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Hacia las primarias USA-2016

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Por fin se ha celebrado el primer debate para las primarias del partido Demócrata, la pasada noche del 13 de octubre, en Las Vegas, Nevada. Participaron cinco candidatos: tres muñecos decorativos (los ex gobernadores Lincoln Chafee de Rhode Island, Martin O´Malley de Maryland, y Jim Webb de Virginia, éste también ex senador del Estado) y los candidatos reales (Hillary Clinton y el senador Bernie Sanders de Vermont).

El resultado, excepto para los más militantes del partido, ha sido decepcionante. La “victoria” de Hillary Clinton ha sido un bluff, ya que el debate fue una farsa soporífica, incluida la vergonzosa capitulación de Bernie Sanders al negarse a atacar a la ex secretaria de Estado por los escándalos que la vienen lastrando: Benghazi, los servidores privados de e-mails, el caso de su secretaria Huma Abedin, etc. La misma noche del debate una encuesta nacional revelaba que el 58 por ciento de los encuestados opinan que Madame Clinton está mintiendo y no es fiable.

La substancia de la confrontación Clinton-Sanders se quedó en un intercambio de ideas para adolescentes (típico de una asamblea universitaria) acerca del socialismo: el suave “soccer´s mom socialism” o “village´s socialism” de Hillary versus el firme “democratic socialism”, estilo escandinavo, de Bernie. Los principales riesgos estratégicos que señalaron, respectivamente, fueron la proliferación de armas nucleares y el “calentamiento global”… Ambos coincidieron en una mayor intervención del Estado en la salud, la educación, la restricción de las prospecciones petrolíferas, control de armas, y por supuesto en la regulación de los bancos, corporaciones y Wall Street. Podríamos resumirlo con el título de la obra de James Delingpole: “Welcome to Obamaland. I have seen your future and it doesn´t work” (2009). Aunque ya lo habían anticipado los sociólogos y politólogos, desde Werner Sombart – “Why is there no Socialism in United States?” (1906)- hasta Seymour Martin Lipset y Gary Marks: “It Did´t Happen Here. Why Socialism failed in the United States” (2000).

Lo significativo de la candidatura insurgente, populista, de Bernie (versión americana de Podemos, aunque anticipada por Obama con el eslogan “Yes, We Can”), un antiguo hippie, hoy carroza indignado o abuelo cascarrabias, incapaz de esbozar una simple sonrisa (durante el debate supimos un nuevo detalle de su biografía: que en su luna de miel eligió viajar a la antigua Unión Soviética), como decía, lo significativo es que subordinara su ideología y sus principios a los intereses de la Partitocracia, respetando perrunamente a la candidata del Establishment.

Ya veremos si la muy posible imputación judicial de Hillary no provoca el lanzamiento inevitable de la candidatura de Joe Biden. Lo que resulta patente es que el partido Demócrata ha renunciado a los valores que inspiraron la fundación de la democracia americana y su famoso “excepcionalismo” (Tocqueville): la defensa de la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad (excepto en lo concerniente a la pura gratificación hedonista). El popurrí ideológico (con la correspondiente inquisición de la Corrección Política) de estatismo, socialismo, secularismo, feminismo, “genderism”, buenismo, multiculturalismo y multilateralismo, le han convertido ya en un partido típicamente socialdemócrata al estilo europeo, que contrasta con el partido Republicano (GOP), típicamente americano y capitalista, como ha venido observando el eminente politólogo y profesor de Harvard Harvey Mansfield (y, modestamente, también yo lo he hecho). Una curiosa paradoja disfuncional en el sistema bipartidista de los Estados Unidos, que quiebra la cultura política tradicional de una consolidada democracia liberal/conservadora.

El partido Demócrata tiene programados, hasta la Convención en el verano de 2016, cinco debates más. El Republicano ya ha celebrado tres y tiene programados siete más para el mismo periodo.

Hay que tener en cuenta que nos encontramos en la fase pre-primarias, o de “primeras primarias”, consistente en debates de los candidatos dentro de cada partido, competición individual por las donaciones para la campaña, y batalla de las encuestas. Las primarias propiamente no comienzan hasta febrero de 2016, con el “caucus” de Iowa y las elecciones en New Hampshire.

En el campo republicano, contra todos los pronósticos, sigue dominando el “Factor Trump”. La última encuesta nacional, de CBS, el día antes del debate demócrata, daba como resultado en las preferencias de los votantes: Trump, 27 %; Carson, 21 %; Cruz, 9 %; Rubio, 8 %, Bush, 6%; Fiorina, 6 %… Algunos candidatos ya se han retirado (Perry y Walker) y otros probablemente lo van a hacer en las próximas semanas.

Lo interesante es que, a diferencia del partido Demócrata, en el Republicano se impone la tendencia anti-Partitocracia y anti-Corrupción, con los candidatos insurgentes, anti-Establishment, Donald Trump, Ben Carson, Ted Cruz, y Carly Fiorina (sumando un 63 %), mientras Marco Rubio y Jeb Bush, candidatos del Establishment (Rubio, aunque procedía del Tea Party, ha sido cooptado), quedan postergados.

Sigo pensando que el mejor ubicado para la larga carrera hasta la Convención, si la candidatura de Trump se desinflara, es el brillante e inteligente Ted Cruz, senador de Texas, auténtico liberal-conservador, también procedente del Tea Party (favorito de Sarah Palin), “ousider” del Establishment GOP y resistiéndose firmemente a su cooptación. He visto confirmada esta hipótesis mía (expuesta en Kosmos-polis.com, 7 de Agosto, 2015), en recientes análisis de Matt Mackowiak (“Cruz Well-Positioned for the Long Haul” (Townhall-com, October 1, 2015) y del gran experto en encuestas y en el Tea Party Scott Rasmussen, “Cruz, Rubio and Clarity in he GOP Race” (Townhall.com, October 2, 2015).

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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