluminados» por el sentimiento de la progresía, es decir, del desarrollo, del pacifismo y de la justicia democrática deben reparar con nuevas leyes cuanto de malo aconteció en los años de la Segunda República por culpa de una derecha montaraz y egoísta que se alzó en armas contra el bienestar social republicano creado tras unas elecciones municipales –cuyos resultados fueron manipulados– que impusieron las tesis marxistas y comunistas, fuentes de las que bebieron y se enriquecieron, y que para la izquierda política más radical son la base de la convivencia de una nueva sociedad que se pretende. Nada les recuerda que la caída del Muro de Berlín que intentaba retener secuestrados a los ciudadanos que aspiraban a la libertad, ya cayó en noviembre de 1989.

No, su revisionismo de la historia no incluye el reconocimiento del carácter socialista del fascismo encarnado por Mussolini al frente de miles de socialistas con el puño en alto en su famosa marcha contra Roma, así como tampoco el del nacional socialismo que lideró Hitler.

Para los nuevos líderes de la izquierda española, unos por obsesiones paranoicas u otros por no perder sus fructíferos e influyentes puestos de trabajo y poder, prefieren en su cobardía moral, rearmarse con nuevos discursos, tergiversando de manera grosera e incapaz de sostenerse a sí misma la historia que ofrecen, cuya única verdad, es la mentira permanente que publicitan propagandísticamente en sus postulados.

Ante este panorama para intentar soslayar su cobardía moral sale por segunda vez, una nueva ley a la que llaman de Historia Democrática que intenta apuntalar más los preceptos de la ley de Memoria Histórica 52/2007 que Zapatero, adorador de la revolución latino americana, impuso. Se parcela el tiempo de aplicación de la ley para iniciarla en tiempos del segundo Alzamiento llevado por el general Franco en 1936, sin tener en cuenta que previamente, dos años antes, en 1934 el propio gobierno republicano ya se había alzado en Asturias y sometido el proceso independentista catalán con todo tipo de armas y bagajes.

Pero no son esos pequeños incidentes los que interesa a los que hoy, en mi opinión, están deslegitimados para el ejercicio del poder –aunque las urnas los hayan puesto ahí –, sino establecer una nueva Constitución deslegitimando la actual a través de un discurso que invalide esta y justifique la nueva, cargada de ideología que nos remonta al pleistoceno.

Una total ausencia de ideas que sustituyen con ideologías y que discriminan tanto en el tiempo como en las personas– con la adjetivación de «víctimas» según procedan de uno u otro bando– y del tiempo fijado por la ley de Historia Democrática. Al punto que las casi mil víctimas mortales, del tiro en la nuca o la bomba, del terrorismo etarra, hoy blanqueado por las siglas de BILDU, están fuera del espacio cronológico establecido. Los verdugos en total y absoluta connivencia con el actual poder establecido se convierten en legisladores de la verdad moral y oficial que debemos los españoles asumir y acatar.

La decadencia moral y la mentira ha llegado a tal impudicia, que ya no se recatan en establecer las normas más disparatadas y escandalosas para la mayor parte de los ciudadanos españoles y de muchos países europeos. Se han subido al Olimpo de los más inútiles y desde su altura han quedado cegados pues no ven la realidad que las propias encuestas y elecciones vienen reflejando, como tampoco las advertencias de los más altos Tribunales de Justicia y de incluso de antiguos dirigentes del PSOE que claramente se han manifestado contra esta ley.

Hasta qué punto su ambición o paranoia les llevará. Yo pronostico que pronto caerán en un precipicio. Pero lo que más incomprensible se le hace al autor de estas líneas es, cómo otros barones del PSOE del consorcio formado con los anarquistas, anti sistemas, republicanos, separatistas, filoterroristas, pueden asumir en sus conciencias políticas el colaborar y coexistir por unos puestos de poder que afirmo, nunca más volverán a detentar; tan solo llevarán su ignominia que tendrán que camuflar nuevamente con mentiras y discursos vacuos de ideas y rebosantes de su trasnochada ideología, mientras ven a su país, nuestra España, hundirse en la desazón, la pobreza que siempre reparten, el odio que fomentan, la intransigencia y la falta de valores morales de los que carecen y sustituyen por la cultura de la muerte –el aborto, la eutanasia–, el transhumanismo y la ideología de género. Todo un menú de degustación a servir para felicidad de los españoles.

Por último, aun sabiendo muy consciente de lo difícil de ello, todavía hay alguna gente honesta en las bancadas socialistas del Congreso que en un supremo acto de sano patriotismo pudieran sumarse a una moción de censura y acabar una legislatura que por los derroteros que va, pronostica peores destinos.

Íñigo Castellano Barón

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