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Signo de los tiempos: Wokismo

'Black Lives Matter'. - Foto: AP
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'Black Lives Matter'. - Foto: AP

LA CRÍTICA, 3 DICIEMBRE 2021

Por Francisco Ansón Oliart
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La expresión tan extendida y operativa de “políticamente correcto”, está destinada a ser sustituida por una auténtica ideología que desemboca en una política concreta: wokismo. Este término (del inglés woke, “despierto”) que según el prestigioso Oxford English Dictionary, comenzó significando informado, bien informado, actualizado, en el presente hace referencia (...)

... a las personas que están atentas a cualquier discriminación racial o social de desigualdad o injusticia, conscientes de toda iniquidad, objetiva o subjetiva, sobre todo, de minorías discriminadas, por su raza, sexo, cultura, trabajo o profesión, nacionalidad, obesidad, misoginia, esto es, a personas que están al tanto y alerta de las problemáticas sociales de hoy en día, incluso si no están afectadas por ellas. Esta ideología de corte totalitario, que el expresidente Barack Obama, señaló hace unos años que era la fórmula perfecta para el dogmatismo, está abocada a una política identitaria o política de identidad, porque su acción radica en esa identidad étnica, religiosa, cultual, social, sexual, queer (es una identidad sexual que no corresponde ni a la de hombre ni a la de mujer, ni a ninguna otra conocida), y a diferencia del resto de políticas o partidos políticos se unen sólo a colectivos identitarios y nunca a los partidos políticos tradicionales (aunque sean utilizados por ellos). Se inició y propagó, sobre todo durante los años 2013 y2014, en Estados Unidos con la prohibición en medios universitarios de comentar libros o películas, como “La cabaña del Tío Tom” o “Matar a un ruiseñor”, porque herían los sentimientos de la gente de color, por ser racistas.

Uno de los autores que mejor conoce lo wok, el wokismo, y que lo expone con mayor claridad, Javier Gutiérrez Palacio, recuerda a Hannah Arendt, una de las filósofas más influyentes del siglo pasado, cuando afirmaba que el totalitarismo lo que hace es destruir el individuo y esto mismo, señala Javier GutiérezPalacio, es lo propio del movimiento wok (término de origen afroamericano referido en un principio al racismo), porque lo que están haciendo es suprimir su individualidad a las personas, diciéndolas que están definidas por su identidad blanca o negra o por su identidad sexual… “Tu identidad racial, sexual o de género definirá el 100% de tu existencia.” Pero, en el fondo, la “cultura woke” se traduce en una sumisión acrítica ante la corrección política, mediante una culpabilización de los grandes personajes y momentos de la civilización occidental uno de cuyos componentes es el de sus raíces cristianas… Lo que lleva al autor citado a coincidir con Lozano: “Esto lleva a sus ideólogos a querer imponer que una persona blanca no pueda traducir la obra de una poetisa de raza negra o que se fomente la persecución furibunda contra un personaje, que ayudó a miles de nativos americanos, como San Junípero Serra, a quien acusan de ‘racista’ y ‘esclavista”. Es, de hecho, continúa Javier Gutiérrez Palacio, la izquierda quien ha vehiculado esta ideología articulando su difusión de un modo acorde a las tesis de Antonio Gramsci, según el cual el poder en la sociedad reside en la cultura hegemónica, que es aquella que controla el sistema educativo, los medios de comunicación y las empresas. No es una teoría sobre la realidad. Es una ideología, es más, como toda ideología se caracteriza por un ‘desprecio’ por los hechos y la ‘realidad’. Pretende cambiar la sociedad a través de la propaganda, la desinformación y la manipulación, desde unos postulados maniqueístas resentidos y victimistas. (Ballester, Manuel, 2021)… ”(Javier Gutiérrez Palacio, Coordenadas ideológicas 2021, “Lo wok y el wokismo”, Powerpoint, 24/09/2021).

Una acertada síntesis del sentido de wok, lo expresa también Wikipedia al afirmar que ha llegado a “abarcar una conciencia de otras cuestiones de desigualdad social, por ejemplo, en relación con el género y la orientación sexual. Desde finales de la década de 2010, también se ha utilizado como un término general para los movimientos políticos de izquierda y perspectivas que enfatizan la política identitaria de las personas LGBT, de color y las mujeres.” Por consiguiente, los políticos identitarios defienden a minorías, especialmente vulnerables, que sufren desigualdad, opresión o injusticia por constituir esa minoría y quieren mejorar la sociedad, incluso atacando a los que no saben o no actúan.

En la actualidad el movimiento wok se ha radicalizado y desembocado en lo que en Estados Unidos se denomina cancel culture, pero que no es la cancelación de la cultura, sino la cultura de la cancelación y que, entre otros extremos, está reescribiendo la Historia, en la que se valora tanto la diferencia, sobre todo, si es minoritaria, que concluye en que ser diferente es mejor (lo que ocurre es que si las identidades, las minorías se fundan en diferencias, las minorías necesariamente irán reduciendo su tamaño, su número, hasta llegar al individuo, por cuanto cada uno de nosotros es profundamente diferente del resto, aunque comparta con ellos, por ejemplo la raza o el sexo).

El filósofo francés RémiBrague, Premio Ratzinger de Teología en 2012, Profesor de Filosofía Medieval en la Sorbona y especialista en filosofía judía y árabe, analizó este fenómeno en una conferencia pronunciada recientemente en Milán, que comienza diciendo:

“Desde hace algunos meses estamos asistiendo al auge de un fenómeno que se difunde por todos los países occidentales. Se derriban estatuas, calles y edificios pierden sus viejos nombres y reciben otros nuevos… después, el movimiento se ha generalizado, con el objetivo de reescribir la historia del mundo… hacer un uso inadecuado de la historia: por tres razones. Primera, “la complejidad de las figuras históricas se reduce a un aspecto, con olvido de los demás”. Segunda, “y aún peor, sus acciones se juzgan según nuestros criterios, de forma totalmente anacrónica”. Tercera, “se prescinde del contexto histórico que permite comprenderlas.

Un ejemplo de complejidad es el caso de Napoleón, que este año ha sido objeto de debate en Francia con ocasión del bicentenario de su muerte. Él era contrario a la esclavitud, abolida por la Revolución; sin embargo, en 1802 la restableció en las colonias francesas, porque los ingleses seguían manteniéndola en las suyas, y pensó que suprimirla solo habría servido para dar ventaja a la dominación británica. Pero Napoleón la abolió tras su regreso de Elba.

Incluso fray Bartolomé de Las Casas, unánimemente recordado como defensor de los indios americanos, no está exento de reparos. Para que los indios no fueran empleados en las minas o en las plantaciones, propuso que en su lugar se llevaran a América negros africanos, aunque luego se arrepintió de su idea.” (RémiBrague, Aceprensa, 27-10-21). Sin embargo, ya se encuentran entre los “apestados”. Como decía Barack Obama: “Hacer el cambio, no es lanzar juicios contra otros, porque aún la gente que hace cosas buenas a veces comete errores. Si hacemos fiesta de pureza, vamos a tener fiestas muy pequeñas”. Además, para ser justos habría que reescribir también la historia de Oriente, no sólo con relación a la captura y venta de esclavos, por ejemplo durante tres siglos por Mali, sino igualmente por la desigualdad en el trato por razón del sexo, especialmente el trato que se da con carácter general en bastantes países de esa parte del mundo, a las mujeres.

La muerte de George Floyd a manos de un policía blanco ha producido, sabiamente difundida por todo Occidente, que la teoría crítica de la raza, domine la política estadounidense, al extremo que “varias figuras norteamericanas, que comparten el hecho de haberse significado en la lucha contra la llamada cultura de la cancelación de inspiración wok, se han unido para crear la Universidad de Austin (Texas)… Ferguson, uno de los nombres más famosos de la lista, explicaba esta semana en Bloomsberg sus motivos para sumarse a este proyecto: …el principal cáncer del sistema es, a su juicio, la oleada de iliberalismo que ha traído el movimiento wok, y que se manifiesta en la numerosa nómina de conferenciantes cancelados, el clima de autocensura entre los profesores y alumnos disidentes (sobre todo, los de ideas conservadoras), las denuncias constantes por posturas “inadecuadas”, o la eliminación de materiales o cursos considerados ofensivos.” (Fuente Bloomberg, 12 noviembre, 2021).

En efecto, varias voces se han levantado prediciendo que el wokismo no va a tener futuro, sin embargo, el repetidamente citado Javier Gutiérrez Palacio, pone el dedo en la llaga, al llevar a su exposición varias empresas que utilizan los logotipos de estas minorías, consideradas por la ideología wok, como discriminadas injustamente. Más aún, empresas tan importantes como Sony, Google, Nike, Microsoft, se han adherido a este marketing, que si tiene éxito garantiza su difusión y, quizá, aceptación mayoritaria en Occidente.

En resumen, el wokismo, encomiable en sus inicios por su defensa de las minorías tratadas injustamente, ha sido, con pocas excepciones, tergiversado, aparentemente desde el odio, lo que ha impedido y sigue impidiendo, el diálogo, convirtiéndose en una ideología más, aprovechada por partidos políticos de una determinada tendencia y, por tanto, en una manifestación más de los intentos de obligar al ciudadano a pensar, lo que todavía hoy se llama “políticamente correcto” y comportarse y actuar en consecuencia.

Francisco Ansón

Francisco Ansón Oliart

Investigador y escritor; licenciado y doctor en Derecho (Universidad Complutense de Madrid); doctor of Philosophy and Psychology (K-University, California); licenciado en Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid); doctor en Ciencias de la Comunicación (Universidad Camilo José de Cela)